lunes, 26 de octubre de 2015

Hosso (De vuelta a Barranco)

Fachada del restaurante
Barranco. El distrito favorito de hipsters, bohemios y turistas mochileros pero una zona ignota para el blogger. ¿Qué le vamos a hacer? Sé que de un tiempo ha evolucionado como un nuevo polo gastronómico de la capital trayendo propuestas novedosas, una más especializada que la otra, pero las pocas ganas de enfrentarme al tránsito y a la falta de estacionamiento siempre han sido las mejores justificaciones para no darme una vuelta por esos lares. Sin embargo en las últimas semanas la curiosidad pudo más que la reticencia y he estado rondando la zona con halagüeños resultados. Mejor aún, cuando en mi correo encuentro la invitación de una agencia de medios para conocer una nueva propuesta de comida nikkei. ¿Makis en Barranco? Por fin alguien se anima a salir del esquema veggie/fast-food/restobar. ¡Por fin!

Hosso roll y Koricancha maki
Hosso Sushi & Ceviches Bar aparece como única propuesta nikkei en los alrededores de la plaza de armas (y más allá incluso) de Barranco. Recién hace un par de semanas que abrieron sus puertas y están en plena marcha blanca con una carta básica y precios de introducción. Apenas llego me presentan a Patty y Herbert, restauradores con amplia experiencia, quienes me cuentan como se desarrolló el proyecto y las dificultades que debieron enfrentar. No me sorprende, a veces las municipalidades son los peores enemigos de los proyectos gastronómicos. Conforme a la zona han desarrollado una propuesta nikkei sencilla y libre, apta para todo público.  Yo me pongo en sus manos y prefieren empezar la jornada con dos makis de la casa: Hosso (Ebi furai, palta y salsa tiger) y Koricancha (trucha ahumada, queso crema y palta con quinua crocante). Nada nuevo bajo el sol pero sí una alternativa para escapar del omnipresente acevichado, sobre todo en el segundo caso donde la quinua, recurso manido pero efectivo, le da un inesperado toque crocante.

Ceviche apaltado
Nunca me he preguntado quién inventó la regla de no comer ceviche de noche pero yo estoy con ánimos de ir contra la corriente. Me traen un ceviche apaltado de ojo de uva. ¿Palta? Sí, ¿por qué no? El eterno catalizador de los makis juega en pared con una leche de tigre equilibrada en picante y acidez. Obvio, pido una cuchara aparte para no desperdiciar ni una gota de ese elixir marino donde se han marinado los cortes del pescado más fresco. La causa con pulpa de cangrejo sigue la misma lógica. Trabajada con una sazón intensa se complementa adecuadamente con la masa de papa y palta en tajadas. A diferencia de otras causas donde el protagonista es el exceso de mayonesa aquí han conseguido armonizar todos los ingredientes.  

Maduritos a la geisha
Es momento de darle la oportunidad a las entradas calientes. Primero con un piqueo que ya había despertado mi curiosidad cuando ojeé en la carta: los maduritos a la geisha. ¿No será mucho atrevimiento usar ingredientes amazónicos en un restaurante nikkei? Sin embargo aún llevo en mi gusto el recuerdo de ámaZ y por eso disfruto cada bocado de estos platanitos cubiertos de queso andino y cecina. Continuamos con el yakitori, clásica brocheta de pollo en salsa teriyaki que no trae sorpresas más si el alivio de encontrar trozos de pollos jugosos por dentro y cubiertos de una salsa que no tiene nada que ver con esas salsas empalagosas que abundan en los restaurantes peruanos. Claro, salvan que se den una vuelta por Yakitori de la avenida Aviación pero eso es otra historia. 

Yakimeshi de la selva y vegetariano
La experiencia iba tomando forma y mejor aún cuando llegan dos platos que deben ser el must de todos los peruanos. Vamos, ¿quién no se resiste a pedir un arroz frito en un restaurante oriental? Anticipando mi típico reclamo (parece que han leído mis reseñas en busca del yakimeshi ideal) me advierten que han adaptado este plato al gusto del comensal promedio descartando la textura melosa en pos de un arroz frito más graneado. Pruebo el yakismeshi de la selva me doy cuenta que he vivido engañado durante años probando falsos chaufas amazónicos, arroces teñidos de sillao donde con suerte podía encontrarse algún trocito perdido de cecina. Por eso me alegra encontrar este arroz ligero donde el protagonismo no se lo lleva la cantidad de proteína sino el ahumado del wok. Sí a eso le agregamos los trocitos de maduro tenemos un modelo a seguir para cualquier restaurante de la selva. El chaufa vegetariano tampoco se queda atrás, se lleva las palmas desde que veo los tremendos trozos de shiitake. Sí, soy fanático de los hongos y aquí me tienen en sus manos pero el twist se lo da la inclusión de granos de choclo. Me acuerdo que alguien lanzó un plato parecido en Mistura pero como fui ahora puedo sacarme el clavo y ver que sí funciona. La curiosidad me devora ¿Qué otras variedades incluirán en su carta definitiva?

Quinua zen
Todavía faltan dos platos más y debo recurrir a mis fuierzas de flaqueza para no rendirme ante tremendo festín. Me sirven un samuraI: pasta en salsa huancaína. Es un plato ya harto conocido en Lima pero con una ligera variación: el uso de fideos soba y langostinos salteados en sake. La crema huancaína tiene la textura perfecta para incorporarse a la pasta y el punto de sazon correcto para acoger el gusto salteado de los langostinos. Sigo con una quinua zen: yakimeshi de quinua acompañado de salmón sellado. Convertir la quinua en una especie de chaufa es un tiro de largo alcance y considero que el salmón exige algo fresco. Si bien se alejaría del concepto fusión me pregunto como funcionaría este plato si la quinua se presentara como una chalaquita. Digo no más. El último esfuerzo se lo dedico al postre: helado de té verde, coulis de frutos del bosque y tempura de plátano. Suficiente para redondear la experiencia y se los dejo de tarea a ustedes. Sobre todo si son aficionados al matcha. 

Me retiro de Hosso satisfecho por todo lo que probé. No es mi costumbre visitar restaurantes nuevos porque me gusta esperar a que las propuestas maduren con el tiempo y así encuentren el camino correcto de acuerdo a la respuesta del público. Sin embargo en este caso valió la pena salir de mis parámetros y descubrir una nueva opción de makis en el que se combinan buena calidad de insumos, creatividad en la carta y un ambiente relajado. Ahora tengo una nueva razón para volver por Barranco. No más que abran oficialmente sus puertas. 

Hosso queda en Malecón Castilla 111, Barranco.
Horario: Lunes a domingo de 12:00 a 16:00 y de 19:00 a 23:00
Teléfono:496-5838 
Estacionamiento: Hay una playa al costado.
Volvería: Sí, cuando lancen la carta completa.

martes, 20 de octubre de 2015

ámaZ (De la selva su cocina)

Abruto tostón
El año pasado me planteé la ambiciosa meta de visitar los restaurantes que conformaban el top 20 de la lista Summum. Pequeño detalle, estamos ya muy próximos a la nueva edición del ránking de marras y por cuestiones de agenda o presupuesto aún no logro culminar mi objetivo. Que mal, blogger.

Hace algunos meses durante una premiación tuve la oportunidad de conversar brevemente con Pedro Miguel Schiaffino. Luego de posar para la infaltable foto de recuerdo le pregunté que plato debía ordenar de todas maneras cuando visitara su restaurante. Efusivo como él solo exclamó: "¡El pacamoto! ¡Prueba el pacamoto!"  Estaba claro que ámaZ debía ser mi siguiente destino, un restaurante que, de acuerdo a su web, "nace con el fin de llevar al mundo la gastronomía, cultura e insumos de la región amazónica con un enfoque contemporáneo que busca difundir y preservar nuestra despensa" ¡Que tal reto!

Pato casharo
Como ya es costumbre llego temprano para encontrar mesa sin problemas. No es un día muy concurrido y luego de un rápido vistazo a la carta concluyo que la propuesta de ámaZ está muy lejos del sempiterno tacacho con cecina, opción favorita del comensal peruano. Más por el nombre que por la descripción elijo como entrada un abruto tostón. Según la carta es un saltado de cerdo con sachatomate, miel y ajíes regionales. A primera vista el cerdo brilla por su ausencia y luego del primer bocado asumo que estoy comiendo un plato vegetariano. Vamos, no tiene nada de malo pero cuando en la carta dice "cerdo mechado" no espero que se haya volatilizado mientras pasaba de la cocina a la mesa. El sabor dulzón me hace evocar los saltados que antes comía en los chifas de Capón antes que a un restaurante de marca. Paso.

Patarashca de dorado
Para los fondos elijo el abruto tu paiche, plato que no cumple mis expectativas en absoluto. El mozo nota mi fastidio y luego de escuchar mis comentarios accede cortésmente a que lo cambie por cualquier otra opción de la carta. Le doy una oportunidad al pato casharo, un guiso de pato con achiote, yogurt, curd de limones y chocolate amargo. El ácido del curd es tan intenso que predomina sobre los otros sabores. El problema es la textura del pato, que sea tan dura es una leyenda urbana, simplemente no han sido muy prolijos al momento de procesarla. A la tercera va la vencida y la patarashca de dorado cumple un mejor papel. En esta preparación el pescado se envuelve en hojas y se cocina directamente sobre las brasas. Aparte de saludable el pescado llega con todo su sabor intacto. ¿Cómo será probar este plato en la selva? Punto aparte, el postre contribuyó a salvar la jornada pero hablaré de eso al final de la reseña. Luego entenderán por qué.

Bandeja shuntá
Si bien los resultados de la primera visita no fueron  del todo satisfactorios la curiosidad por investigar el resto de la carta exigía regresar. Obvio, no estaba con ánimo de experimentos y me incliné por opciones más clásicas. Empiezo con la bandeja shuntá, un contundente piqueo con patacones, dos variedades de chorizos y colita de cerdo confitada. La calabresa es una salchicha ligera, parecida a un cervelat, que se complementa adecuadamente con el aliño acevichado. El chorizo cocido en su jugo puede empalagar rápido por el exceso de condimentos pero es una característica inherente de este fiambre. No termina de convencerme el rabito confitado, más por un gusto personal que por un defecto del plato. Los patacones complementan un piqueo generoso, adecuado para compartir.

Costillas ahumadas
Sigo con el cerdo como protagonista del almuerzo y elijo las costillas ahumadas en salsa de panela y maní.  Es un plato que se hubiera llevado las palmas del año, las costillas son trabajadas a la brasa y luego ahumadas al punto de cecina. Sin embargo el delicioso ahumado no sirve de nada si la cocción no es pareja y mientras algunos cortes están jugosos otros me obligan a pedir un cuchillo de sierra para terminar de consumirlos. Felizmente está la salsa de panela para contrarrestar esa sequedad y la mini ensalada de zucchini para aportar un toque de frescura.

Arroz al palillo con castañas
En cuanto a los acompañamientos visto que todos los platos son recargados de condimentos o abundantes en proteína hay que buscar un catalizador. Vale la pena hacer una digresión, es como ir a un chifa y pedir "chaufa especial con todas las carnes". La consecuencia es que uno se llene rápido (peor si le agregamos el infaltable litro de gaseosa helada) y termine dejando comida para llevar. Tengo esa lección bien aprendida y ordeno una media porción de arroz al palillo con castañas. El sabor del palillo, a diferencia de otra versiones, no explota en boca y el uso de las castañas le da un toque crocante. Siguiendo la misma lógica también pido una porción de maduros asados. Queda de tarea para la vez siguiente una ensalada de chonta sostenible con vinagreta de toronja regional. Y antes que me olvide, si les gusta el picante en la mesa hay un frasquito conteniendo un infernal encurtido con varios tipos de ajíes amazónicos. Bastó probar una rodaja minúscula para sentir que mis ojos destilaban y yo comenzaba a toser por el tremendo picor. No importa, es delicioso pero lo recomiendo sólo a los más valientes.

Theobromas. Un minuto de silencio.
En la parte dulce de la carta el Theobromas entra de inmediato al ránking de los mejores postres que he comido en lo que va del año. No es fácil desarrollar recetas con cacao de alto porcentaje porque sí no están acostumbrados al sabor tan intenso puede resultar empalagoso luego de dos cucharadas. Sin embargo les tengo una pésima noticia: ya no está más en la carta y no ganaría nada explayándome sobre sus cualidades. Una rápida mirada a las nuevas opciones de postres despiertan las mismas dudas que surgieron cuando visité Malabar ¿Justificarían el precio de la carta? Estoy satisfecho con todo lo que he probado y, como nunca, dejo que este almuerzo termine sin algo dulce. Increíble.

La experiencia en ámaZ no deja de revestir cierto interés. La variedad de platos en la carta (y que son completamente nuevos para mí) me obligan a realizar un par de visitas más. Lo mejor de todo es que se puede ordenar medias porciones y armar un menú degustación de acuerdo al presupuesto o al gusto de cada uno. Ojo que también hay opciones de "banquete" para varias personas a precios módicos. El servicio es correcto y los mozos están preparados para absolver consultas de los clientes y hacer recomendaciones acertadas. Un comentario final, en la sección de bebidas no se dejen engatusar con el cuento de los "tragos vírgenes". Es sólo un eufemismo, mero pretexto para servir un jugo de frutas común y corriente a un costo escandaloso. Otro tema es si escogen el sitio para hacer un after-office pero ustedes ya saben que la mixología y yo no nos llevamos muy bien. Prefiero dejárselos de tarea y luego me cuentan.

ámaZ queda en La Paz 1079, Miraflores.
Horario: Lunes a sábado de 12.30 a 23.30. Domingos de 12.30 a 16.30
Teléfono: 221-9393
Ticket promedio: S/.80.00 por persona.
Estacionamiento: Pequeño y vigilado. También hay valet parking por S/.3.00
Volvería: Definitivamente. 

domingo, 11 de octubre de 2015

Aïoli (Los buenos recuerdos)

Vista de la fachada
Ahora que lo pienso este post nunca se hubiera escrito si no habría encontrado un trabajo en la zona financiera de San Isidro. Y si discurro un poco más, tal vez nunca hubiera conocido Chicago si no habría adquirido la experiencia profesional que me dejó ese puesto. Mejor dejo de pensar que más no hubiera pasado si, atendiendo el consejo de un amiga, no habría realizado una llamada en el momento preciso. No estaría de más dedicarle este post a ella. 

Tengo gratos recuerdos de la zona financiera de San Isidro. Fue una época en la que trabajé en una empresa trasnacional y donde tuve excelentes oportunidades de desarrollo profesional. En esas épocas también hacía mis pininos con el Facebook del blog y creo que lo manejé lo suficientemente bien para que mantenga un lento pero constante crecimiento. Pero lo mejor de todo fue encontrar un restaurante al que iba diariamente a olvidarme de las preocupaciones laborales y a practicar lo que más me gusta: el vicio de comer.

Causa limeña
Los lectores antiguos de este blog recordarán que solía escribir fruiciosamente de Aïoli. A los nuevos lectores  les contaré que este restaurante era un oasis en el desierto para mí. En su carta pueden encontrarse platos tradicionales como un saltado o un cebiche, pastas y carnes así como los clásicos del restaurantes: pollo BBQ y lomo en salsa de champiñones. Y para los que desean algo saludable también cuenta con nueve tipos de ensaladas. 

Entenderán el por qué de mi alegría cuando hace algunas semanas Andrés Cardozo, el chef de Aioli, me contó que había culminado con la remodelación del local y que sería genial si pudiera darme una vuelta para degustar los nuevo platos de la carta. Llego temprano y me reciben con la cordialidad de siempre. El local está lleno de nuevos detalles que lo hacen más acogedor y se saca el máximo provecho a la disposición del espacio.

Arroz meloso
Comienza mi visita con una causa limeña: un relleno generoso coronado con trozos de pescado crocante y zarza criolla. La reducción de balsámico no es solo decoración, le da un toque especial a esta conocida entrada. Me alegra encontrar un plato que se aleja de la popular "versión vegana" que abunda en estos lares donde se limitan a mezclar mayonesa y verduras para coronar una deslucida bolita de papa procesada. Pero como en Aïoli están más que atentos a mis preferencias sacan un as bajo la manga: una porción de champiñones al ajillo. ¿Existe una mejor forma de comenzar un almuerzo? Siendo un fan de los hongos me alegra encontrar unos champiñones salteados de mezclar crema y vino. Hay un secreto en la salsa en pero este no es el lugar adecuado para hablar de ello. Es más, solicito pan adicional para no desperdiciar ni una sola gota.

Cordon Bleu
Para los fondos ordeno un arroz meloso, plato español que se cocina en un fondo de carne y vino. El truco es usar la cantidad precisa de caldo para que al cocinarse termine con la textura precisa. Acompañado de trozos de carnes, tomates, champiñones y zucchini es un plato contundente que yo reservaría para aquellos viernes en los que no hay mucho trabajo. Debo elogiar que alguien se tome el trabajo de salir de los risottos mal preparados que tercamente algunos restauradores siguen empotrando en sus cartas. 

El segundo plato fue el cordon blue de pollo, clásica pechuga rellena con jamón y queso bañada en una salsa de champiñones. Probablemente hayan personas que se resientan al uso de pechuga de pollo pero tengan en cuenta la salsa en la que sirve el corte. Además vienen con el mejor acompañamiento: las papas fritas más sabrosas y crocantes de la zona. Al menos recuerdo que eso decía mi practicante y no me atrevería a contradecirla, ella que tiene un expertise más amplio que el mío en cuestión de frituras. Como anécdota les diré que es uno de los platos en la historia del blog que nunca he logrado terminar solo.

Crocante de manzana
No hay almuerzo completo sin postre y por eso me alegra encontrar todavía la pizarra con los postres caseros del día. Me voy a la segura ordenando el crocante de manzana, porque Aïoli es el único lugar donde el crumble está procesado adecuadamente y no siento los gránulos de azúcar. Como siempre hago una travesura y separo una porción de la manzana para comerla aparte con el helado. Algunos lectores se molestarán conmigo y dirán: blogger ¿y los puntos de vainilla? Vamos, el cliente promedio de la zona no está para esas gollerías sino para que le sirvan rápido y logre regresar a su cubil. De todos modos en caja pueden adquirir los postres de la Bodeguita Belga, así que si tienen antojo de chocolate...

Siendo cliente habitual de Aïoli y conociendo a la pareja de restauradores que lo maneja es difícil que logren fallar en mi presencia. Viendo el salón lleno intuyo que, después de tantos años, siguen haciendo un buen trabajo. Labor admirable en una zona tan agreste donde la competencia es feroz y un dígito en los precios de carta puede significar la ruina o el éxito. Aún así, me alegra encontrar un local remodelado y una carta renovada con variedad de opciones, adecuada para los ejecutivos de la zona que no desean sucumbir ante la invasión de franquicias ni resignarse a las propuestas de mínimo costo y dudosa calidad. A mí también me ha tocado estar en esa disyuntiva pero la solución vino en forma de un concesionario al que tenía harto con mis quejas. Pero esa ya es otra historia.

Aïoli queda en Arias Schreiber 253, San Isidro.
Horario: Lunes a viernes de 12.00 a 16.00
Ticket promedio: S/.35.00. Tienen un menú del día a S/.18.90
Teléfono: 222-5114
Estacionamiento: No.
Volvería: En mis próximas vacaciones. ¿Qué le voy a hacer? El horario de marras que tengo no me deja margen de acción.

domingo, 4 de octubre de 2015

Delifrance (La felicidad en la otra esquina)

En mis primeros años de blogger, cuando era joven e impresionable, no era adepto a visitar tiendas de delicatessen. Sería por el tema de los precios elevados o por desconocimiento,  pero recien ahora me doy cuenta de todo lo que me estuve perdiendo.

Estación de panes artesanales.
La primera vez que visité Delifrance estuve parado durante un minuto en la entrada. El olor a pan recién horneado era indescriptible, muy parecido a lo que experimentaba de niño cuando me mandaban cada tarde a la panadería. Pero cuando observé a mi alrededor la situación se complicó. Vitrinas con fiambres, quesos, postres y productos de los que nunca había escuchado hablar. Vamos, si el nombre del local lo decía todo: "Deli", abreviación de delicatessen, tal cual se conoce a toda aquella tienda que ofrece alimentos exclusivos por sus características especiales. Resuelta la primera cuestión el problema era ¿por dónde comenzar? Felizmente (y he ahí la clave) el dependiente viendo mi expresión de perplejidad me ofreció probar el paté de la casa. Cortó sendos trozos de baguette y untó cada uno con diferentes variedades de paté. Santo remedio. Estaba claro que había iniciado un camino sin retorno.

Estoy sentado frente a Charles Sacuto. Su presencia es imponente pero, como buen restaurador, tiene un semblante muy cálido. Francés de nacimiento habla claramente el español utilizando con seguridad algunas expresiones muy criollas. "Mi padre fue restaurador en Francia y yo seguí sus pasos administrando restaurantes en otros países de Europa. Hace 20 años me establecí en el Perú y abrí una tienda de productos gourmet en la zona de Los Alamos" Pequeño detalle, estamos hablando de un período muy anterior a que se produzca el famoso "boom" gastronómico. Un mercado incipiente y un público ansioso de conocer una propuesta nunca antes vista no fueron obstáculo para que él siguiera adelante su proyecto.

Vitrina de piqueos
"Hemos querido hacer al principio charcuterie (producción de embutidos y fiambres de cerdo). Como nos fue bien trajimos un panadero francés para capacitar al personal y desarrollar esa línea" A medida que fueron creciendo lanzaron otros productos y comenzaron a importar.  "Uno se da cuenta lo que busca la gente y si coincide con lo que a uno le gusta hacer entonces estamos en el camino indicado". Teniendo en cuenta lo renuente que es el peruano para abandonar su zona de comodidad la formación del cliente debe haber sido una labor constante. Y quizá a Charle Sacuto le debemos tener un público más conocedor y exigente. Sino pregúntense por qué ahora en todos lados se ve croissant y baguette artesanales. Claro, nunca falta el advenedizo que afirmará hacer el "verdadero" pero esa es otra cuestión. Mayor es el mérito si tomamos en cuenta que en Francia las tiendas son más especializadas y ninguna asume el reto de dedicarse a ofrecer una propuesta tan variada.

Una de las fortalezas de Delifrance está en su materia prima. La mayor parte viene de sus chacras en Oxapampa donde pollos, corderos y cerdos pastan a su antojo en plena naturaleza. Se imaginan el sabor que debe tener un pollo que transita libre en el pasto y se alimenta de maíz. Y ni pensar en el uso de hormonas o antibióticos. Prueben la mortadella con pistacho y verán la gran diferencia que existe con las de supermercado. Armen un sándwich mixto con baguette, mostaza dijon, queso gruyère y el jamón natural de la casa. Sus desayunos nunca volverán a ser los mismos.

Vitrina de salchichas y chorizos
Lo mejor es que no se han conformado con vender productos propios también ofrecen gran variedades de productos nacionales e importados para todos los amantes del buen comer. En la parte de piqueos tienen aceite de oliva (natural y saborizado), vinagre balsámico y salsas picantes. En la parte de chorizos mostazas francesas y alemanas de excelente calidad. ¿Algo más? Aún me falta investigar su vitrina con más de cuarenta tipos de quesos franceses importados (los clásicos brie, rochefort y epoisses) además de quesos nacionales de alta calidad.  Pero eso no es todo, aún tienen una carta bajo la manga. En fechas especiales tienen una carta de platos exclusivos para llevar que deben ordenarse con anticipación. No es raro que a los pocos días de estar disponibles tengan el rótulo "agotado"

La curiosidad me gana y no quiero irme sin saber cuáles son los restaurantes que visita en sus momentos libres. "Me encantan los restaurantes con vista al aire libre, a la naturaleza" Su respuesta me deja perplejo. Es cierto, no existen muchos restaurantes con esa disposición. Ojo, no hablo de esos restaurantes que invaden las calles con sus mesas ni los campestres que hay en Pachacámac.Y sí, ya me dio curiosidad por vivir esa experiencia.

Mermeladas caseras
Pero nada de esto valdría la pena si no fuera por la calidad del servicio. Para ilustrarlo les contaré lo que me sucedió en el local de Miraflores. Había hecho mi pedido pero me quedé mirando fijamente una variedad de fiambre. El dependiente notó mi interés y con arte de prestidigitador de inmediato armó un mini sándwich y me la ofreció en la consabida tablita que usan para sus degustaciones. Cuando terminé de comerlo me preguntó: "Señor, usted es crítico gastronómico?" Como no suelo hablar de eso en público le di una respuesta ambigua para salir del paso. Pero el dependiente quería tener la última palabra y agregó: "Es usted la segunda persona que entra a esta tienda y que para degustar un producto cierra los ojos" Está claro que saben cómo engreír a sus clientes.

Vitrina de postres
Cuando le pregunto a Charles Sacuto respecto al servicio la respuesta es directa "Tengo 20 años haciendo esto. Yo mismo empecé atendiendo al público y el personal que ves aquí ha sido adecuadamente entrenado. Los más experimentados son los encargados de administrar cada tienda" Soy testigo de eso, siempre he notado que está atento a lo que hace el equipo sin descuidar el semblante amable y cortés para cada uno de sus clientes. Y aquí hago hincapié, todos los clientes son importantes para él, no sólo los habituales. ¿Ya ven señores restauradores? No es cuestión sólo de saludar a conocidos y periodistas para que hablen bien de uno. A ver si lo toman en cuenta. 

Delifrance es una tienda ideal para los que disfrutan del buen comer (y del buen beber) y también para aquellos que disfrutan cocinar con los mejores insumos. Sea para desayunar tienen pan y fiambres, sea para almorzar tienen platos que pueden ordenarse con anticipación, sea para la noche vinos, quesos y piqueos. A ustedes les recomendaría ir con paciencia, probar y evaluar detenidamente cada producto de acuerdo a su gusto y recorrer lentamente el camino hacia la felicidad. Si tienen suerte encontrarán al mismo Charles Sacuto atendiendo en la caja con una cortesía que sólo tienen los restauradores que han encontrado su verdadera pasión. Y donde el cliente, hace ya muchos años, es su razón de ser.

Delifrance queda en Av. La Encalada 980, Surco.
Tiene otros locales en Grau 693, Barranco y Comandante Espinar 635, Miraflores.
Horario: Martes a sábado: 9:00 a.m a 8:00 p.m. Domingos 9:00 a.m a 2:00 p.m
Ticket promedio: Depende lo que lleven.
Volvería: Todos los sábados en la mañana. 
Para mayor información visiten www.delifrancelima.com