Me aprovecho del título del post anterior para resumir lo que fue mi desventura en esta promocionada sandwichería, un local que intenta ofrecer un producto diferenciado pero que sucumbe ante su incapacidad para atender la gran demanda de clientes. Aún recuerdo la primera visita que les hice. La cajera se equivocó al momento de digitar el pedido y quiso obligarme a llevar un sándwich que no había ordenado. Su nula capacidad de servicio al cliente sólo pudo ser compensada por la aparición de la administradora quien la conminó a anular el pedido de inmediato y devolverme el dinero. ¿Lo más lógico, no? Obvio que por el mal rato preferí ir a otro lugar.
Según leí La Lucha era una sandwichería al paso que decidió expandirse abriendo un local con todas las de la ley. A mi no me agradó mucho su sistema. Primero se paga el pedido en caja y entregan un letrerito con un número. De esa manera los dependientes pueden identificarte y traer la orden. No vi que fuera una idea muy afortunada porque al final vi que terminaban gritando los nombres de los clientes para atender la mesa. ¿En qué quedamos?
El sándwich de lechón a la leña cumplió con lo ofrecido, un gusto diferente a cualquiera que hayan probado antes porque usan leña de algarrobo. Ese sabor ahumado sólo lo he encontrado en un chifa de Lima y me pareció algo insuperable. Lastimosamente todo queda en el sabor porque la carne estaba muy seca. Le faltaba ese clásico "juguito" de lechón que tiene este tipo de sándwiches y tuve que echarle todas las salsas que encontré para que sea comestible.
Del pan con chicharrón no tengo mucho que decir. De la misma calidad que el del Farolito pienso que harían mejor sacándolo de su carta. Nada rescatable. Vayan por el Kio para que les den unas clases de cómo preparar el mejor sándwich de chicharrón. También probé sus famosas papas fritas huayro que aparte de que estaban fritas con cáscara no tenían otra característica que valga la pena mencionar. ¿Pensaban que por el hecho de ser huayro tenían que ser obligatoriamente buenas? Vamos no sean tan optimistas.
Mi visita no hubiera pasado de ser una experiencia meramente olvidable pero como siempre algunos lugares hacen unos méritos para complicarlo todo. Mientras estaba en la cola hubo un problema con la energía y las máquinas se colgaron. Las cajeras sólo podían emitir boletas manuales. ¿Se imaginan lo que se demoraban en atender a lo que estábamos en cola? Encima tenían que escuchar reclamos de clientes que aún no recibían su pedido en mesa. Peor aún, como había tal aglomeración de gente delante de las cajas, había que estar cuidando los bolsillos porque no faltó un rapaz que buscaba sacar provecho del desorden. Me parece que la Lucha no lucha por ganar nuevos clientes. Nunca fui uno y tampoco pienso serlo en el futuro porque no habrá una tercera visita.
La Lucha queda en Av. Diagonal 308, Miraflores.
Volvería: No. Demasiada gente.
Según leí La Lucha era una sandwichería al paso que decidió expandirse abriendo un local con todas las de la ley. A mi no me agradó mucho su sistema. Primero se paga el pedido en caja y entregan un letrerito con un número. De esa manera los dependientes pueden identificarte y traer la orden. No vi que fuera una idea muy afortunada porque al final vi que terminaban gritando los nombres de los clientes para atender la mesa. ¿En qué quedamos?El sándwich de lechón a la leña cumplió con lo ofrecido, un gusto diferente a cualquiera que hayan probado antes porque usan leña de algarrobo. Ese sabor ahumado sólo lo he encontrado en un chifa de Lima y me pareció algo insuperable. Lastimosamente todo queda en el sabor porque la carne estaba muy seca. Le faltaba ese clásico "juguito" de lechón que tiene este tipo de sándwiches y tuve que echarle todas las salsas que encontré para que sea comestible.
Del pan con chicharrón no tengo mucho que decir. De la misma calidad que el del Farolito pienso que harían mejor sacándolo de su carta. Nada rescatable. Vayan por el Kio para que les den unas clases de cómo preparar el mejor sándwich de chicharrón. También probé sus famosas papas fritas huayro que aparte de que estaban fritas con cáscara no tenían otra característica que valga la pena mencionar. ¿Pensaban que por el hecho de ser huayro tenían que ser obligatoriamente buenas? Vamos no sean tan optimistas.
Mi visita no hubiera pasado de ser una experiencia meramente olvidable pero como siempre algunos lugares hacen unos méritos para complicarlo todo. Mientras estaba en la cola hubo un problema con la energía y las máquinas se colgaron. Las cajeras sólo podían emitir boletas manuales. ¿Se imaginan lo que se demoraban en atender a lo que estábamos en cola? Encima tenían que escuchar reclamos de clientes que aún no recibían su pedido en mesa. Peor aún, como había tal aglomeración de gente delante de las cajas, había que estar cuidando los bolsillos porque no faltó un rapaz que buscaba sacar provecho del desorden. Me parece que la Lucha no lucha por ganar nuevos clientes. Nunca fui uno y tampoco pienso serlo en el futuro porque no habrá una tercera visita.
La Lucha queda en Av. Diagonal 308, Miraflores.
Volvería: No. Demasiada gente.








