Me inspiré en un post que Gabriela publicó en su blog Seis de enero para compartir las siguientes fotos. Llámenme fijón, criticón o lo que quieran pero las cartas son el primer contacto que tenemos con un restaurante y como se presenta ante nosotros. Si no se preocupan en tener una carta en buen estado ¿Qué más seguirá? Una carta sucia, con errores de ortografía, o parchada equivale a que uno vaya a un restaurant en pantuflas o con pijama. Pero está claro que no todos piensan igual.
Portofino (La carta no se mancha ¿O sí?)
Confieso que Larcomar nunca será uno de mis lugares favoritos para ir a comer. He escuchado demasiadas leyendas respecto a su insufrible aura de exclusividad y sobre la discriminación que campea alegremente por este centro comercial. Tomé esta foto en la entrada de un restaurante exclusivo con vista al mar. Yo me pregunto ¿en algún momento se habrán preocupado de revisarla? No he visto una carta en estado tan paupérrimo ni siquiera en la fonda de la esquina. Sólo de verla ya tengo un motivo bien justificado para discriminar este restaurante.
Vivaldi (Se busca corrector)
Un restaurante que estuvo presente en mi primer año de blogger cuando era joven e impresionable y no prestaba tanta atención a los detalles. Pero ahora, años después, ya no estoy para aguantar chistes malos y esta carta es una vergüenza para cualquier restaurante. Fíjense que no sólo son errores de ortografía en español e inglés, también la redacción haría llorar a Martha Hildebrandt. A ver ¿Quién les escribió esta carta? ¿Su peor enemigo? ¿O fue el de la propaganda esa que dice "éxito"? Por favor, contraten un corrector de inmediato.
Crepes & Waffles (Formación laboral)
Cuando era niño llevé cursos de arte donde me enseñaban a utilizar témperas, papel maché, lana y otros materiales para elaborar impresentables regalos del Día de la Madre. Confieso que hasta secundaria odié ese curso con toda mi alma y nunca le encontré la mayor utilidad. Es más, hasta ahora recuerdo a una profesora alemana, una mole de 120 kilos que me gritó por no saber pintar. Pero cuando ví la carta de Crepes & Waffles agradecí que en algún momento de mi vida alguien siquiera me enseñó a utilizar las tijeras. Si querían corregir la carta al menos se hubieran esforzado en hacer un letrerito decente no ese parche mal recortado. Ahora entiendo a la ¿administradora? del local de Dasso que sólo atinó a enviarme un mail de copy-paste cuando presenté un reclamo. Si ni siquiera revisa las cartas que más se podía esperar.
Portofino (La carta no se mancha ¿O sí?)
Confieso que Larcomar nunca será uno de mis lugares favoritos para ir a comer. He escuchado demasiadas leyendas respecto a su insufrible aura de exclusividad y sobre la discriminación que campea alegremente por este centro comercial. Tomé esta foto en la entrada de un restaurante exclusivo con vista al mar. Yo me pregunto ¿en algún momento se habrán preocupado de revisarla? No he visto una carta en estado tan paupérrimo ni siquiera en la fonda de la esquina. Sólo de verla ya tengo un motivo bien justificado para discriminar este restaurante.Vivaldi (Se busca corrector)
Un restaurante que estuvo presente en mi primer año de blogger cuando era joven e impresionable y no prestaba tanta atención a los detalles. Pero ahora, años después, ya no estoy para aguantar chistes malos y esta carta es una vergüenza para cualquier restaurante. Fíjense que no sólo son errores de ortografía en español e inglés, también la redacción haría llorar a Martha Hildebrandt. A ver ¿Quién les escribió esta carta? ¿Su peor enemigo? ¿O fue el de la propaganda esa que dice "éxito"? Por favor, contraten un corrector de inmediato.Crepes & Waffles (Formación laboral)
Cuando era niño llevé cursos de arte donde me enseñaban a utilizar témperas, papel maché, lana y otros materiales para elaborar impresentables regalos del Día de la Madre. Confieso que hasta secundaria odié ese curso con toda mi alma y nunca le encontré la mayor utilidad. Es más, hasta ahora recuerdo a una profesora alemana, una mole de 120 kilos que me gritó por no saber pintar. Pero cuando ví la carta de Crepes & Waffles agradecí que en algún momento de mi vida alguien siquiera me enseñó a utilizar las tijeras. Si querían corregir la carta al menos se hubieran esforzado en hacer un letrerito decente no ese parche mal recortado. Ahora entiendo a la ¿administradora? del local de Dasso que sólo atinó a enviarme un mail de copy-paste cuando presenté un reclamo. Si ni siquiera revisa las cartas que más se podía esperar.








