sábado, 31 de julio de 2010

Cañón del Collca II (Paz en el cielo)

Al llegar a Chivay lo primero que sentirán luego de tan largo viaje es un hambre y una sed voraz. Y aquí viene uno de mis consejos más importantes: no se dejen engañar por la agencia operadora, ustedes son libres de escoger el restaurante de su gusto. Es sorprendente que a pesar de la gran afluencia de turistas hacia Chivay sólo exista un restaurante buffet medianamente recomendable: Urin Saya. Cuando el hambre aprieta las gollerías quedan de lado. Y sobre todo no le hagan caso al operador porque él los llevará al lugar que le haya dado una mejor comisión. Los que trabajar en el sector turismo saben que así funciona.

Urin Saya es un restaurante ideal para turistas aventureros pero decepcionante para turistas gastronómicos. Ignoro que dificultades habrá para conseguir insumos nativos pero la mayoría de los platos parecen comida rápida. Entre lo que pueden encontrar hay verduras cocidas, sopas, pollo frito, papas fritas y uno que otro plato típico que es devorado al momento por los turistas curiosos. Como verán el boom gastronómico no ha llegado a Chivay. Atención, si los llevan al Qhapac Ñan eleven su voz de protesta porque es un remedo del Urin Saya pero la calidad y la presentación de la comida dejan mucho que desear.

A la hora de cenar los llevaran a algún restaurante turístico para disfrutar de un show de danzas típicas. Pero la música no alimenta el estómago y la cena seguirá el mismo tenor del almuerzo: absoluta falta de variedad. Encontrarán carne de alpaca preparada en todas las formas posibles: lomo saltado, goulash, cordon blue, etc. Pero Chivay tiene un secreto muy bien guardado, algo que la convierten en un lugar muy especial. Después de cenar cuando caminaba hacia el hotel, miré hacia arriba y disfruté del cielo más despejado y lleno de estrellas que he visto en mi vida. Les aseguro que esa visión hace valer la pena todo el trayecto desde Arequipa. Conectarse con el mundo es algo que no tiene precio.

jueves, 29 de julio de 2010

Cañón del Collca (Paz en la tierra)


Cuando viajo en plan ruta gastronómica el objetivo principal es buscar los mejores lugares para comer. Pero también existe un objetivo secundario: desconectarme de las preocupaciones mundanas que a veces invaden mi vida. Y en Arequipa existe el lugar perfecto para hacerlo. Sin timbres de Nextel, sin noticias escandalosas y sin el caótico tráfico limeño. Eso es lo que ofrece el valle del Collca. Será difícil expresar en palabras todo lo que pude experimentar así que me limitaré a escribir una breve reseña con algunos tips para que su viaje sea placentero.

Primer consejo, compren pastillas de coramina si no tienen resistencia a la altura. Si bien en el camino les darán hojas de coca para mascar nunca está demás un medicamento recetado. Segundo consejo, no se olviden del bloqueador y los lentes oscuros porque el sol no perdona. Lo del calentamiento global es en serio. Tercer consejo, lleven cámara digital con una tarjeta de máxima capacidad y el cargador de la batería. El viaje comenzará muy temprano en Arequipa. El transporte los recogerá temprano en el hotel y tomarán la carretera con destino a Chivay.

El trayecto incluye varias paradas, ideales para tomar fotografías de recuerdos. Si le gustan los animales tienen las vicuñas, aunque deben ser rápidos porque son bastante ariscas y huyen cuando ven extraños. Si gustan de los paisajes tiene el mirador de los Andes (al menos hasta que el calentamiento global no los desaparezca). Lo mejor del recorrido es bajar del carro y escuchar la naturaleza: sólo el viento susurrando a 3,000 metros de altura. Dudo que exista un lugar mejor para estar en paz.

domingo, 25 de julio de 2010

Arequipa X: Evolución y revolución

¿Alguna vez se han puesto a pensar que comían los incas? ¿En cómo preparaban sus alimentos si no existían hornos microondas ni parrillas eléctricas? ¿Y cómo era nuestra cocina original antes de fundirse con la de otros continentes? Revisando una enciclopedia sobre los incas escrita por María Rostworowski pude encontrar algunos datos interesantes. Los incas utilizaban ingredientes del mar como los camarones y las algas. Del monte estaban la llama, el venado y las perdices. Y para acompañar tubérculos como la papa y el maíz.

La res, la gallina, la cebolla y el ajo fueron ingredientes importados por los españoles e introducidos a la fuerza en nuestra gastronomía. Si fue para bien o para mal no me compete dar una opinión,, pero si diré que nuestra alimentación original y perfectamente equilibrada se echó a perder. Pregúntense no más cómo pudo forjarse un imperio tan grande en condiciones geográficas y climáticas tan adversas si no hubieran tenido una nutrición adecuada. 

Felizmente existe un restaurante donde un cocinero (consejo, no se les vaya a ocurrir mencionar la palabra chef) intenta con éxito replicar esos sabores perdidos de la cocina ancestral preparados con ingredientes naturales y cocinados sin aceite ni aderezos. Seré honesto, más que probar un estilo de cocina encontré una filosofía de vida. Esta es la historia de mi encuentro con Walter Bustamante, Waikukña Kamayoc de Sonccollay, cocina pre-ínca al más puro estilo. 

La comida empezó con empezó con una suave crema de choclo. Olvídense de esas sopas procesadas que han comido en estos años. Esta era una verdadera crema con trocitos de choclo y un sazón muy tenue. Luego vino un rocoto relleno que yo calificaría como revolucionario. Servido con una salsa de chochoca, trozos de lomo de alpaca, maní y huevitos de codorniz representaba un equilibrio de sabores perfecto. Pero lo que me sacó de cuadro fue encontrar una compota de papayita arequipeña. Según me explicaron es necesaria para bajar el picor del rocoto.}

De segundo pedí un costillar asado de alpaca. Servido sobre una piedra caliente, acompañado de ensalada de palta y tomate y una fresca selección de ingredientes serranos (chuño blanco, chuño negro, papas, choclo y camote dulce) es para mí uno de sus platos estrella. El trozo es grande pero recuerden que los incas no utilizaban tenedores, cójanlo con la mano y disfruten de una deliciosa y saludable carne asada con muña, orégano y sal. Luego me sirvieron una crema de quinua con pescado. La quinua con una textura tan cremosa que parecía algodón es uno de los platos que más se hará extrañar. ¿Cuál será el secreto de esa quinua tan deliciosa?

Para terminar la velada probé el chocolate derretido con frutas. Acostumbrado al chantilly, al manjarblanco y a los postres empalogosos probar este chocolate fue una epifanía. Walter me comentó que proviene del Cuzco y es preparado de acuerdo a sus especificaciones. Le creo porque ese sabor fácilmente le haría competencia a cualquier chocolate europeo. Las frutas estaban muy frescas y combinadas con el chocolate amargo eran una delicia al paladar. No he mencionado los helados para dejar algo al suspenso. Pruébenlos porque no tienen punto de comparación.

Pero no todo es gastronomía en Sonccollay. La conversación que tuve con Walter Bustamante se merecería un post aparte. Pocas veces me topado con personas que tienen claro lo que buscan en la vida y que lo comparten de muy buena gana con los demás. Conversar con él fue una experiencia grata y me dejó bastante que pensar. El alimento no debe ser sólo para el hambre físico sino (y quizá más importante) para el espiritual.
Sonccollay es el restaurante que mencionaría si quieren probar el verdadero sabor de la comida andina original. Olvídense de las comidas aderezadas, las engañosas fusiones y los ambientes estereotipados que pueden encontrarse por puñados en las principales ciudades del Perú. Si este año tuviera que recomendar un restaurante no dudaría en escoger al Sonccollay.

Sonccollay queda en Portal San Agustín 149, Plaza de Armas de Arequipa.


Teléfono 281219
http://www.sonccollay.com/

viernes, 16 de julio de 2010

Arequipa IX: ¡Vamos al mercado!

El penúltimo post de la ruta gastronómica por Arequipa está dedicado a un sitio que es de paso obligado: el mercado de San Camilo. Ubicado a unos cinco minutos de la plaza de armas es el equivalente arequipeño al mercado de Miraflores porque acá encontrarán de todo. Desde los típicos panes serranos, pasando por los cereales más frescos hasta llegar a una de las cosas que más extraño cuando regreso de Arequipa: su queso paria. Ojo, que también encontrarán algunos productos raros para los limeños pero que son parte de la vida diaria de los arequipeños.

Después de más de 150 post escritos se habrán dado cuenta que sólo dos estuvieron dedicados a visitar mercados. La razón es muy simple, para disfrutar de un buen almuerzo siempre antepongo mi comodidad. Por eso el ambiente bullicioso y desordenado de los mercados ha hecho que no acostumbre frecuentarlos en busca de material para el blog. Esta vez tampoco sería la excepción a la regla y sólo me limité a probar un jugo de papayita arequipeña. El sabor no tiene nada que ver con la papaya de la selva. Esta es mucho más fuerte, incluso podría afirmar que es picante. Probarlo es obligatorio porque es parte de la aventura. Después de tomar el jugo di una vuelta por mi sección favorita del mercado: Los puestos donde venden queso.

Cada vez que he viajado a Arequipa siempre he regresado con un par de moldes en mi maleta. Son el ingrediente "secreto" para preparar una de mis mejores recetas: el mejor pastel de papas al microondas. (Pueden encontrar la receta en este link) Es algo difícil recomendar un puesto en especial. Lo mejor es fijarse en el aspecto de la limpieza. El resto ya es manejo de la vendedora, a ver si les dan a probar de los diversos quesos y haciendo rebajas si compran en cantidad. Igual ustedes (mejor dicho sus estómagos) siempre terminarán ganando.