lunes, 2 de junio de 2008

¿Tortas de novia? (¡Las de antes!)

Cuando era niño y me arrastraban vestido de gala para asistir a una boda sólo había un motivo que me hacía soportar la interminable ceremonia: la torta de bodas. En mis primeros recuerdos están grabadas aquellas escenas en las que luchaba por colarme entre los invitados y conseguir una porción de ese queque de frutas secas cubierto con una suave masa glacé. Nunca faltaba una tía con cara de institutriz alemana que me mandaba a rodar con el cuento de “los adultos primero”. Es ahí cuando adoptaba mi faceta de niño bueno y utilizaba mi infantil poder de convicción para que mi mamá ceda la suya o pida otra porción para su adorable retoño.

¿Esto es una torta de novia?
Por eso cuando en la última boda que fui me entregaron el esperpento de la foto no tuve mejor idea que dedicarle un post. La porción es minúscula y las frutas secas brillan por su ausencia. Además por el sabor y textura que tenía este queque es obvio que su periodo de caducidad ya había pasado. No logré averiguar el nombre del catering ni se cuánto habrán pagado, pero con mis conocimientos básicos de repostería hubiera preparado algo mejor que eso. Pueden ahorrar en fiesta, en champagne, en decoración pero la torta de bodas es sagrada. Al menos en la mía prometo que no jugaré con la ilusión de los niños.

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