domingo, 11 de octubre de 2015

Aïoli (Los buenos recuerdos)

Vista de la fachada
Ahora que lo pienso este post nunca se hubiera escrito si no habría encontrado un trabajo en la zona financiera de San Isidro. Y si discurro un poco más, tal vez nunca hubiera conocido Chicago si no habría adquirido la experiencia profesional que me dejó ese puesto. Mejor dejo de pensar que más no hubiera pasado si, atendiendo el consejo de un amiga, no habría realizado una llamada en el momento preciso. No estaría de más dedicarle este post a ella. 

Tengo gratos recuerdos de la zona financiera de San Isidro. Fue una época en la que trabajé en una empresa trasnacional y donde tuve excelentes oportunidades de desarrollo profesional. En esas épocas también hacía mis pininos con el Facebook del blog y creo que lo manejé lo suficientemente bien para que mantenga un lento pero constante crecimiento. Pero lo mejor de todo fue encontrar un restaurante al que iba diariamente a olvidarme de las preocupaciones laborales y a practicar lo que más me gusta: el vicio de comer.

Causa limeña
Los lectores antiguos de este blog recordarán que solía escribir fruiciosamente de Aïoli. A los nuevos lectores  les contaré que este restaurante era un oasis en el desierto para mí. En su carta pueden encontrarse platos tradicionales como un saltado o un cebiche, pastas y carnes así como los clásicos del restaurantes: pollo BBQ y lomo en salsa de champiñones. Y para los que desean algo saludable también cuenta con nueve tipos de ensaladas. 

Entenderán el por qué de mi alegría cuando hace algunas semanas Andrés Cardozo, el chef de Aioli, me contó que había culminado con la remodelación del local y que sería genial si pudiera darme una vuelta para degustar los nuevo platos de la carta. Llego temprano y me reciben con la cordialidad de siempre. El local está lleno de nuevos detalles que lo hacen más acogedor y se saca el máximo provecho a la disposición del espacio.

Arroz meloso
Comienza mi visita con una causa limeña: un relleno generoso coronado con trozos de pescado crocante y zarza criolla. La reducción de balsámico no es solo decoración, le da un toque especial a esta conocida entrada. Me alegra encontrar un plato que se aleja de la popular "versión vegana" que abunda en estos lares donde se limitan a mezclar mayonesa y verduras para coronar una deslucida bolita de papa procesada. Pero como en Aïoli están más que atentos a mis preferencias sacan un as bajo la manga: una porción de champiñones al ajillo. ¿Existe una mejor forma de comenzar un almuerzo? Siendo un fan de los hongos me alegra encontrar unos champiñones salteados de mezclar crema y vino. Hay un secreto en la salsa en pero este no es el lugar adecuado para hablar de ello. Es más, solicito pan adicional para no desperdiciar ni una sola gota.

Cordon Bleu
Para los fondos ordeno un arroz meloso, plato español que se cocina en un fondo de carne y vino. El truco es usar la cantidad precisa de caldo para que al cocinarse termine con la textura precisa. Acompañado de trozos de carnes, tomates, champiñones y zucchini es un plato contundente que yo reservaría para aquellos viernes en los que no hay mucho trabajo. Debo elogiar que alguien se tome el trabajo de salir de los risottos mal preparados que tercamente algunos restauradores siguen empotrando en sus cartas. 

El segundo plato fue el cordon blue de pollo, clásica pechuga rellena con jamón y queso bañada en una salsa de champiñones. Probablemente hayan personas que se resientan al uso de pechuga de pollo pero tengan en cuenta la salsa en la que sirve el corte. Además vienen con el mejor acompañamiento: las papas fritas más sabrosas y crocantes de la zona. Al menos recuerdo que eso decía mi practicante y no me atrevería a contradecirla, ella que tiene un expertise más amplio que el mío en cuestión de frituras. Como anécdota les diré que es uno de los platos en la historia del blog que nunca he logrado terminar solo.

Crocante de manzana
No hay almuerzo completo sin postre y por eso me alegra encontrar todavía la pizarra con los postres caseros del día. Me voy a la segura ordenando el crocante de manzana, porque Aïoli es el único lugar donde el crumble está procesado adecuadamente y no siento los gránulos de azúcar. Como siempre hago una travesura y separo una porción de la manzana para comerla aparte con el helado. Algunos lectores se molestarán conmigo y dirán: blogger ¿y los puntos de vainilla? Vamos, el cliente promedio de la zona no está para esas gollerías sino para que le sirvan rápido y logre regresar a su cubil. De todos modos en caja pueden adquirir los postres de la Bodeguita Belga, así que si tienen antojo de chocolate...

Siendo cliente habitual de Aïoli y conociendo a la pareja de restauradores que lo maneja es difícil que logren fallar en mi presencia. Viendo el salón lleno intuyo que, después de tantos años, siguen haciendo un buen trabajo. Labor admirable en una zona tan agreste donde la competencia es feroz y un dígito en los precios de carta puede significar la ruina o el éxito. Aún así, me alegra encontrar un local remodelado y una carta renovada con variedad de opciones, adecuada para los ejecutivos de la zona que no desean sucumbir ante la invasión de franquicias ni resignarse a las propuestas de mínimo costo y dudosa calidad. A mí también me ha tocado estar en esa disyuntiva pero la solución vino en forma de un concesionario al que tenía harto con mis quejas. Pero esa ya es otra historia.

Aïoli queda en Arias Schreiber 253, San Isidro.
Horario: Lunes a viernes de 12.00 a 16.00
Ticket promedio: S/.35.00. Tienen un menú del día a S/.18.90
Teléfono: 222-5114
Estacionamiento: No.
Volvería: En mis próximas vacaciones. ¿Qué le voy a hacer? El horario de marras que tengo no me deja margen de acción.

1 comentario:

Gabriela dijo...

Después de leer tu reseña, imagino que con esos precios en esa ubicación, el lugar debe parar lleno.