martes, 26 de septiembre de 2017

El vicio de viajar: Piura

Acabo de llegar al terminal de buses luego de un largo viaje de cuatro horas. Cuando consulto el Google Maps descubro que estoy a menos de diez minutos del Caracol Azul, restaurante que un amigo chef me recomendó. ¡Bingo! ¡Que buena manera de empezar mi ruta en Piura!

Caracol Azul (Resignación)

Vista del local. Chifles de cortesía
Detalle de la carta. Ruleta marina.
Camino al Caracol Azul no se me ocurre mejor idea que interrogar al taxista sobre el local de marras. El chofer se emociona y no para de lanzarle flores, denominándolo incluso como "el restaurante donde almuerzan los presidentes" Vaya, parece que he tenido suerte.

Es media tarde cuando entro al local y noto que sólo quedan algunos clientes y un grupo de mozos aburridos. Cuando abro la carta mi sien comienza a latir. No es el cansancio sino la huachafada de ver como un restaurante típico ofrece tres variedades de makis en su carta, innecesaria y vana muestra de creatividad. Es muy tarde para arrepentirme. 

El hambre y el cansancio nublan mi capacidad para tomar decisiones y no atino más que a pedir una ruleta marina (S/.75.00). El cebiche de conchas negras lo es todo, aunque estando en el norte sería una burrada que no sepan trabajarlas. El tiradito es árido y el cebiche es como cualquiera que pueda encontrarse en Lima. No hay ciencia en el chicharrón ni en el cóctel de langostinos pero con los chifles de acompañamiento todo pasa. En fin, dudo que con solo un plato pueda dar una opinión certera de El Caracol Azul aunque asumo parte de culpa por insistir en visitar el restaurante apenas bajado del bus. Terquedad que le dicen.

Caracol Azul queda en Urbanización Chira Mz. 15, Piura.
Volvería: No creo. Aunque por los makis... ¿Quién sabe?


El Chalán (Complacencia)

Vitrina de helados.
Sándwich de pavo. Vitrina de tortas.
Estoy relajado en el cuarto del hotel luego de haber comido dos helados de El Chalán. Chocolate y lúcuma son un remedio infalible para cambiar el mal sabor de boca pero el de ron con pasas me hace evocar aquellas tardes de domingo cuando mis padres me llevaban a "Helados Alpha". Estoy más que relajado viendo Esto es Guerra (Ok, no) cuando mi voz interior arremete: "Renzo, no probaste la cremolada de ponche" El diablo me lleve, que débil soy ante las tentaciones. Para mayor condena debo agregar que también probé una combinada de mango ciruelo con sandía que me supo a gloria.

La fama que le hacían a El Chalán está completamente justificada. Es una propuesta de cafetería sencilla cuyo éxito es indiscutible por los cinco locales que maneja en la ciudad y yo lo compruebo en vivo y en directo por al dificultad que halle para encontrar una mesa libre. Sucede que al día siguiente quise satisfacer otro antojo. Es irónico que, teniendo hartas opciones en Lima, se me ocurra buscar un sándwich de pavo en provincias. Que le vamos a hacer, valió la pena porque la carne estuvo jugosa y el pan crocante, lo justo para comerlo tal cual, sin cebolla ni cremas. Quedará como una tarea inconclusa el no haber probado sus tortas, tarea harto compleja por el tamaño de las porciones aparte que ya saben que últimamente ando vigilando mi dieta por temas de salud. Eso sí, las cremoladas de frutas no están incluidas en mis prohibiciones.

El Chalán queda en Miguel Grau 173, Piura.
Volvería: Sí, buena alternativa para luchar contra el calor.

Eduardo el Brujo (Pereza)
Mi siguiente parada en la ruta de Piura hubiera sido El Ajicito pero cuando estuve en la tienda de Magia Piura me recomendaron un restaurante tan cercano que el lado más flojo de mi personalidad me dijo: "Acá nos quedamos"

Vista del local. Cebiche tumbesino
Arroz con mariscos, Langosta a la brsa,.
Cuando entro al local intuyo que la experiencia será muy diferente al Caracol Azul. El local se ve limpio y bien iluminado y la moza, tan gentil ella, me ofrece un ambiente con aire acondicionado. 

Mi jornada se inicia con un ambicioso cebiche mixto tumbesino (S/.35.00): pescado, langostinos y conchas negras. Este cebiche pica hasta el alma pero me alegra la vida. Si los insumos están frescos la mitad del trabajo ya está hecha pero se nota la mano del cocinero en el punto de sazón. Cuando aparecen los fondos se me viene a la mente la recomendación que me hizo un maitre. Cojo una cucharada de esa leche de tigre y la echo sobre el arroz con mariscos (S/.35.00) convirtiéndolo en un plato que tranquilamente sería mi última voluntad. (Don Fernando, acá tiene un reto). No me iría del norte sin probar uno de sus seis platos con langosta aunque yo elijo la versión a la parrilla (S/.45.00). Al punto y con un acompañamiento sencillo de papas doradas y una prescindible ensalada es lo único que necesito para abandonar la ciudad feliz de la vida. 

Eduardo el Brujo queda en Av Country C5, Mz.10 Lote 1, Piura.
Volvería: Sí, me quedé con las ganas de probar otros platos.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Cosme II (Pero regresa...)

Vista del salón principal.
Hace más de dos años que visité Cosme y no tenía planeado regresar. Aquella vez un malentendido con el servicio hizo que lo descartara de mi radar gastronómico. Pero Michael Landman, socio estratégico del blog y un optimista a prueba de balas, insistió en que no podía terminar el año sin dedicarle una reseña al reducto de James Berckemeyer. Dejando a un lado cualquier recelo, el hecho de haberse mantenido vigente durante estos años en una zona tan complicada es un indicador certero de su éxito.

Estoy sentado en el carro leyendo una edición pasada de Etiqueta Negra. He llegado con demasiada anticipación a la hora indicada en la reserva. ¿Qué le vamos a hacer? Tengo la insufrible manía de llegar temprano para encontrar estacionamiento, aunque en el distrito de San Isidro, donde los automovilistas son vistos como la última escala de la evolución, es casi un deber. A mi costado se estaciona una 4x4 de la cual baja un bullicioso grupo de jóvenes ejecutivos. Entran al restaurante con ánimos de farra aunque al poco rato salen con expresión de pocos amigos. ¡Atiza! Parece que lo de la reserva obligatoria ya no es cuento.

Entacado. Molleja emparrillada.
Polenta. Bun.
Entro al local de Cosme y veo que se mantiene idéntico a mi última visita. El logo del gallinazo, el techo de botellas recicladas y la insufrible mesa comunal (nunca me ha gustado compartir mi espacio con desconocidos) Reviso la carta y noto que, a pesar de su presentación tan sencilla, mantiene esa compleja e inesperada selección de platos. ¡Y todavía sigue el ramen!

Empieza mi jornada con las mollejas emparrilladas (S/.39.00), prueba de fuego para el equipo de cocina porque este insumo es muy ingrato. Dicho y hecho, la cocción no es pareja y algunas porciones terminan resecas. En términos de sabor se defienden solas y el puré de choclo no desentona como acompañamiento. El entacado (S/.39.00) presenta trozos de carne angus con cebolla y verduras en jugo de saltado para que uno arme unos tacos a la peruana. Ciencia no esperen pero funciona como piqueo para compartir. Cuando veo la polenta (S/.26.00) anticipo un momento de diversión. Con la cuchara mezclo todos los ingredientes para armar un "veggie-mess" y me doy cuenta que sfuera vegetariano viviría feliz comiendo este plato. Terminamos con un bun (S/.20.00), panecillo que hace algunos años se puso de moda y que ahora incluso tiene un restaurante temático. Este viene con una panceta en salsa picosa y nabo encurtido que me deja con ganas de probar otras versiones. Mozo de los diantres que lo partió y malogró la foto de recuerdo. 

Arroz Cosme. Bavette.
Cazuela Bourguignon. Angus Burger.
Cuando el arroz Cosme (S/.44.00) llega a la mesa mis cejas se arquean. La ecléctica combinación de arroz, frijoles, panceta, hilos de plátano frito, huevo a baja temperatura y una salsa dulce me deja llenecito de pregunta. No pierdan tiempo buscándole lógica, no la tiene. Sólo prescindan del tenedor, además de los buenos modales, y sean felices comiéndolo porque no pararán hasta terminarlo. Yo recomiendo ponerlo al centro para compartir a menos que estén con mucho apetito. El bavette (S/.36.00) es una carbonara bien hecha, con la yema al punto y la presencia de insumos de buena calidad. Palmas por ello. La cazuela Bourguignon (S/.46.00) no supera a la delicada versión que encontré en Delifrance, aunque se agradece el riesgo en preparar algo distinto. Terminamos con una Angus Burger (S/.45.00), jugosa y contundente, en un pan brioche que resiste la jugosidad de la carne y con unas papitas Tumbay, arenosas por dentro pero no tan crocantes por fuera. Como para incluirla en un top ten, la posición depende de las preferencias de cada uno.

Torta de chocolate. Limón de convento.
Coulant de lúcuma. Crema volteada.
En alguna lista incluyeron la torta de chocolate (S/.34.00) de Cosme como una de las mejores. No niego que el tamaño es un recurso efectista para el comensal promedio pero deja en segundo plano su mayor virtud: el uso de chocolate al 70%. Háganse un favor y pidan el fudge aparte. Sigue una crema volteada (S/.24.00) densa, sin una sola burbuja de aire, tal cual como dice la receta original. No es mi estilo aunque los puristas estarán más que felices. El limón de convento (S/.22.00) es una versión de-construida del pye de limón. La idea es que uno mezcle en el plato todos los ingredientes aunque yo hago trampa y me conformo degustando esa crema dulce de a poquitos, un sueño infantil hecho realidad. Termina la cena con un coulant de lúcuma (S/.29.00), el viejo y conocido volcán preparado con el insumo más querido de la pastelería peruana. El mejor postre de los cuatro en términos de presentación y ejecución.

El gallinazo, símbolo de Cosme.
Me retiro de Cosme tan satisfecho como divertido. La propuesta es relajada, y si bien el ambiente invitaría más a un after-office o a una reunión con amigos, también lo imagino para un almuerzo dominical en familia. La carta ofrece una envidiable selección de platos a la que ningún comensal se resistiría por más pesado (mucho gusto, me llamo blogger) que sea. Vamos, ¿cuándo fue la última vez que encontraron cebiche, ramen y bouef bourguignon en un mismo restaurante? Es muy recomendable hacer reserva y llegar puntual porque la afluencia de clientes es tremenda. No está de más mencionar al tipo de público tan especial que tiene, ese que no come tranquilo hasta que ubica a un conocido en otra mesa para saludarlo. Anécdotas aparte, ya tengo un buen pretexto para volver. Que haga más (¿aún más?) frío para evaluar su ramen.

Cosme queda en Tudela y Varela 162, San Isidro.
Horario: 12.00 - 24.00
Precios: Entradas: S/.19.00 - S/.36.00 Fondos: S/.36.00 - S/.64.00. Postres: S/.16.00-S/.34.00
Teléfono: 421-5228
Estacionamiento: Delante del local, unos pocos sitios disponibles. Mejor déjenlo en la playa de Plaza Vea.
Volvería: Sí. Hay platos que me han dejado con ganas de repetir.

sábado, 26 de agosto de 2017

Astrid & Gastón II (Fin de la ruta)

Tercera y definitiva visita al restaurante de Gastón Acurio, el ícono máximo de la gastronomía peruana.

Vista del salón principal
Si no fuera por el mensaje que envió una amiga ("Renzo, como sea tengo que probar los panes de tu foto") no hubiera regresado tan pronto a Astrid & Gastón. La molicie típica de invierno me había convencido que dos visitas eran suficientes para formar una opinión. Aunque confieso que cuando revisé mi celular y descubrí el descuento que ofrecía mi tarjeta de débito no demoré un minuto en cuadrar fechas para hacer la reserva. 

Estoy sentado en el bar de Astrid & Gastón esperando a que lleguen mis compañeras de ruta. El mozo se acerca con su mejor sonrisa para ofrecerme la carta de aperitivos pero es una causa perdida. A pesar de tener nueve años escribiendo este blog la deuda que tengo con la mixología es inmensa y no pienso saldarla en el corto plazo. ¿Será la desconfianza hacia la calidad de las bebidas espirituosas (basta dar una mirada a los falsos piscos que pululan en los bares de precio medio) o las ganas de mantener el alcohol a raya?  Mi celular suena, “Renzo, estamos hace rato esperándote”. Esta anfitriona de los diantres que manda a mis invitadas a otro ambiente. Es momento de iniciar la aventura.

Panes de la casa. Mantequillas saborizadas.
Butiwong. Anticuchos de lengua.
El almuerzo empieza obligatoriamente con los panes de la casa (S/.15.00 por persona). Ya hablé de ellos en el post anterior así que no me extenderé enumerando sus virtudes. Suficiente con mencionar que, junto a los que sirven en La Locanda del Swissôtel, son mis panes favoritos de Lima, con la ventaja que estos se acompañan de dos deliciosas mantequillas saborizadas y una crema de palta al chimichurri. Si están en pareja ordenen una sola porción y compártanla, de lo contrario se llenarán rápidamente. Se los digo por experiencia propia.

Al igual que la vez anterior ordeno las butiwong (S/.22.00 la unidad) para volver a sentir esa carne jugosa al punto medio en un tierno pan al vapor. Se acompañan con encurtidos pero no pierdan de vista la diminuta pero infernal rodaja de ají limo. Si no toleran el picante mejor retirarla antes de darle un bocado. Miro con infantil desconfianza los anticuchos de lengua (S/.38.00 por dos piezas) pero cualquier temor desaparece cuando pruebo una porción. Esta variante de anticucho me deja excelente sabor de boca. La cocción es precisa y han sabido equilibrar los sabores intensos de las cremas de picantería con la dulzura de las ocas.

Asado de tira. Cuy y tubérculos.
Conejo y el loche. Arroz con mariscos.
Es momento de los fondos y como buen carnívoro empiezo con el asado de tira en estofado de chifa nikkei (S/.98.00), corte que se ha puesto de moda últimamente en los restaurantes limeños con disímiles resultados. Me siento feliz de encontrar una carne al punto y con los complementos adecuados pero la nota fuerte es el acompañamiento. Un chaufa blanco, meloso, con todo el sabor que le da el cachete de cerdo. Es tan bueno que lo hubiera ordenado como plato principal. El conejo y el loche (S/.84.00) se me antojan una fusión inesperada. La presencia del curry le da un sabor intenso a la salsa que se acoplan con la quinua jazmín y el pan de camote. El cuy y los tubérculos (S/.78.00) es un plato que no debería faltar en ningún restaurante de comida peruana. El corte es tierno y ese pellejo crocante es una utopía que no todos los cocineros alcanzan. La humita dulce de mashua y la crema de oca son sabores que me llevan de inmediato a la sierra y me pregunto por qué hace tiempo no visito provincias. Terminamos con el arroz con mariscos de invierno al wok (S/.78.00), un plato que no amerita mayor ciencia aunque siendo franco es un plato muy maltratado en las cebicherías peruanas donde ha mutado en una especie de risotto al ají panca. Aquí el paso por wok le da un toque especial sin maltratar los mariscos. Ojo con el tamaño de la porción, tranquilamente puede compartirse.

Churritos limeños.
El almuerzo no estaría completo sin postre pero, viendo que ya estábamos más que satisfechos, tuvimos que olvidarnos de la santa bomba y sólo ordenamos un postre para compartir. Los churritos limeños (S/.34.00) son un tiro de largo alcance. ¿Qué le vamos a hacer? Aún subsiste el recuerdo de la mediocre versión que sirvieron en Maido y lo pido con mucho escepticismo. Felizmente, sucede todo lo contrario, porque llegan crujientes a la mesa y para acompañar ofrecen dos pocillos con espuma de plátano y de gianduia con nibs salados. Con un café americano es ideal para cambiar el sabor de boca y cerrar una experiencia redonda. Tomo nota mental, en mi siguiente visita ordenaré una porción para mí solo. Sí, a mucha honra puedo afirmar que soy un blogger egoísta cuando de postres se trata.

Vista de la fachada.
Luego de haber visitado los tres restaurantes más famosos del Perú, según la lista 50 Best, puedo afirmar que ya tengo mi favorito. Es difícil opacar el menú Alturas Mater de Central o igualar el arte de la comida nikkei de Maido pero en Astrid & Gastón la experiencia se me antojó más que satisfactoria. La atención fue sobresaliente, el ambiente es suficientemente amplio para que uno se sienta a gusto, hay una carta variada que puede adecuarse a diferentes ocasiones (after office, cena romántica, visita turística) y conseguir reserva no fue nada complicado. Si bien los precios son elevados, considero que están justificados por la calidad de su propuesta y por la marca que representa. Me retiro satisfecho y ansioso por saber qué sorpresas traerá el cambio de estación en la carta. Y esta vez no esperaré ningún descuento para regresar. Palabra de blogger.

Astrid y Gastón queda en Paz Soldán 290, San Isidro.
Horario: Lunes a sábado de 12.30 a 15.00, 19.00 a 23.00. Domingo de 12.30 a 15.30
Teléfono: 442-2775
Ticket promedio: Entradas: S/.28.00 - S/.68.00 Fondos: S/.38.00 - S/.98.00 
Postres: S/.34.00 - S/.44.00
Estacionamiento: Valet parking. Aunque si llegan temprano pueden cuadrar ustedes mismos su auto.
Volvería: Sí. Aunque el costo es alto la experiencia no deja de tener interés.

domingo, 13 de agosto de 2017

Central (Reportaje al Perú)

Hasta que por fin visité el restaurante peruano más famoso del mundo. Ahora tengo que escribir la reseña y me doy cuenta que será una tarea más difícil que haber conseguido reserva.

Alturas Mater en bosquejo
Estoy parado frente al inmueble donde funciona Central. Aún no abren las puertas al público y aprovecho la demora para discurrir por qué demoré cuatro años en regresar. ¿Serán los precios de la carta? (Que ya no existe porque ahora todo es menú degustación) ¿Será mi falta de paciencia por esperar tres meses para conseguir una reserva? (Si supieran como se programó esta visita) ¿Será la falta de estacionamiento? (A un par de cuadras esta la playa de Larcomar, blogger remolón)

Entenderán mi emoción cuando Michael Landman, blogger gastronómico y cómplice de esta página, me escribió para contarme que de un día a otro le habían confirmado una reserva en Central para dos personas y si deseaba acompañarlo. Me tomó un minuto chequear el saldo de mi tarjeta de crédito (Blogger prevenido vale por dos) antes de responderle que no habría problema en asistir en la fecha asignada.

Cuando entro al local me doy cuenta que no ha cambiado mucho desde mi última visita.  la decoración es sobria, la iluminación es tenue (nada conveniente para tomar fotos) y la cocina aún sigue a vista del público. ¡Oh sorpresa! Virgilio Martínez aparece para saludarnos cordialmente y nos pregunta por qué demoramos tanto en venir. Sin mayor préambulo damos comienzo a los diecisiete pasos del menú Alturas Mater.

Moluscos de roca. Plantas del desierto.
Alto andino. Tallos engrosados
La aventura empieza con los moluscos de roca, crujientes de algas que deben untarse con una crema de choros en tinta de calamar y lima, más que nada un snack que funge de abreboca. En el siguiente paso comienzo a deducir por donde va la experiencia: replicar el ecosistema en el que vive cada ingrediente. Me emociono con la crema de tuna roja y loche pero es cuando engullo la hoja de camote que mis cejas se arquean (y no será la última vez que esto suceda durante la noche) por la sorpresa. Sigue el alto andino, papas cocidas en costra de sal y ceniza que deben untarse con una salsa de sachatomate, hierbas, queso fresco y alpaca deshidratada. Cuando me sirven los tallos engrosados me siento el blogger más bobo del país. Es la primera vez que pruebo oca y siento una revolución en el paladar. La sirven con una emulsión de miel y aceite, que tal vez es innecesaria porque disfrutar el sabor dulce del tubérculo es ya una epifanía. Las texturas de ollucos son una floritura tolerable aunque no volvería a consumir la leche de olluco así sea parte de la experiencia. 

Aguas de Nanay. Algodón de bosque.
Suelo de mar. Pieles de árbol.
Dicen que no hay quinto malo pero cuando veo las aguas del Nanay entiendo porque no elegiría Central para una cena romántica. Se imaginan estar sentados frente a frente mirándose a los ojos recordando cuando se conocieron y justo aparece el mozo trayendo un plato lleno de cabezas de piraña. Anécdotas aparte, la piel de piraña resulta sabrosa pero tengo que recurrir a toda mi habilidad para comer de un bocado la hoja donde sirven los trozos de piraña en huampo. El algodón de bosque trae nuevamente un pescado de la selva, una doncella envuelta en pacae, una hoja de llantén relleno de churo y caldo de huito. Este paso me deja llenecito de preguntas pues no tengo la menor idea de lo que estoy comiendo salvo su procedencia. Mas puede el interés que mi apetito. El séptimo paso es la canastilla de panes: macambo ahumado, pan de yuca y crujientes de papa voladora. Mantequilla tostada y crema de copoazú sirven de acompañamiento. El suelo de mar trae los erizos y almejas más frescas, tanto como las que sirven en Don Fernando, pero aquí el protagonismo se lo lleva la inesperada combinación con frutas que contribuye a redondear los sabores y magnificar la experiencia. En las pieles de árbol entro en modo vegetariano para regodearme con los crocantes de zapallo quemado con cañihua que acompañan unos trozos de palta a la leña. 

Tierra de maíz. Colores de amazonía.
Recolección en costa. Coral de mar.
La tierra de maíz nuevamente pone en evidencia cuanto uno puede desconocer del país. Este paso viene representado por cuatro variedades de maíz (kculli, chullpi, morado y piscorunto) en diferentes texturas. La novedad me emociona aunque confieso que en estos momentos el uso del crocante ya se está convirtiendo en una nota repetida. Sin embargo me olvido rápidamente de eso cuando me sirven los colores de amazonía: paiche con yacón y bellaco que por su presentación pareciera recien salido de un libro de gastronomía. La recolección en costa y el coral de mar son platos que antes de consumirlos hay que disfrutar con  la vista. Es como si estuviera observando a los mariscos en su habitát natural. Demás está decir que el respeto por el insumo de alta calidad se nota en la adecuada ejecución pero es la presentación la que me deja atónito. 

Cordillera baja. Verde húmedo.
Blanco amazónico. Medicinales y tintoreas.
Cuando llega la cordillera baja no puedo evitar emocionarme, por fin algo diferente a plantas y mariscos. Si bien el diminuto corte de cerdo con pellejo crujiente es un lugar común de la gastronomía peruana, la mashua negra es otro ingrediente novedoso que me deja excelente sabor de boca.

La parte más dulce del menú se inicia con el verde húmedo, un granizado de caigua (¡Mi ingrediente favorito! Ok, no) con lima y cushuro. La combinación de cítricos funciona como un sorbete que limpia el paladar para enfrentar el penúltimo paso. En el blanco amazónico el amargo del chocolate de alto porcentaje se equilibra con la chirimoya y la nuez de bahuaja rayada. Finaliza la aventura con los medicinales y tintóreas, bebidas de hierbas para acompañar chocolates servidos sobre cacao congelado. Sí, hasta el final no escatimaron esfuerzos en diseñar un emplatado exquisito. ¿Tan rápido pasaron diecisiete pasos?

El equipo en pleno trabajo.
El jefe de salón se acerca para acompañarnos a recorrer el restaurante. En el segundo piso puede apreciarse el bosquejo de como diseñaron el menú degustación. Uno puede husmear entre los estantes para descubrir la infinidad de ingredientes y comprobar in situ el trabajo previo que implica desarrollar un menú de este tipo. Recopilar los ingredientes, hacer las pruebas, capacitar al equipo en esta aventura no es un trabajo que se pueda tomar a la ligera. Me conducen a la terraza donde se encuentra la huerta en la que cultivan hierbas y especias y también la planta de tratamiento del agua que es usada en el restaurante. La visita termina en la cocina donde los miembros del equipo, provenientes de varios países, acceden con su mejor sonrisa a posar para una foto del recuerdo.

Central hace honor a su prestigio como el restaurante peruano mejor ubicado en la lista 50 Best. El recorrido que hace por las diferentes regiones del país es impresionante y uno sale con el deseo de conocer más acerca de aquellos ingredientes. El desfile de todos aquellos platos se conjugan en una, tal vez demasiado, organizada puesta en escena, aunque esto es un defecto inherente de cualquier menú degustación. El costo puede ser desalentador pero tengan en cuenta el trabajo previo que implica desarrollar un menú de este tipo, los ingredientes novedosos y la oportunidad de conocer uno de los cinco restaurantes más famosos del mundo. Si disponen del presupuesto y disfrutan la comida tanto como es obligatorio visitarlo.

Central queda en Santa Isabel 376, Miraflores.
Costo: Menú Alturas Mater de 17 pasos: S/.447.00
Fondos: S/.59.00 - S/.73.00. Postres: S/.37.00-S/.38.00 (Sólo en barra)
Teléfono: 242-8515
Estacionamiento: En plena calle. Mejor déjenlo en la playa de Larcomar.
Volvería: Hay que disponer un presupuesto especial para visitarlo.