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lunes, 22 de octubre de 2018

De las escapadas: Arequipa (III)

8:00 (Alegría)
Fachada del local. Media porción de adobo.

Luego de la inesperada debacle en Sabor Caymeño mis expectativas de comer un buen adobo en Arequipa se vieron muy melladas. Sin embargo, todo blogger gastronómico siempre debe tener un as (léase recuerdo) bajo la manga, así que hice uso de mi plan B: Super adobo arequipeño, un local que ya desde el nombre promete una experiencia diferenciada, o de lo contrario... un exceso de optimismo.

Desde el momento que me siento y el mozo trae el pan de tres puntas, tengo claro que acá no se andan por las ramas. Este pan inmenso, crocante por fuera y migoso por dentro, promete ser el mejor acompañamiento del adobo. Cuando me traen la media porción del adobo (S/17.00) deduzco que en el otro local me vieron cara de limeño. Pruebo una cucharada y sonrío hasta el último rincón de mi alma. Por este plato he venido a Arequipa, un caldo de sabor intenso, un corte de cerdo tierno y sabroso y en cada cucharada un poco más de felicidad. A mí no me compete afirmar si este es el mejor adobo de Arequipa, mas sí puedo decir que tienen dos excelentes manera de cerrar el almuerzo. Una taza de té piteado y después una caminata ligera por el mirador de Yanahuara. Con experiencias así, como no te voy a querer tanto Arequipa.


Super Adobo Arequipeño queda en Ugarte 214, Yanahuara.

12:00 (Epifanía)
Fachada del local. Rocoto relleno de camarones.
Sonccollay (En quechua "corazoncito mío"), ¿Cuánto tiempo ha pasado desde nuestro último encuentro? No me atrevo a contar los años, pero aún están presentes en mi corazón todos los recuerdos.

Llego temprano a Sonccollay cumpliendo mi estrategia infalible para visitar los restaurantes de Arequipa. El resultado es óptimo, sigo sin toparme con hordas de turistas desesperados por encontrar mesa. Escojo tranquilamente una ubicación con la mejor vista de la plaza de Armas. El ambiente me sigue siendo familiar. Los manteles de vivos colores, la carta en tres idiomas, los jarritos de cerámica para las bebidas... y ¡oh novedad! unas odiosas palomas esperando que se caiga una migaja de comida para atacar sin reparo alguno. Bichos de marras.

Cancacho de alpaca. Ensalada fresca,
Tubérculos asados. Cremas de la casa.
Para los que no han leído los post anteriores, Soncollay tiene una propuesta de comida pre-inca. La idea es prescindir de insumos que trajeron los españoles como el ajo, la cebolla y la res, y usar técnicas como la cocción en piedra volcánica. No se les ocurra hablar de frituras ni lácteos en este restaurante.

Mi jornada se inicia con el rocoto relleno con camarones. No hay huevo ni queso, sino una crema de chochoca y maní de sabor neutro que sirve para aplacar el sútil picor del rocoto, pero no para opacar el sabor fresco de unos camarones al punto.

De fondo elijo un cancacho de alpaca (S/51.00). Asado a la perfección, sazonado con orégano, muña y sal es un plato que debe consumirse con las manos. Olvídense por un minuto de las reglas de urbanidad y viajen en el tiempo. ¿Acaso los incas usaban tenedor? Los acompañamiento son tan espectaculares como el plato principal. Tubérculos (papas nativas, camote, oca) asados  al punto que se pueden comer con cáscara y todo. Para refrescar el paladar una ensalada de palta, tomate y sachatomate. Punto aparte para la presentación, tan sublime como el plato en sí.

Chocolate con frutas de estación.
La jornada finaliza con un postre sencillísimo. Chocolate de Quillabamba derretido sobre frutas de estación (S/33.00). No hay ciencia en este postre, más si la soberbia calidad del chocolate sobre la fruta más fresca que se puede conseguir en esta ciudad. Suiza, envídianos.

Me retiro de Sonccollay con excelente sabor de boca. Los años pasaron, pero se mantiene la calidad y la consistencia en las recetas. Mejor aún, han incluido otros platos en carta para satisfacer a un público exigente de nuevas tendencias (Léase veganos). De mi parte solo puedo agregar que este restaurante, aunque no figure en ránkings ni listas de prensa especializada, sigue siendo de visita obligada si están por Arequipa. Palabra de blogger.

Sonqollay queda en Portal San Agustín s/n Arequipa.

18:00 (Lozanía)
Interior del local. Terraza.
Focaccia. Pizza Azul con prosciutto,.
Confieso que me embargan todas las dudas del mundo cuando encuentro un restaurante que tiene la palabra "orgánico" en su nombre. Peor aún, si me dicen que usan masas con cereales andinos y toda esa parafernalia, el escepticismo invade todo mi ser. Sin embargo, de vez en cuando puedo equivocarme en gran estilo.

Es temprano y el local de Las Gringas ya muestra concurrencia. Entro al ambiente principal y me resigno a ocupar una mesa comunal, felizmente sin comensales. La moza trae la carta, una simple hoja de papel bond con pizzas y ensaladas y en el reverso una calavera en blanco y negro para colorear. Felizmente prescindieron de las mandalas.

Empieza mi jornada con una media focaccia (S/10.00). De acuerdo a la carta se hornean diariamente y yo no lo pondría en discusión. Me alegra encontrar una foccacia de corteza crujiente, de interior suave, y sin ningún exceso de grasa como suele suceder. Valga la advertencia, la media porción alcanza sobrado para cuatro personas. De fondo llega una pizza "Azul con prosciutto" (S/30.00). Basta ver la corteza delgada para convencerme que fue un acierto escoger este local para cenar. Tocino artesanal y prosciutto harán las delicias de los carnívoros, pero la inclusión de arándanos fue el twist que le dio más personalidad. 

Con una fugaz visita no puedo dar una opinión completa de Las gringas, mas si puedo afirmar que me deja con muchas ganas de regresar a otra hora del día. Si bien en su carta hay opciones vegetarianas y veganas, no han descuidado a un público carnívoro que también desean comer algo bien preparado. Me queda el clavo de probar otras opciones de su carta, así que háganlo ustedes por mí y luego me lo cuentan. 

Las Gringas queda en Santa Catalina 204, Arequipa.

miércoles, 17 de octubre de 2018

De las escapadas: Arequipa (II)

Detalle del salón.
Salamanto, que nombre tan excéntrico para un restaurante. Si no hubiera leído el blog de María Elena Cornejo no habría descubierto el significado de esta palabra: "lo que amo con el corazón lo doy". 

Estoy sentado en una esquina del restaurante. Dentro de mí se debaten dos sentimientos: el escepticismo y la esperanza. En una ciudad donde reinan los chupes, las sarzas y el queso helado, encontrar un restaurante de cocina de autor es poco menos que imposible. Luego de revisar la carta está más que claro que en una visita no podré evaluar adecuadamente la propuesta así que me decido por el menú degustación de diez pasos. Es el mejor recurso que puede ofrecer un restaurante para que un cliente nuevo pueda conocer todo lo que ofrecen. No quiero adelantarme al final del post, pero la cantidad de las porciones tranquilamente permitiría compartirlo.

Snacks de la casa. Mamacocha rolls.
El camarón de río. El cuy.
Empieza la jornada con los snacks de la casa. Un suave corte de pato ahumado, un camarón de río empanizado, un rocoto cubierto de ceniza y unas kallampas infusionadas en jugo de maracuyá son suficientes para dejarme con la boca abierta.  Con esta introducción queda claro que en este restaurante no se andan con nimiedades.

Primer paso: los mamacochas rolls. Los clásicos rolls vietnamitas hechos con papel de arroz se han reinventado con un relleno de algas (cochayuyo, sargazo y murmnuta) y mariscos. La combinación funciona e invita a "dippear" en una salsa de shoyu que no desentona.  El segundo paso sirve para romper uno de mis mayores paradigmas. Después de esta cena puedo considerarme un fan acérrimo del camarón. Al menos de uno como este, asado al fuego vivo, acompañado de una crema vegetal del camarón y el queso de Lluta como twist para armonizar todos los sabores.

Alpaca negra
Si bien yo no me arredro a comer el cuy entero, tampoco considero una herejía que se presente una versión procesada, al menos por cuestiones de facilidad para consumirlo. La ejecución de este cuy roza la perfección, con el pellejo crocante y la carne jugosa, que hacen de cada bocado una experiencia sublime. Una ensaladilla de hongos ostra, caigua y tomate aporta frescura mientras que el puré de oca y yacón le da más consistencia al plato.

El último paso de los fondos viene con la alpaca negra. La carne de alpaca muy sabrosa se potencia con la ceniza de cítricos y los demás ingredientes como los pepinillos al gin y los ollucos encurtidos. Una suave crema de quinua y kiwicha pop redondea un plato bien ejecutado.

Bavarois de zancayo
No hay menú degustación sin postre y este tampoco sería la excepción. Primero me traen un bombón de lychee y chocolate amargo. No hay ciencia, pero es lo justo para cambiar el sabor de boca. El sorprendente cierre llega en forma de un bavarois de zancayo. No sólo es un postre muy fresco, también una lección pues hasta ahora no conocía la existencia de este fruto, parecido a la tuna. Una esponja de menta andina de sabor intenso me deja con ganas de pedir otra porción, aunque sé que ya es momento de partir.

Me voy de este restaurante con excelente sabor de boca. Hay muchos sitios de renombre en Arequipa y nadie les discute el lugar que se han ganado a lo largo de los años, pero el boom gastronómico toma muchas formas y una de estas es la cocina de autor. Usar insumos de la región, aplicar técnicas de alta cocina y dar rienda suelta a la creatividad no es un camino fácil, pero rinde frutos a largo plazo. Salamanto es el mejor ejemplo y por eso lo considero una de las experiencias más recomendables del año. Un blogger gastronómico nunca debe perder la capacidad de sorprenderse y aquí lo hicieron en gran estilo. Volveremos.

Salamanto queda en San Francisco 211, Arequipa.

Horario: Lunes a sábado de 13:00 a 23:00
Teléfono: 979 394 676
Precio: Entradas (S/24.00 - S/36.00). Fondos (S/47.00 - S/54.00) 
Menú degustación: S/117.00
Volvería: Sin dudarlo. Es parada obligatoria en cualquier ruta a Arequipa.

domingo, 14 de octubre de 2018

De las escapadas: Arequipa (I)

Intro
La catedral de Arequipa en pleno
Como te extrañé Arequipa. ¿Me perdonarás que hayamos estado tanto tiempo sin vernos? Como dudarlo si me recibes con un cielo despejado donde un sol brilla esplendoroso que deja la grisura limeña en el último cajón reservado para el olvido. 

Deambulo por tus calles empedradas con la tranquilidad sabiendo que en cualquier esquina alguien cordialmente me indicará el camino de retorno a la plaza de Armas. 

Si tuviera que hablar de tus restaurantes donde se mantiene la tradición y la fidelidad a las recetas originales debería reservar solo palabras de elogio y, aunque me siento mal cuando los evalúo con dureza, sigo pensando en lo afortunado que soy de estar comiendo nuevamente al pie de un volcán.

07:30 (Decepción)
Vista de la fachada y del interior
Si hay algo que  me entristece durante mis aventuras gastronómicas es lo difícil de evocar cuando probé algunos platos por vez primera. Imagino mi emoción desbordada por la inexperiencia al sentir esos nuevos sabores en boca, al descubrir nuevos insumos o ante la novedad de la comida regional. 

Acabo de bajar del avión y el primer impulso me lleva a tomar un taxi hacia la plaza de Cayma. La primera parada de mi ruta es el desayuno en Sabor Caymeño, un local sencillo y sin ínfulas, pero que está abierto desde la primera horas de la mañana, listo para recibir a sus clientes. Cuando entro al local algo me hace arquear las cejas. En lugar del señor que antes me deleitó con su guitarra cantando el mambo de Machahuay veo un televisor propalando noticias de Lima. No es la mejor manera de pasar mis vacaciones, pero vamos a lo importante.

Adobo de cerdo
Pido una porción completa de adobo de cerdo (S/30.00) y cuando pruebo una cucharada siento que algo no está bien. La carne es tierna y sabrosa, pero al jugo de la cocción le falta potencia. Se me antoja un adobo disminuido y tengo que hacer uso del recurso más mezquino que existe. Corto un trozo de rocoto y dejo que el picante ejerza su infernal tiranía. Con ají todo pasa dicen, pero en este caso más es una herejía que un dogma. El pan de tres puntas, mi último recurso para salvar el desayuno, termina sepultando mis esperanzas. Un pan seco, sin miga, que no absorbe ni una sola gota del jugo de adobo. Debo hacer uso de todo mi optimismo para acabar el plato y cancelarlo con una sonrisa forzada.

Me voy de este restaurante con el corazón partido y el ánimo por los suelos. A veces los mejores recuerdos son todo lo que uno tiene y por más esfuerzos que uno haga por reabrir el círculo de la historia, está claro que ciertas experiencias no se volverán a repetir. 

Sabor Caymeño queda en Plaza de Cayma 112, Arequipa.
Volvería: No. Ya pasaron los tiempos cuando era joven e impresionable.

12:00 (Redención)
Fachada del restaurante
Chicha por Gastón Acurio. Auspicioso nombre para un restaurante que fue catalogado como el mejor de Arequipa según la lista Summum 2018. Dicen que un gran poder viene con una gran responsabilidad, aunque en este caso significa que mis niveles de exigencia se elevarán al máximo.

Llego al local de Chicha a primera hora. No tengo una reserva hecha, omisión incomprensible, y tengo que cruzar los dedos para que una horda de turistas acuciosos por conocer la gastronomía arequipeña no se me haya adelantado dejándome con los crespos hechos. Ventaja para mí, a nadie se le ocurre almorzar tan temprano. Cruzo los dedos con muco optimismo hasta que aparece el anfitrión y me conduce sin problemas a la mesa asignada.

Panes de la casa. Croquetas de verduras.
Dúo de tamales. Cuy chactado.
La aventura se inicia con un dúo de tamales (S/24.00). El de maíz blanco con adobo arequipeño me hace soñar despierto. La textura es suave como un terciopelo y el relleno de adobo viene en la porción y sazón justa para lograr una combinación adecuada. Deja la valla tan alta que el tamal verde con queso paria queda sin pena ni gloria. La textura es reseca y no sobrevive sin la sarza de cebolla. La minúscula tira de queso paria que lleva dentro no contribuye a mejorar la situación.

Siguen unas torrejas de verduras (S/24.00) que me devuelven la fe en el mundo. Crujientes por fuera, suaves por dentro, comerlas es un placer culposo. Solas o combinadas con cualquiera de las tres salsas de acompañamiento, cada mordida solo invita a seguir comiendo hasta dejar el plato vacío. Obligatorio pedirlas y si pueden las comparten.

Degustación de postres
De fondo elijo un cuy chactado (S/89.00), un plato que se disfruta mejor cuando se está fuera de Lima. El pellejo es crujiente al extremo y la carne es suave y sabrosa. Aquí se trata de un insumo de calidad, pero también una cocción precisa que no debería admitir errores. Viene acompañado de papas doradas, sarza del huerto y llatán batido. Cójanlo con las manos y sean felices.

La jornada finaliza con una degustación de cuatro postres (S/39.00). Si bien no soy amigo de la presentación en frascos, es un recurso ya común en todo los restaurantes. La lechera, un postre de Astrid & Gastón cumple con mis expectativas. En el mousse de tumbo y fresas la acidez está controlada para que no agreda al paladar. El derrumbado de chirimoya es recomendable para los más golosos. El manjar y los tropezones de merengue combinan muy bien con la dulce sencillez de la fruta. Finalmente el queso helado hace acto de presencia en la mesa. Vamos, este postre tiene tantas versiones en la ciudad que mejor reservo mi opinión y dejo que cada quien busque su favorito.

Me voy de Chicha muy satisfecho. La experiencia no ha sido impoluta, mas se nota que han trabajado cada plato para adecuarlo a un público foráneo y exigente. Los defensores de la picantería tradicional podrán argüir un exceso de sofisticación, pero yo considero que hay mercado a todo el mundo. Punto aparte para la excelente atención a la mesa, una combinación de proactividad y cortesía, así como para el ambiente acogedor que invita a una comida de largo tiempo. La relación calidad-precio está justificada y si bien no soy quien para validar si merece o no el premio Summum, pues si diría que vale la pena regresar para investigar el resto de la carta.

Chicha queda en Santa Catalina 210, Arequipa.
Volvería: Sí. Ese cuy y yo tenemos una revancha pendiente. Ambos sabemos por qué.

19:00 (Exaltación)
El camarón de río arequipeño.
Antes de viajar sometí mi itinerario al severo escrutinio de María Elena Cornejo, crítica gastronómica que con su habitual paciencia (y sapiencia) me recomendó visitar Salamanto y conocer su propuesta de cocina de autor. El nombre me resultó completamente extraño, no solo por desconocer su origen, sino por su completa ausencia de las listas de restaurantes laureados.

Con mi habitual escepticismo no tengo planeado visitar el restaurante para cenar. Sin embargo la noche me encuentra caminando sin rumbo por las calles de Arequipa. Mi ingenuo pretexto es comprar chocolates de la Ibérica en la calle Jerusalén, pero al regresar paso por la fachada de Salamanto y pienso que no he llegado tan lejos para dejar que la duda triunfe. Entro solo de curioso y pido una carta para hacerme una idea de su propuesta. Comida de autor pura y, ¡oh sorpresa!, un menú degustación de diez platos que promete una experiencia sublime. Creo que esto amerita un post aparte y...

(Continuará...)
Salamanto queda en San Francisco 211, Arequipa.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Buenos Aires (Sólo para carnívoros)

La Cabaña
Me acuerdo que una amiga me recomendó este restaurante en primer viaje a Buenos Aires. Pequeño detalle, eso fue hace ya hace cuatro años.

Provoleta. Degustación de empanadas.
Ensalada de la casa. Ojo del Rey
Estoy de vuelta en La Cabaña. Aún tengo en mente cuando disfruté dos estupendos cortes de carne: colita de cuadril y picaña. Eso sí, tenía claro que en cuestiones de (papas) fritas nadie puede superar a los peruanos.

Mi jornada empieza con una degustación de empanadas fritas que llegan crujientes a la mesa y con un generoso relleno que no tiene  nada que ver con el sofrito de ajo y cebolla limeño. Ordeno la provoleta sólo para sacarme el clavo y comparar con la de Lima, aunque no hay ciencia en un molde de queso a la parrilla. Para los fondos decidí satisfacer un antojo y, malhaya sea, hacerle caso al mozo aceptando su recomendación de ordenar el ojo del rey de 800 gramos. Sucede lo impensable, trás 45 minutos de espera la carne llega pasada de cocción y no hay forma de arreglarla. Trato de ver el vaso medio lleno buscando aquellas partes rescatables pero ni con esas, el corte está lleno de nervio y es difícil encontrar algo comestible. 

Me retiro malhumorado del local y decido caminar por los alrededores para olvidar la experiencia. Cuando paso delante de La Cabaña veo que está reventando de gente. Ahora entiendo por qué.

La Cabaña queda en Alicia Moreau de Justo 380, Buenos Aires.


Cabaña Las Lilas
Cuando uno participa de almuerzos grupales es difícil evaluar un restaurante. Peor aún si los comensales son compañeros de trabajo porque es una situación incongruente con mi oficio de blogger. 

Panes de la casa. Entradas frías.
¡Carne al punto!. Degustación de postres.
Esta situación fue la que se dio en Cabaña Las Lilas. Participaba de una cena para clausurar un entrenamiento regional y el menú estaba definido con anticipación. Lo único que me dieron a escoger fue el plato de fondo que, obvio, debía ser un corte de la casa.

Empieza la aventura con una canastilla de panes que, tal como en otros restaurantes argentinos, llegan fríos a la mesa. Vamos, una pasadita por el horno sería suficiente para mejorar esa horrenda textura ligosa. Las entradas siguen el mismo tenor, aunque en este caso no incomoda tanto. Suficiente con los champiñones a la brasa como abreboca. Pero es cuando llega la carne que la situación cambia radicalmente. Carne sellada a la perfección, jugosa y al punto, con todos los sabores intactos, superando las expectativas que tenía. Las papas están demás, tampoco eran gran cosa, pero igual se hizo extrañar una buena ensalada parrillera. La jornada termina con una degustación de postrecitos donde el dulce de leche, para variar, juega un papel fundamental. Que manía con el ingrediente de marras.

Cabe indicar que el local es inmenso y no éramos el único grupo que había escogido el mismo sitio para una celebración. Al menos el personal de salón respondió oportunamenrte y no hubieron errores en la atención. Como para tomarlo en cuenta en mi siguiente viaje.

Cabaña Las Lilas queda en Alicia Moreau De Justo 516 Capital Federal


Cara Negra
La Providencia a veces se pone de mi parte y me guía hacia la felicidad. No hay otra explicación para haber encontrado este restaurante.

Logo del restaurante. Cortesía de la casa.
Milanesa de cordero. Pasta con ragú de cordero.
En el camino de regreso a mi alojamiento, luego de haber comido un helado en Rapa Nui, siempre pasaba por este restaurante pero no le hacía mucho caso. Hasta que una noche cuando la lluvia no me dejaba caminar más de dos cuadras a la redonda me animé a cruzar la puerta. Pequeño detallle, en horario de cena sólo ofrecen una carta reducida donde la estrella es el cordero.

Sorpresa, de cortesía me traen pan con salsa de tomate casera. Es inevitable evocar a mi madre terminando de cocinar el asado y yo aprovechando el menor descuido para sumergir un trozo de pan francés y averiguar a qué sabe el cielo.¿Quién necesita manteca con algo tan sabroso en mesa?

Comienza mi cena con una milanesa de cordero. Sufrí estoicamente durante toda la semana para encontrar una que valiera la pena y esta se merece todos mis elogios. La ejecución es óptima, crujiente por fuera, jugosa por dentro y la ensalada de acompañamiento es todo lo que necesita. Sin embargo las palmas de las lleva la pasta con ragú de cordero. El resultado de una larga cocción se traduce en un sabor intenso y una textura consistente. Yo hubiera comido esa pasta sola tal cual pero los trozos de cordero se deshacen apenas les hinco el tenedor. Un éxito.

Si ustedes están por la zona de Recoleta dénse una vuelta por este restaurante para disfrutar buenos platos. Obligatorio llevar un buen malbec y mejor sí es de Familia Zuccardi.

Cara Negra queda en Azcuénaga 1228, Recoleta.


La Rienda
Este post quedará para el recuerdo porque este restaurante ya cerró sus puertas.

Vista del local.  Mozzarella en carroza.
Carne a la parrilla. Choripan,
En la última etapa del viaje sólo quería escapar de los restaurantes turísticos. Caminando por la zona llegué a un local que me recordó a Las Canastas en sus mejores épocas, cuando aún no habían pensado en convertirse en franquicia. Vamos, todo no tiene que ser Angus Beef para disfrutar la vida.

Entro al restaurante y encuentro un ambiente sencillo pero acogedor. Cuando me traen la carta me saca de cuadro encontrar una mozzarella en carroza como entrada. Venga  a la mesa no más, el empanizado no se desprende y el interior está deliciosamente ligoso Continuo con un choripan argentino, nada que ver con esos chorizos recocidos que solían vender en los supermercados. En un pan crocante que no tiene nada que envidiarle a nuestro francés. El corte de carne que ordeno llega al punto. El acompañamiento no me devuelve la fe en el mundo pero qué le vamos a hacer, la estrella es la carne y no queda más que agregar. La experiencia no es óptima pero si satisfactoria, suficiente para que regrese al hotel feliz de la vida.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Buenos Aires (Pizza por partida triple)

El Cuartito (Super clásico)

Fachada del local
Aún recuerdo como llegué a El Cuartito.Luego de un insufrible almuerzo, sazonado por una pésima atención, decidí caminar por los alrededores a ver si se me pasaba el mal humor. Mientras andaba noté gran afluencia de gente delante de un local. Tomé las señas y en la noche regresé de puro curioso. Sólo la Providencia pudo haberme concedido este regalo tan generoso.

El Cuartito calificaría en Perú como un huarique. Un lugar tradicional con un ambiente relajado donde ofrecen un producto sencillo pero muy bien preparado. Parte de sus historia se ve reflejada las paredes: artículos de periódico, afiches deportivos, anderolas de equipos de fútbol y no podían faltar valioso recuerdos como la camisetas autografiadas de Maradona y Juan Martín del Potro.

Pero como yo no soy fan de las anécdotas sino de la comida mi jornada empieza con una empanada horneada de carne picante. La masa lo es todo, esperable de un sitio donde la pizza es una estrella, y el relleno generoso.  Obvio el picante de Argentina es muy distinto al del Perú, no esperen fuego en el paladar. Una fugazzeta es la simpleza un plato, excelente acompañamiento de una cerveza.

Detalle del salón.
Las pizzas de El Cuartito
De sus pizza siempre me he llevado la mejor de las impresiones. Y es que acá hay dos factores básicos: la masa crocante, gruesa pero que no embota, y el tremendo topping de queso mozarella, de muy buena calidad por cierto. Lo que ustedes coloquen encima ya depende únicamente del gusto de cada uno. Mi eterna favorita es la napolitana con jamón (S/.53.00 la grande): Salsa de tomate condimentada, mozarella, jamón, tomate fresco en rodajas, provenzal y queso parmesano. El tomate fresco es el contrapunto adecuado a la mozarella y el ajo de la provenzal le da un toque de sabor adicional. Si desean puede incluso echarle orégano y ají en hojuelas pero ya es cuestión de cada uno. Hay que quitarnos esa peruana manía de agregar más sabor y "cremas" a todo.

Es relevante indicar que como todo buen huarique la afluencia de gente es interminable, peor en horas puntas. Es necesario aguardar pacientemente porque la pizza se toma su tiempo en salir. Vayan además con reservas de tolerancia porque los mozos tampoco hacen mucho esfuerzos en lucirse por el servicio. Sin embargo, nada se compara a visitar un clásico de toda la vida. Y es que comer una porción de pizza en El Cuartito equivale a tomarse una foto con El Obelisco de Buenos Aires.

El Cuartito queda en Talcahuano 937, Barrio Norte, Buenos Aires.

Piola (Desde Italia con amor)

Pizza Piola y Diavola
Cuando le escribí a mi amiga Katia pidiendo recomendaciones de restaurantes en la zona de Recoleta me que no podía dejar de visitar Piola. Durante una caminata para conocer una sucursal del Ateneo me di cuenta que estaba en la ruta para conocer esta pizzería.

Según leí en una revista del medio la idea original de Piola nace en Italia hace más de veinte años. Quería ofrecer un producto tradicional y saludable en un ambiente relajado. Eso se nota apenas entra porque se topa con una barra tipo discoteca y más adelante una zona para el DJ. esta visto que no es el restaurante típico.

Pero vamos a lo importante. La carta es amplia con más de 40 variedades de pizza y otro tanto de pastas. El denominador común es que en las pizzas ninguna pasa de tres ingredientes. Los dos básicos: salsa de tomate y mozarella y otro que puede ser vegetal o proteína. No se les ocurra pedir una "suprema" o "full meat" porque los verán con cara de pocos amigos. Calida antes que cantidad será pues.Empiezo con una pizza Piola (S/.47.00) con tomates secos y albahaca. La masa es delgada y crujiente sin llegar a ese odioso punto de "galleta de soda". Sigo con una que lleva cantimpalo (S/.43.00), embutido español con denominación de origen hecho con carne de cerdo y pimentón. El sabor intenso del embutido es protagonista de la pizza pero con una buena cerveza al costado cae perfecto.


El ambiente es más relajado aunque es relevante comentar que cené muy temprano. La atención de los mozo es cortés y el tiempo de espera fue tolerable. De todos modos me gustaría ver cuán bien manejan la presión en hora punto, por ejemplo en viernes de after-office, pero eso será en otra ocasión.

Pizza Piola queda Libertad 1078, Barrio Norte, Buenos Aires.

Los Inmortales (¿Me están cargando?)
Hace un par de años cuando estuve en un viaje por capacitación profesional me nombraron esta pizzería pero la agenda tan apretada no me permitió conocerla. Sin embargo esta vez durante una de mis largas caminatas descubrí que tenía una sucursal muy cerca y ¡malhaya sea la hora! aproveché para visitarla.

Detalle del local. Pizza a la piedra.
Ravioles a la bolognesa. Milanesa Napolitana.
El local es todo lo que se espera de un clásico. Un ambiente sencillo, menos concurrido que El Cuartito, pero con una mejor disposición de espacio que me permitió acomodarme al gusto. Los mozos con uniforme aunque con una actitud indiferente, algo bastante común en Buenos Aires.

Si bien el producto estrella de los Inmortales es su pizza a la piedra ya me sentía algo hastiado de volver a comer ese plato por tercer día consecutivo y lo ordené en tamaño personal. Valió la pena, masa delgada y crocante, suave por dentro, con una generosa capa de mozarella y una salsa de tomate donde la acidez del tomate ha sido adecuadamente trabajada. La calidad del jamón deja que desear y pienso que mejor hubiera sido pedir una vegetariana sin más florituras.

El error que no me perdonaré nunca fue ordenar platos de fondo. No había mucha ciencia en unos ravioles de verdura en salsa bolognesa pero que me cuelguen si esta pasta no ha estado guardada en una congeladora una semana. Peor aún,esa salsa no funcionó en sabor ni en  textura. Las vanas esperanzas que tenía en la milanesa napolitana se esfumaron al primer bocado. Bastó retirar la grosera capa de queso y dar un corte para descubrir la textura de la milanesa toda deshecha y un empanizado que se desprendió sin pena ni gloria. 

Está claro que si vienen por Los inmortales no se atevana pedri otra cvosa que no seq pizza. Después no digasn que mno els advertí

Los Inmortales queda en Paraná 1209, Recoleta.

lunes, 24 de octubre de 2016

Buenos Aires (Nuevamente acá estamos)

En mí se cumple la letra del tango: "Mi Buenos Aires querido". Después de cinco estadías puedo afirmar que nunca me canso de visitar esta ciudad.

Av. 9 de Julio. Plaza San Martín.
Jardín Japonés. Floralis Genérica.
Escribir de Buenos Aires es una tarea complicada. La ciudad es demasiado grande como para resumir todos sus atractivos turísticos en un post. Recomendarles que visiten uno u otro asitio depende mucho del gusto de cada uno. Está claro que lo más recomendable es comprar un boleto de bus turístico que los llevará por diferentes atracciones de la ciudad de acuerdo a la zona que elijan. Además en los hoteles también hay propagandas de tours guiados para ir de un lado a otro de la ciudad con toda comodidad. 

Uno de mis lugares favoritos es Puerto Madero, la zona financiera de Buenos Aires. Aquí se encuentran los edificios de las trasnacionales más importantes y a lo largo de la avenida Alicia de Moreau se hay infinidad de restaurantes que sirven todo tipo de comida, aunque, como suele suceder con los lugares turísticos, la calidad no necesariamente va de acuerdo al precio. En todo caso pueden picar algo nada más y luego dar un paseo por el malecón viendo el río. Imperdible el Puente de la Mujer para una foto de recuerdo. Al regreso, si hacen un esfuerzo pueden llegar caminando hasta la Casa Rosada, la Catedral Metropolitana y el Cabildo. 

Caminito. Aeropuerto de Ezeiza. Teatro Colón.
Si les gusta caminar en áreas verdes hay dos lugares imperdibles. El Jardín Japonés no sólo ofrece excelentes paisajes para relajarse y quedarse sentado admirando la naturaleza, también hay exposiciones de cultura japonesa e incluso una casa del té. El Rosedal de Palermo es otra zona imperdible con más de 20 mil rosales en incontable variedades, esculturas e incluso un patio de estilo andaluz. Es impresionante la cantidad de gente de todas las edades que hace deporte por sus alrededores.

Otros lugares turísticos que no pueden dejar de visitar son la Floralis Genérica, escultura metálica de una flor que se cierra al ocaso, el Obelisco con infinidad de ángulos para tomar la mejor foto de recuerdo (selfie incluido) y el cementerio de Recoleta con infinidad de esculturas y sepulcros de personajes famosos de la historia argentina. Probablemente alguien me acuse de omitir Caminito, más yo les recomendaría tomarlo con paciencia. La abundancia de comercio (jaladores, ambulantes y bailarines de tango) pueden hacer difícil caminar por la zona. 

Casa Rosada. Bosque de Palermo.
Obelisco. Puente de la Mujer.
Les dejo un par de recomendaciones actualizadas. El tipo de cambio oficial no es tan desfavorable. Si tienen urgencia de pesos pueden cambiar en el Banco de la Nación del aeropuerto aunque la cola de turistas siempre es larga. La diferencia por dólae era de un peso. Igual pueden cambiar en La Florida o en la avenida Santa Fé. Incluso en Recoleta algunos negocios aceptan dólares. Por algún motivo los billetes pequeños son escasos y les van a agradecer con lágrimas en los ojos si pagan con el monto exacto. Es recomendable reservar algunos billetes para las propinas (10% sin excepción)  En cuanto al transfer siempre es bueno coordinarlo previamente con el hotel. De lo contrario pueden utilizar el del aeropuerto (Tienda León ofrece descuento si utilizan el mismo servicio al regreso) o de la calle. Una última indicación si van al número 1984 digan “Mil novecientos” y no “cuadra 19” porque no los van a entender. Incluyo los datos de un hotel economico y bien ubicado (está en plena avenida Corrientes), además los cuartos tienen kitchenette con todo el menaje necesario para cocinar. Muy necesario cuando se tratar de ahorrar en las comidas.

Para alojarse recomiendo Intersur Hoteles en Av. Corrientes 1984 Buenos Aires.
reservas@intersursuites.com

Para recorridos turísticos pueden usar Buenos Aires Bus.
Visiten su web www.buenosairesbus.com

lunes, 23 de septiembre de 2013

Buenos Aires XI: Hotel de película

Escribir los posts de Buenos Aires no hubiera sido posible sin al apoyo de personas que creyeron en mí. No mencionaré nombres, ellos saben quienes son y les agradezco mucho.

Vista del hall del hotel
Sólo la Providencia pudo llevarme hasta uno de los mejores hoteles de Buenos Aires: el Hilton de Puerto Madero. No sólo está ubicado en una de las zonas más exclusivas de la ciudad sino que también fue escenario de la famosa película "Nueve Reinas". Ahora entiendo porque me quedé sin palabras al ver el diseño del hall con esos ventanales inmensos. Sin embargo tambien me dejó impresionado la atención que brinda todo el personal, desde el counter hasta la central telefónica porque demuestran que están obsesionados con  la satisfacción absoluta de sus huéspedes. Con tamañas credenciales sólo esperaba que su comida también fuera de película.


Desayuno: From dusk till dawn
Para los fans antiguos del blog es redundante mencionar cuanto disfruto los desayunos buffet de hotel. Bajar al lobby relajado después de una ducha caliente y encontrar todo listo para armar el desayuno perfecto es un gusto que no nos podemos dar muy seguido. "Blogger vago" dirán. Bueno, yo los reto a encontrar tiempo de lunes a viernes para tomar un desayuno como se debe. Misión imposible, ¿no?

Estación de frutas
Para comenzar siempre es obligatorio darse una vuelta por la estación de jugos y cereales. Nada mejor que refrescar el paladar con un jugo de naranja y una ensalada de frutas con miel y yogur. También pueden agregarle cereales al gusto, infaltable el salvado de trigo para los deportistas. Eso sí, no esperen ver la misma variedad de frutas que en Lima.  Es común ver frutos del bosque (arándanos, frambuesa, frutilla o fresa) pero no esperen encontrar nada tropical y ni sueñen con una simple papaya. Como era de esperar también tienen su estación de omelettes que se preparan de acuerdo al gusto (y creatividad de cada uno) Para mí uno de jamón y champiñones, cocido por fuera y jugoso al centro será el comienzo de un excelente día.

Estación de panes dulces
Donde me soprendieron gratamente fue en la gran variedad de panecillos dulces y salados que ofrecían. No sólo encontré los clásicos panes salados (molde, bagel, integrales) para armar un sándwich con la variedad de fiambres que tenían. También había una gran variedad de panes dulces (media lunas, enrrollados de canela y facturas/panes daneses) Con el frío que hacía remojar un trocito de pan dulce en una taza de chocolate caliente era un verdadero placer culposo. Aunque esté mal visto, porque si bien creo en las normas de urbanidad tampoco soy un fanático. Vale la mencionar que el servicio fue muy correcto con mozos corteses y atentos a recoger los servicios usados. Los desayunos de hotel siempre serán la mejor manera de empezar el día.


Almuerzo: No reservations
¿El almuerzo también es buffet? ¡Bingo!

Un hotel como el Hilton no brindará sorpresas a la hora de almuerzo. Satisfacer a turistas de todo el mundo implica ofrecer alternativas que se adecúen a todos los gustos. ¿Complicado? Ni tanto.

Estación de pastas y carnes
Para comenzar es obligatorio un alto en la estación de ensaladas donde pueden encontrar una gran variedad de verduras y aliños, así como quesos y fiambres ideales para prepararse un abreboca. Obvio, no sueñen con ver el limón peruano. En la estación de platos de fondos tenían pastas y carnes a discreción (Les dije que no habrían sorpresas) La bondiola con cebollas caramelizadas no tiene nada que envidiarle a nuestra mejor carne de cerdo. Punto de cocción suficientemente jugoso como para acompañarla con un delicioso puré de calabaza. Probé también unos ravioles de verdura y mozarella en salsa fileto (puro tomate con un toque de albahaca y orégano), tan buenos que me hicieron entender que no todo es bolognesa en esta vida. En los viajes siempre se aprende algo.

Postres en mini-versiones
En cuanto a la estación más dulce encontré mini postres bastante ligeros que iban desde los curds de frutas, las panacottas de frutos rojos y de coco así como el infaltable marquise de dulce de leche. Ya sabía que este ingrediente estaba en todo los postres pero no me imaginaba que lo servían en cantidades industriales. Digo yo, el flan (crema volteada) es un postre que se come solo, acompañarlo de crema y dulce de leche es un exceso en el que sólo caí por la insistencia de comerlo "como se debe". Igual me sorprende la gran diferencia (patriotismos a un lado por favor) que  existe con los empalagosos postres peruanos.


Break: The sweetest thing
Así que el cronut tenía competencia.

Pastelito argentino
Durante las horas de break tenía a disposición una mesa con una gran variedad de postrecitos pequeños. Cualquiera diría que el blogger estaba en el paraíso. Ni tanto porque luego de un almuerzo con carnes y pastas a discreción sólo tenía ganas de tomar agua mineral e infusiones. Sin embargo a insistencia de una amiga ("No te podés ir de Buenos Aires sin probar el pastelito") cedí y probé el postre de marras. El pastelito argentino es una masa hojaldrada frita en aceite de girasol y rellena con de dulce de membrillo o de batata. Una bomba de calorías por donde se la mire pero que bien sabe (y se escucha) cuando uno lo muerde. Para sacarse el clavo nada más. Total el sentimiento de culpa se va rápido.


Cena: Quarantine
De como los hados se pusieron en contra del blogger.

Una fuerte gripe me condenó a quedarme a la hora del cena abrigado como un esquimal en mi cuarto. No podía exponerme al frío inclemente y tuve que resignarme a pedir servicio a la habitación. Estoy siendo injusto, resignarse no es la palabra adecuada porque en el Hilton hacían lo imposible por brindar el mejor servicio en todo momento. Era yo que, debido a mi endeble estado de salud, no podía disfrutar adecuadamente de sus bondades.

Hamburguesa royal
No me sentía con ánimos de hacer experimentos así que me fui por lo más sencillo: una hamburguesa Hilton. Con 220 gramos de carne, cebolla, pickles, queso americano, panceta y huevo. Lo mejor, el término de la carne tres cuartos, suficientemente cocida para que mantenga sus sabores naturales.  El huevo estaba cocido a la inglesa como para romper la yema, remojar un pedacito de tocino crocante y morirse de felicidad. La noche siguiente probé un club sándwich con jamón de pavita, láminas de pollo, queso cheddar y aderezo de mostaza suave. Interesante, no es el clásico sándwich ahogado en mayonesa que solemos comer en Lima, hasta podría servir para los que están preocupados con las dietas.

Tartaleta de limón
En cuanto a sus postres (estaré enfermo pero igual no iba a dejar de pedirlos) me arriesgué ordenando una tartaleta de limón. No es sencillo desconectarse la imagen que uno se ha hecho durante años del pye de limón para evaluar adecuadamente el postre. Si embargo disfruté la crema que no tenía leche condensada y el merengue italiano sin el clásico "quemadito". También probé una tartaleta de fresas y arándanos que no me convenció porque la masa estaba muy dura. Tuve que esforzarme con tenedor y cuchillo para cortarla y aunque la final igual disfruté la crema pastelera con los frutos rojos. Ni modo, nada es perfecto en la vida.

Hilton queda en Av. Macacha Guemes 351, Buenos Aires.