lunes, 16 de julio de 2018

La Parriteca (De fiambres, cortes y otras delicias)

Vista de la fachada y del salón principal.
¿Cuál habrá sido mi primera experiencia en un restaurante de carnes? Haciendo memoria creo que fue en La Tranquera, aquellas épocas felices cuando era niño y solo me preocupaba en cuantas papas fritas con kétchup podía comer y no en puntos de cocción, maduración ni procedencia de la carne. Tiempos felices. ¿O no?

Martes, 8 de la noche. El tráfico en la avenida República de Panamá me hace evocar uno de los infiernos de Dante, mas yo no he venido a claudicar sino a sacarme de una vez el clavo con La Parriteca, restaurante de parrilla argentina que hace buen tiempo ya me habían recomendado. Ajá, un sitio libre para estacionar. Es todo lo que necesito para iniciar la aventura. Corrección, también espero que lleguen unos cómplices gastronómicos. Será una noche carnívora acompañado de un buen vino. Y no es Zuccardi por si acaso, sino un Rutini blend de malbec y cabernet sauvignon.

Arma tu parrilla.
Como no queríamos complicarnos respecto a qué cortes elegir recurrimos a la opción "arma tu parrilla" (S/230.00). Por un precio fijo se puede elegir menudencia, dos tipos de embutidos, dos cortes de 500 gramos de carne y dos acompañamientos.

Empezamos con unas mollejas a la parrilla crujientes por fuera y cremosas por dentro, lo suficientemente sabrosas como para prescindir del limón que ponen en la mesa, aunque eso es cuestión de gustos. El chorizo parrillero  y la chistorra siguen la misma tendencia en cuanto a la ejecución prolija. Sin embargo, son los cortes de la carne los que me dejan excelente sabor de boca.
La entraña americana llega muy jugosa y sabrosa, tanto que por un minuto me hace olvidarme de mi favorita de Osso. (Y sin Mac & Cheese) El bife angosto es un corte tierno cuya parte de grasa le dará mejor sabor en la parrilla y aquí no tengo ninguna observación. No hay mucho que agregar sobre los acompañamientos: arroz con choclo y ensalada de la casa.

Ajíes de la casa. Chorizo tipo argentino.
Brochetas de pollo. Milanesa napolitana.
He regresado en otro momento para evaluar otras opciones de la carta. No hay novedad con el chorizo argentino (S/19.00) aunque sí consistencia en la ejecución: exterior caramelizado e interior jugoso. Si hubiera tenido un trozo de baguette de Delifrance habría preparado el mejor choripán de Lima. La foto no le hace justicia a las brochetas de pollo (S/28.00), porque llegaron al punto preciso, la sazón ligera de modo que predomine la brasa. La milanesa napolitana (S/44.00) queda para el olvido. De por sí la presentación no es un aliciente, pero la ejecución es descuidada. El empanizado se desprende al primer intento de corte y la textura de la carne es seca y correosa. Son pocos los restaurantes de carnes que puedan presumir de tener buenos platos de fondo en carta.  Para terminar unos panqueques con dulce de leche (S/16.00) donde no hay mucha ciencia, lo justo y preciso para cambiar el sabor de boca.

En conclusión, exceptuando la debacle con la napolitana, la experiencia en La Parriteca fue satisfactoria y me deja con ganas de regresar pronto para seguir evaluando otros cortes de carne.  El local es acogedor y le han sacado el máximo provecho al espacio. La decoración hace referencia a la nacionalidad del lugar, donde no falta un cuadros con motivos argentinos ni una Mafalda escondida por allí.

La atención a la mesa es correcta sin puntos a destacar aunque no hay muchos restaurantes de carne que destaquen en este punto. Prometo regresar en el corto plazo. ¿Ya ven? Todo no es carne madurada en esta vida.

La Parriteca queda en República de Panamá 6558, Barranco.
Horario: Lunes a sábado de 12:30 a 22:30. Domingos de 11:30 a 17:00
Teléfono: 446 2278
Estacionamiento: Pocos sitios disponibles. Mejor es llegar temprano.
Volvería: En grupo y con una buena botella de malbec.

domingo, 8 de julio de 2018

Fresson (De croissants, crepes y otras delicias)

¿A La Molina no voy más? Espérense a que prueben los croissants de Fresson y les aseguro que irán todos los días.

Vista del ambiente principal.
En estas fechas, en las que todo el mundo está encerrado en sus casas viendo partidos del Mundial yo prefiero aprovechar la ausencia de tráfico para ampliar el radio de acción del blog. Entenderán por qué decidí tomarme el trabajo de ir hasta La Molina para visitar Fresson, local ubicado frente a la laguna y cuyo nombre proviene del apellido de uno de los dueños, una familia que tiene una larga tradición en pastelería.

Si bien la zona es terreno ignoto para mí, fue muy sencillo llegar y ubicar el local. Basta doblar antes de Rinconada del Lago y tomar la avenida principal pasando la caseta del viiglante. Tal como lo esperaba, el local no se encontraba muy concurrido y pude acomodarme sin problemas y tomar todas las fotos que quise. La carta es fácil de entender, sándwiches, crepes, paninis y varias opciones de pastelería y bollería francesa tradicional.

Chancho asado. Croque monsieur.
Mini bollería. Croissant de almendras.
Empieza la jornada con un panini de cerdo (S/23.90) que según la carta fue cocido durante siete horas. El tamaño del sándwich no termina de convencerme, pero cuando le doy un bocado entiendo de qué se trata. El cerdo es jugoso y suave, el jugo de cocción no remoja el pan y las papitas son el topping preciso. Sigue un croque monsieur (S/17.40) que me hace levantar las cejas aunque no de emoción. A ver chicos, esta presentación flaco favor le hace al sándwich. De nada sirve recomendarlo por los insumos tan buenos que usan, porque solo de ver la foto cualquiera empezaría a dudar. Consejo, prescindan de la lechuga que tampoco aporta nada. 

La alegría me vuelve al cuerpo con la bollería francesa en miniversiones. El croissant (S/3.00) es uno de los más espectaculares que he probado en mucho tiempo, muy crujiente y con ese gusto a mantequilla de alta calidad que no embota el paladar. El pan de chocolate (S/.3.90) llega tibio a la mesa y se puede disfrutar el relleno de chocolate derretido mezclándose con la masa hojaldre. Nunca he sido fan de los rollos de canela. (S/4.50), pero con esta versión noté que de algo me he estado perdiendo estos años. El croissant de almendras (S/8.50) se los dejo de tarea a ustedes, es inmenso y puede compartirse sin problemas.

Terraza del local. Crepe con frutos del bosque.
Tarta de manzana. Eclair de chocolate.
No podían faltar opciones dulces para empezar la mañana y nada mejor que un crepe de frutos rojos (S/13.80). Lo hacen al momento porque la crepera está ubicada detrás del mostrador, ideal para hacer una story de Instagram (atención millenials). Además la compota de frutos rojos es receta de la casa y también está disponible para llevar. A efectos de tener una reseña completa también llevé algunos postres de vitrina. El eclair de chocolate (S/11.90) ya entra a mi lista de postres favoritos por la ejecución precisa de la masa choux, una crema pastelera perfumada con vainilla natural y ese espectacular baño de chocolate bitter. Si me pidieran hacer una ruta del eclair, con este ya no tendría que seguir buscando. La tarta de manzana (S/12.00) es un postre donde hay más de lo que se ve. Me atrevo a decir que después de probarla no verán al pye de manzana de la misma manera. No podía faltar los macarrones, aunque en este caso tengo que probarlos de nuevo para asegurarme que son consistentes en la textura del mismo. Eso sí, pasan la prueba del sabor con altos méritos. Una última recomendación, no dejen de probar el chocolate caliente con marshmallows de vainilla natural. Les cambiará la vida.

El rico croissant
La experiencia en Fresson me deja tan satisfecho como aliviado. Entenderán que venir hasta La Molina no es una travesía que pueda hacerse todos los días debido al intenso tráfico que suele haber por la zona. Sin embargo, vale la pena caer por estos lares para conocer una propuesta fiel a las recetas clásicas de la pastelería francesa y donde no  escatiman esfuerzos para usar insumos de alta calidad. El local es bastante amplio, con una decoración sofisticada donde destacan los vivaces colores del logo y si bien ahora el clima no lo permite, disfrutar un tea-time en la terraza con vista a la laguna  puede ser una experiencia memorable. La atención a la mesa es correcta y sin sobresaltos. Podría mejorar en la medida que el personal se anime a hacer recomendaciones o guiar a los clientes nuevos como yo a través de la carta. Una propuesta de tan buena calidad no se encuentra todos los días y después de visitarlos solo puedo agregar: "La vie est belle!"

Fresson queda en Laguna Grande 1037, 2do. piso, La Molina
Horario: Lunes a domingo de 08:00 a 20:00
Precios: Sándwiches y paninis S/17.40 - S/27.00. Bollería: S/5.00 - S/8.50. 
Crepes: S/13.20 - S/15.30
Teléfono: 497 - 9978
Estacionamiento: Al frente del local, cruzando la pista, hay bastante sitio libre.
Volvería: Sí. Todavía falta evaluar otros postres de vitrina.

domingo, 1 de julio de 2018

Kong (De por qué ir al Centro de Lima)

Dicen que los feriados son para descansar en casa o viajar. Para mí son una oportunidad de oro para salir en busca de nuevos lugares y nada mejor que continuar con mi implacable búsqueda del mejor restaurante para comer dim-sum.

Vista del salón.
Ir al Centro de Lima no es una experiencia muy halagüeña que digamos, mas en mi caso está justificada por la necesidad ir a probar nuevos sabores. Confieso que debo hacer mucha memoria para evocar la última vez que almorcé en un restaurante del centro. ¿Habrá sido el Salón de la Felicidad o en el Fung Yen? Si no fuera porque una amiga japonesa, y compañera de colegio para mayor referencia, me recomendó visitar Kong no estaría de vuelta por estos lares.

Por si aún no logran ubicarlo este local hizo famoso hace algún tiempo por ofrecer en su carta unos min pao con forma de chanchito. Sean buenos o malos, el recurso le funcionó de perillas porque no pasaba un día que no viera en redes sociales fotos de gente comiendo los chanchitos de marras. Si aún se mantienen vigentes, significa que su propuesta merece una oportunidad.

Siu kao. Enrollando de langostino.
Chichonfan de carne. Wo tip cao.
Pido la carta y me alegra ver que no es el clásico anillado conteniendo una relación de platos extendiéndose hasta el infinito ni los banquetes especiales para cuatro o cinco personas. Vamos a lo principal, 26 variedades de dim sum, entre dulces y salados, están esperando a que yo me decida.

Empieza la jornada con el Siu kao "new style"  (S/.15.50). Me decepciona no sentir el picante que menciona la carta, pero eso tiene que ver más con un gusto personal. La clave está en el generoso relleno de langostinos cocidos al punto correcto. El enrollado de langostino (S/.15.00) me deja buen sabor de boca, pero tengan cuidado al comerlo porque el relleno llega hirviendo.  Es relevante mencionar que aquí los bocaditos toman su tiempo en salir de la cocina, buena señal porque significa que no son recalentados como suele pasar en otros lares.

Sa jo fan salteado
Me reconcilio con el chichonfan de carne (S/12.50), pasta cuya textura ligosa nunca ha terminado de convencerme, pero aquí ese detalle queda en segundo plano, tanto que me animaría a repetirlo. El wo tip cao (S/.15.00) es un bocadito relleno de carne y verduras que primero se fríe para sellarlo y luego se termina de cocinar al vapor. Si han probado las gyoza de Naruto Japanese Food ya tienen una buena referencia. 

La idea inicial era comer solo dim sum, pero había que probar otros platos para evaluar adecuadamente la propuesta. En la sopa siu kao con langostinos (S/.24.00)funciona la pasta rellena, pero el caldo pasa sin pena ni gloria. Me hizo recordar aquellas épocas cuando apenas me traían la sopa wantán a la mesa lo primero que hacía era sazonarla con harto sillao. Ordenar chaufa o tallarín hubiera sido muy vago de mi parte así que preferí arriesgarme con el sa jo fan salteado con carne (S/.28.50). El gusto ahumado y la pasta la dente hacen que le dé nota aprobatoria sin dudarlo. 

Zu chai pao.
La jornada debía terminar obligatoriamente con el zu chai pao (S/.13.00), el famoso min pao en forma de chanchito. Ahora entiendo a los cibernautas porque, apenas llegó a la mesa, despertó la emoción de mis cómplices gastronómicas y me pidieron tiempo para tomar hartas fotos. En fin, el relleno de manjar y pecanas sirve para cambiar el sabor de boca, pero no trae mayor ciencia. El he tao bao (S/.13.00) sigue la misma lógica aunque varían las pecanas por nueces. Como anécdota les contaré que tomó más tiempo de lo esperado en llegar a la mesa para desesperación de los comensales que veían como no abandonaba mi mesa vacía de platos.

Me voy más que satisfecho de Kong. Para lo que solía encontrar en el Centro de Lima la experiencia supera mis expectativas con creces. Algo que es importante destacar es la calidad del servicio a la mesa. En todo momento fueron muy corteses y estuvieron atentos a los pedidos adicionales, incluso mencionando cuando iban a tomar más tiempo del esperado. Tengan en cuenta que el local es pequeño y aún teniendo mesas redondas no soporta grupos más allá de cuatro personas. Por las misma razón es harto recomendable ir temprano. Prometo volver pronto para seguir investigando las especialidades de la carta.

Kong queda en Jr. Paruro 836, Lima.
Horario: Lunes a domingo de 09:00 a 21:00
Teléfono: 500 6632
Precio: Dim Sum (S/.14.00-S/.18.00) Fondos (S/.18.00-S/.32.00) 
Estacionamiento: ¿En el Centro de Lima? Ni a de balas. Mejor utilicen taxi.
Volvería: Sí. 

domingo, 24 de junio de 2018

Picogallo (De burritos, bowls y otros bocadillos)

Con tantas buenas propuesta de comida mexicana en Lima ya era tiempo que alguien se acordara de los burritos.

Vista del counter.
No recuerdo la primera vez que escuché hablar de los burritos. Sí, esa famosa tortilla de trigo rellena de carne, arroz y verduras que siempre aparece en las películas americanas y que, por alguna razón nunca ha terminado de convencerme. Lo más probable es que en aquellos locales donde lo probé nunca mostraron esmero en el producto final. Felizmente un blogger gastronómico nunca debe perder la capacidad de sorprenderse y eso fue lo que me llevó a conocer Picogallo. Ubicado en plena avenida Conquistadores aparece esta nueva propuesta, lista para conquistar al exigente público de la zona. 

Entro al local y cuando veo la disposición no es difícil entender la mecánica. Hay un counter con diferentes ingredientes para que uno guiando al dependiente arme el burrito al gusto. Por variedad no se van a quedar cortos: proteína (res, pollo, cerdo), arroz y frejoles, verduras y diferentes toppings (queso, encurtidos, etc.) para que uno juegue creando combinaciones hasta el infinito. Como si fuera poco, al final hay tres salsas a elegir con distintos grados de picante para que uno le dé más alegría al burrito. 

Las estaciones para armar el burrito.
Evaluar en sí el burrito depende exclusivamente de los ingredientes que uno es escoja y sobre todo la frescura de lo mismos. Particularmente el mío se me hizo bastante ligero pero vale la pena agregar que uno puede prescindir de la tortilla y, sin que exista ninguna variación en el precio, se puede ordenar la misma combinación con arroz (bowl) o mix de lechugas (ensalada) Mejor imposible.

Pero como no solo de burritos vive el blogger también me animé a probar otras opciones de la carta. El Pico Melt (S/.25.00) es el sueño hecho realidad para los que gustan de los nachos con queso. El queso cheddar se mezcla con carne y un topping de salsa pico gallo para crear un dip consistente en el que remojar los crujientes chips. Las Power wings buffalo (S/.25.00) están perfectas en términos de sazón, esa explosión de sabores de la receta original, pero deben mejorar la ejecución para que el interior no quede tan seco. El choclo con queso (S/.8.00) no trae mayor ciencia, es lo justo y necesario como acompañamiento.

Bowl. Choclo con queso.
Pico Melt. Power wings buffalo.
Me voy de Picogallo tan entretenido como satisfecho. Si bien no soy fan de los autoservicios, debo reconocer que se han preocupado en todos los detalles para que la experiencia sea lo más satisfactoria posible. El local es acogedor, con una disposición de mesas que invita a venir a almorzar algo ligero y huir de las preocupaciones laborales o en la noche con amigos para disfrutar de un after-office La propuesta es fácil de entender y deja con ganas de regresar para seguir experimentando con otras combinaciones de ingredientes. La atención en el counter es cordial, el dependiente se toma el trabajo de guiar a neófitos de la comida tex-mex como yo para escoger la mejor combinación de ingredientes. Mientras no descuiden el tiempo de espera y sean consistentes en la calidad de los insumos, auguro que les irá muy bien en el corto plazo. Me han dicho que en las mañanas están preparando unos burritos especiales para la hora, así que eso justificará un pronto regreso. 

Picogallo queda en Conquistadores 510, San Isidro.
Horario: De lunes a sábado de 12:00 a 23:00. Domingo de 12:00 a 17:00.
Teléfono: 960 682 057
Estacionamiento: Con suerte podrán encontrar un sitio libre en los alrededores.
Volvería: Sí, me ha devuelto la fe en los burritos.

domingo, 17 de junio de 2018

Gioconda (De pastas, salsas y otros manjares)

¿Otro restaurante italiano en Lima? Pues sí, esperemos que marque la diferencia. 

Detalle del salón principal
Hace algunas semanas me llegó un correo para conocer Gioconda, una nuevo restaurante de comida italiana en San Isidro. Si bien aceptar invitaciones me permite conocer nuevas propuestas, yo preferí negarme e ir por mi cuenta para vivir una experiencia más genuina y, sobre todo, no comprometer mi opinión.

Viernes en la noche. Luego de cruzar la congestionadísima avenida Javier Prado, vislumbrar el logo de Gioconda es como llegar a un oasis en el desierto. Encuentro estacionamiento sin problema y cuando entro al local me llevo una agradable sorpresa. La decoración es sofisticada y hay múltiples detalles que lo hacen acogedor, pero sobre eso me explayaré al final de la reseña. 

Quería empezar con una entrada, mas luego de un rápido vistazo ningún plato logra convencerme. Focaccias, bruschettas y carpaccio son opciones con las que ya estoy familiarizado y quiero algo diferente. Termino ordenando una piadina de quesos (S/.24.00) que luego del primer bocado termina intacta en el plato. Pequeño detalle, nunca he sido fan de las piadinas, lo cual me deja sin punto de referencia para evaluarla adecuadamente. Mejor vamos a los fondos.

Spaghetti peperoni. Tortelloni de ossobuco.
Ravioles de langostinos. Lasagna de carne,
Los agnolotti de ricotta y espinaca (S/.35.00) son el mejor ejemplo de como un plato se puede convertir en mi favorito sin mucho trajín. El relleno de la pasta es fresco y sólo necesita mantequilla, salvia y un toque de grana padano para alegrar mi noche. Siguen los spaghetti con peperoni y mascarpone (S/.35.00). La idea es mezclar la pasta con el queso y lograr en cada bocado un juego de sensaciones entre la proteína, el quesl y el tomate. Atención que la porción es tremenda y es recomendable ordenarlo si tienen buen estómago. Se hace extrañar el peperoncino que menciona la carta.

Los tortelloni de ossobuco (S/.40.00) son una apuesta segura. La salsa con funghi porcini y champiñones es el complemento perfecto al relleno de carne que se nota fresco y de textura suave Siguen unos ravioles de langostinos (S/42.00) al punto de cocción preciso. El chutney de mango le da un twist preciso al plato, siempre y cuando no les incomode la combinación de salado y dulce. Termina la jornada con una lasagna de carne (S/.36.00), plato que no trae mayor sorpresa aunque si una ejecución precisa que me deja más que satisfecho.

Panacotta de frutos rojos
La sección dulce de la carta no trae mayor novedad y solo por azar termino ordenando la panacotta con frutos del bosque (S/.20.00). Pensé que ya había pasado la moda de servir postres en tarrito (jar) y ver que en Gioconda lo utilizan para servir un postre tan tradicional se me antoja un recurso facilista. Entiendo que ahorra tiempo en emplatado y conservación, mas no le hace justicia al precio de carta. Es más, comer un postre recién salido de la refrigeradora tampoco ayuda a mejorar la experiencia. Vamos chicos, pueden hacer algo mejor que eso.

Me retiro de Gioconda medianamente satisfecho. El servicio del personal es muy obsequioso, hacen recomendaciones de acuerdo al gusto del cliente y piden retroalimentación al final de la comida. El ambiente del local invita a alargar la velada, tal como suelo hacer en mis restaurantes favoritos, pero faltan opciones más atractivas en las entradas y postres. Igual me quedo con la idea que es perfecto para una cita romántica o disfrutar una cena de largo aliento con amigos. Me verán volver con una botella de mi merlot favorito.

Gioconda queda en  Av. Dos de Mayo 570, San Isidro.
Horario: Lunes a sábado de 12:00 a 16:00 y de 19:00 a 23:00. Domingos de 12:00 a 18:00.
Precios: Entradas S/.24 - S/.38. Fondos: S/.32 - S/.45. Postres: S/.20 - S/.25
Teléfono: 222-9975
Estacionamiento: Amplio y vigilado.
Volvería: Sí, es una buena alternativa de pastas artesanales.

domingo, 3 de junio de 2018

500 Grados (De hornos, brasas y otros efectos)

Sí, ya sé, "Blogger, ¿otra vez por San Isidro?" ¿Qué le vamos a hacer? Si bien en los últimos años he sido testigo de varias bajas, sigue manteniéndose como el distrito favorito de los restauradores. Yo había prometido ampliar mi radio de acción, mas ya tenía que evaluar esta nueva propuesta que juega alrededor de los dos hornos de leña ubicados al fondo del local. 

Café americano. Huevos fritos. Blindado.
Empieza mi jornada con mi eterno café americano. Sí, ya hace mucho tiempo que dejé el capuccino a un lado en favor de esta versión para apreciar mejor los sabores que esconde un café sin azúcar. Pequeño detalle, es muy difícil encontrar en Lima uno bien preparado así que es cuestión de ensayo-error. Ordeno unos huevos fritos de corral (S/.12.00) más por capricho que por apetito. Aquí se trata de reventar esa yema y untarlo con el pan campensino, pero tocino no llega todo lo crujiente que esperaba. El sánguche blindado (S/.19.00) me deja lleno de preguntas. Lo voy a poner muy simple, por el costo de carta pudieron poner un par de tajadas más de jamón de pavo. Al final termina siendo un sándwich veggie por la cantidad de mozzarella y rúcula que lleva. Algo me dice que escogí mal mis opciones, pero teniendo en cuenta las credenciales del local no deberían tener opciones tan regulares. Eso sí, el pan hecho con masa madre me deja buen sabor de boca.

Alitas. Pastel de choclo.
Macarrones. Choripan.
Vuelvo con esperanzas a la hora de almuerzo aunque está claro que, con una carta tan amplia, una visita no será suficiente para evaluarla. El pastel de choclo (S/.29.00) se asemeja más a una fondue que a receta tradicional. Basta hundir el tenedor en la pequeña sartén y ver como se extiende una larga hebra de queso derretido mezclado con la bechamel de choclo que indica la carta, casi un placer culposo. El choclo diablo (S/.25.00) es una entrada sobrevaluada, choclo mezclado con mantequilla de hongos de Porcón y un toque de parmesano. Nada que no se haya visto antes.

Sin embargo, cuando llega las alitas (S/25.00) empezamos a ponernos serios. Crocantes por fuera y jugosas por dentro, con el toque preciso de salsa BBQ, es un plato que uno no puede parar de comer. Si bien no le pondré la etiqueta de "la mejor" definitivamente volvería por este plato. Los macarrones (S/.35.00) merecen un párrafo aparte porque me devuelven a un recuerdo de niñez. Esa textura crujiente de los canutos en una costra de queso es mi sueño hecho realidad. Vendría a ser un "mac & cheese" con adicional de salsa bolognesa. Una opción contundente, pero que no empalaga. Paso del choripan (S/.26.00) porque cometen el mismo error de todos los restaurantes, el pan no resiste la humedad del coleslaw y terminan desarmándose al punto que debo descartarlo. En todo caso, sale más a cuenta ordenar los chorizos artesanales (S/.28.00). Vienen dos unidades en una pequeña sartén con miel de romero y mostaza dijon. Suficiente para abrir el apetito.

Ossobuco
La última palabra se la dedico al ossobuco (S/.99.00), un kilo y medio de carne que dejará satisfecho a todos aquellos indignados que siempre paran en las redes despotricando contra el tamaño de las porciones. Si bien la presentación se presta para la foto efectista, hay que reconocer la técnica de larga y lenta cocción que permite usar sólo una cuchara para servirlo. A eso se le suma una pequeña vasija con jugo de la cocción para que cada quien se sirva al gusto en su plato. No hay mucha ciencia con el puré de papa ni con la zanahorias y debo confesar que se hace extrañar una buena porción de arroz blanco, tal cual hacen en Panchita. Viendo que tampoco lo ofrecen como adicional de acompañamiento, no queda más remedio que ordenar el pan de la casa. Con paciencia pueden armar unas tapas y coronarlas con el jugo de la carne.

Torta de chocolate. Pie de limón.
Los lectores antiguos sabrán que nunca dejo de ordenar postre y esta vez no será la excepción. Pido la torta de chocolate (S/.26.00), y basta una mirada para saber que se convertirá en la favorita de las redes: doble relleno de manjar, un exagerado baño de salsa de chocolate y una bola de helado de plátano. Yo estoy en contra de las tortas remojadas porque es una manera de camuflar la mala cocción del bizcocho pero debo claudicar ante sus bondades y reconocer que esta torta entra en mi lista de favoritas. Sólo una observación, prescindan del helado de plátano, sólo aumentan el nivel de dulce. El pie de limón (S/.22.00) no se queda atrás en méritos. Esa crema de limón hecha con huevos de corral es ligera con el balance preciso entre acidez y dulzor, coronado con merengue italiano. Candidato firme si alguna vez me animo a elaborar un ránking del mejor pie de limón.

Detalle del local.
El servicio es displicente, los mozos están bien preparados para absolver consultas y hacer recomendaciones, aunque en plena hora punta este aspecto puede resentirse y los tiempos, incluso para traer la cuenta, se alargan demasiado. En cuanto al local es bastante amplio pero la disposición de las mesas no es óptima. Si se sientan pegados a la barra van a sufrir cada vez que un mozo pase por detrás. Si se sientan cerca a la entrada, la corriente de viento les hará sentir en una congeladora. Otro tema es el horario, habiendo pasando ya una hora de abrir las puertas es de mal gusto ver que todavía estén trapeando el piso. Clarinazo de alerta para el restaurador.

500 grados me deja con buen sabor de boca y muchas ganas de regresar. Esa carta justifica un par de visitas, sobre todo para evaluar alguna de las diez pizzas que ofrecen. Les recomiendo ir en grupo, de modo que puedan picar varios platos, y también con ropa abrigadora. Por más caliente que esté el horno, el clima no perdona.

500 grados queda en Camino Real 1281, San Isidro.
Horario: Lunes a domingo de 07.00 a 23.00
Teléfono: 954604536
Precios: Entradas (S/.27.00 - S/.39.00). Fondos (S/.26.00 - S/.45.00). 
Pizzas (S/.32.00 -S/.44.00). Postres (S/.18.00 - S/.26.00)
Estacionamiento: Valet parking.
Volvería: Sí, me falta probar las pizzas. 

jueves, 24 de mayo de 2018

Shizen Barra Nikkei (De los makis y otras sorpresas)

Makis, makis, makis... ¿Cuántos pecados se han cometido en tu nombre? Desde un maki de lomo saltado, pasando por las infames barras libres hasta llegar a aquel local donde al mejor estilo de un fast-food se coloca salsa acevichada y de anguila en la mesa, tal pareciera que nadie quisiera abandonar esa zona de comodidad. Pero no se desilusionen, tal parece que en un pequeño local de Miraflores todavía hay esperanza.

Pejerrey chalaco. Percebes.
Trucha andina. Tiradito de concha y rocoto.
Donde antes funcionaba el restaurante La Gorda, al cual nunca fui y me arrepiento de ello, nace una propuesta fresca y renovada de comida nikkei. Renato Kanashiro, Mayra Flores y Jorge Tomita es el trío responsable de esta marca, de la cual ya había escuchado antes en algún festival gastronómico, aunque tenía entendido que sólo funcionaba como catering. Felizmente se animaron a dar el salto para tener local propio.

La carta es sencilla de entender: platos fríos, nigiris, los invariables makis y una correcta selección de platos calientes. Mientras la reviso el mozo aparece con el otoshi (abreboca) de la casa: leche de tigre con toques norteños. Inesperada y muy correcta, el sabor intenso me remite a una cebichería de marca. A tomar nota porque deja con ganas de pedir otra.

Empieza la aventura con los nigiris (S/.16.00 por dos unidades), mi plato favorito de la comida nikkei, pues al no llevar tanto agregado encima como los makis se disfruta la frescura del insumo en su máxima extensión. En el de pejerrey chalaco el pescado sobrevive a una tenue leche de tigre coronado con una chalaquita. Yo prescindiría del cushuro, pero no hay restaurante limeño que no adore incluirlo en sus platos. Sigo con el de trucha andina, donde el pescado ha sido flameado con mantequilla batayaki y miso potenciando su sabor. La presencia de la quinua pop es un toque lúdico que  aportar textura. El nigiri de percebes se los dejo de tarea a ustedes. Primera vez que encuentro este insumo y si bien me deja buen sabor de boca me falta un punto de referencia para evaluarlo adecuadamente.

Makis: hiyake, thaiyaki, rocoto, orenji.
Spicy maki. Chupe ramen.
No suelo comer cebiche de noche, pero aún así me arriesgo con el tiradito de concha y rocoto (S/.29.00). La clave es la que yo vengo repitiendo desde los inicios del blog. respeten el sabor del insumos sin ahogarlo. Las conchas fresquísimas crema de rocoto y palta  . Consejo: este plato se come con cuchara, traten de juntar todos los ingredientes en un solo bocado para disfrutarlo en su máxima expresióm. Otra opción es servirlo sobre la galleta de camote, aunque exige cierta habilidad que yo no tengo. Muy recomendable.

Hay catorce variedades de makis en la carta y lo ideal es venir en grupo para ordenar varias tablas. La base es la típica combinación de langostinos empanizados y palta. El de rocoto se convierte automáticamente en mi favorito, aunque guarda puntos de contacto con el tiradito, el picante es sútil y alegra el paladar. El thaiyaki está coronado con un tartare de pescado con un crema de ají amarillo y le sigue en mis preferencia.  No soy fan de los makis con queso crema, pero tengo que claudicar con el spicy, donde la palta se reemplaza por tempura de cebolla y queso crema. El topping es pescado blanco flameado con crema de ají amarillo ahumado, togarashi y negi. El orenji resulta más ligero y el topping de trucha con láminas de limón sobrevive a la intensidad del queso crema.

Sólo para sacarme la duda ordeno el chupe ramen (S/.28.00). Debo confesar que este es un tiro de largo alcance pues en todos los años de existencia del blog nunca le he tomado el gusto a esta sopa tan popular. Cualquiera podría esta feliz, pasta ramen en la textura perfecta, mariscos salteados, un sabor concentrado y la presencia del togarashi en el punto exacto haría las delicias de cualquiera, pero está claro que el chupe y yo seguiremos manteniendo una relación a distancia. Si ustedes son fans de esta sopa tienen que darle una oportunidad.

Torta de chocolate
No hay carta de postres y tampoco pienso que sea necesaria tener una, pero ya que estoy acá ¿por qué no arriesgarme a pedir algo dulce para cerrar la jornada? Craso error, el bizcocho está muy seco y ni siquiera el doble relleno compensa este error. La presencia de helado industrial, entendible por temas de costos, no contribuye a mejorar la situación. Tal vez sería conveniente ofrecer helado artesanal de matcha. Es una opción popular, funciona para limpiar el paladar y es sencillo de conservar. En todo caso, esto no juega en desmedro de todo lo que probé y queda en el mero terreno de lo anecdótico.

Me voy feliz y lleno de optimismo luego de haber cenado en Shizen Barra Nikkei. La experiencia es redonda y no encontré puntos débiles, al contrario me deja con ganas de volver pronto para evaluar sus platos calientes. El servicio es correcto, el persona está preparado para absolver consultas y hacer sugerencias. El local es pequeño aunque tiene varios detalles que lo hacen muy acogedor. En un mercado que ya se ve desgastado (o devastado) por las propuestas de barra libre encontrar un grupo de chefs que desea marcar la diferencia merece un aplauso. Mejor dicho, más de uno.

Shizen Barra Nikkei queda en General Borgoño 286, Miraflores.
Horario: Martes a sábado de 12.30 a 16.00 y de 19.00 a 22.00. Domingos de 12.30 a 16.00
Teléfono: 993 731 239
Precios: Fondos S/.27.00 -S/.29.00. Nigiris: S/.16.00 (2 piezas) Makis: S/.26.00 (10 piezas)
Estacionamiento: En plena calle. 
Volvería: Sí, esa carta merece una segunda incursión.

lunes, 30 de abril de 2018

Canta Ranita (De los huariques y otros aspavientos II)

Vista del local.
Acompañamientos. Chilcano de la casa.
Hace mucho calor y aún faltan tres turnos para que me asignen una mesa para almorzar mientras el olor a pescado frito inunda el ambiente. Mi amiga me observa con escepticismo y empieza a calcular en que minuto perderé la paciencia. ¿El blogger haciendo cola para conseguir una mesa a las 3 de la tarde? Esto es algo que no se ve todos los días. ¿Qué le vamos a hacer? De vez en cuando hace bien poner a prueba la tolerancia. ¡Bingo! Se desocupó una mesa.

Estoy ubicado en una esquina del local, felizmente lejos de la cocina. La carta es pequeña y refleja todo lo que uno espera encontrar en una cebichería. No faltan los arroces (chaufa y con mariscos) y tampoco los clásicos tríos, combinaciones que demuestran las ganas de los peruanos de comer a lo grande. El ambiente de este huarique invita a departir con amigos, a ordenar varios platos, picar un poco de todo y a olvidarse de comodidades  innecesarias.

Conchitas especiales. Conchas sopleteadas.
Cebiche mixto. Cebiche apaltado.
Empieza mi jornada con un chilcano de cortesía, ideal para estos días otoñales cuando el sol empieza ya a ocultarse. Le echo un poco de rocoto molido y se convierte en un chilcano infernal. Es un excelente abreboca y me motiva a jugar con los demás acompañamientos. A ver un poco de cancha para darle textura. ¿Y el limón para cortar el sabor? Impecable.  

La curiosidad me lleva a ordenar las conchitas especiales (S/.3.00), una mini causa con pulpo y langostinos. Le pregunto al mozo dónde está la conchita que menciona la carta y me dice que es un error de impresión. Por alguna razón es inevitable recordar al Director Skinner y sus "hamburguejas" al vapor. Las conchitas sopleteadas (S/.7.00) vienen sobre una camita de palta y papa a la rústica. No hay mucha ciencia pero si funciona para despertar el apetito, aunque una leve distracción con el soplete puede arruinar el sabor.

Arroz con mariscos
Sigo con el famoso ceviche apaltado (S/.30.00), plato que no justifica tanta alharaca que despierta en redes. Me pregunto si aparte de llevar media palta encima tiene alguna otra virtud. Asumo que la hora juega en contra porque el pescado está ya sobrecocido por el limón. Tres alcaparras extraviadas completan el árido panorama. Mi experiencia con el cebiche mixto (S/.25.00) es radicalmente distinta, los mariscos llegan frescos y al punto de picante preciso. No necesito nada más para ser feliz aunque nuevamente caigo en la tentación de coger un poco de cancha y remojarla en la leche de tigre. 


El arroz con mariscos (S/.25.00) me devuelve la fe en el mundo. No tengo claro por qué en los últimos años los restaurantes se han esforzado en convertir este plato tradicional en risotto o camuflando el sabor de los mariscos con crema o ají panca. El plato que llega a la mesa me recuerda al que mi papá cocinaba cada domingo. Un arroz con todo el sabor de los mariscos cocidos al punto correcto. El toque de parmesano es tan ligero que no tiene mayor influencia en el resultado final. Mejor así.

Me voy de Canta Ranita satisfecho por la experiencia. Obviamente hay aspectos de los que no se puede esperar mucho como la comodidad o la atención a la mesa. ¡Pero deben tomar en cuenta que estamos dentro de un mercado! Mi recomendación es que vayan sin remilgos y con mucho optimismo. Encontrará una cocina sin ambiciones a precios módicos donde lo principal es la frescura de los insumos y la rapidez con la que sacan los platos. Luego les recomiendo darse una vuelta por la plaza y buscar un helado de Crem del Crem para cerrar la jornada como se debe.

Canta Ranita queda en Jr. Unión 147, Barranco.
Horario: Lunes a domingo de 12.00 a 17.00
Precios: Entradas (S/.7.00 - S/.38.00) Ceviches (S/.20.00 - S/.40.00) 
Fondos (S/.25.00 - S/.50.00)
Volvería: Puede que sí y puede que no.
Estacionamiento: No se maleen, es un huarique.

lunes, 23 de abril de 2018

Marabunta anticuchería (De los huariques y otros aspavientos I)

Hace un par de años me invitaron a conocer el local de Marabunta anticuchería en Chorrillos. La idea de comer anticuchos en sí no era una gran motivación pero fue mi habitual flojera lo que me hizo sugerir un cambio de fecha que nunca llegó. Felizmente me enteré que han abierto una sucursal en Jesús María y, ante los comentarios optimistas que leí en redes, me animé a visitarlos con todas las ganas de cambiar de aires.

Llego sin problemas a Marabunta. El tráfico no hace mella en mi poco usual optimismo, la falta de estacionamiento tampoco, total es una pandemia en todo Lima. Luego de dar un par de vueltas noto que por fin hay un sitio libre delante del restaurante. ¡Gracias Providencia! Entro al local y de inmediato pienso en un huarique. Este punto es importante porque así disminuyen las expectativas en cuanto al servicio a la mesa y a la comodidad. No creo tanto en la falacia de "por el precio no se puede exigir mucho" pero sí hay que tomarlo en cuenta al momento de escribir la reseña. 

Tequeños de pollo a la brasa. Champiñones a la parrilla.
La carta no trae mucha ciencia así que es bien fácil tomar decisiones. Llegan a la mesa los tequeños de pollo a la brasa (S/.10.00). La masa está con textura de galleta de soda, quebradiza y con un gusto amargo. El relleno de pollo a la brasa me hace pensar en el reciclaje culinario pero, qué le vamos a hacer, había que probar de todo un poco. Siguen los champiñones a la parilla (S/.10.00), una entrada cuya receta tiene que ser revisada de inmediato. La falta de sabor no se resuelve con el chimichurri de la casa, sal y ají son necesarios para darle algo de alegría a esta entrada tan desabrida.

Trío de anticuho, brocheta y mollejas.
Marabunta tiene en su carta la opción de armar tríos (S/.27.00), lo que me va de perillas porque así puedo evaluar varias opciones de un porrazo. Los anticuchos de corazón de res funcionan por el gusto a brasa y la sazón precisa, aunque la cocción es imprecisa. Todos los restaurantes fallan en eso y no me quitaría el sueño de no ser porque el local no está ocupado ni a la tercera parte de su capacidad y pudieron ser más prolijos en la ejecución. La brocheta de pollo me deja buen sabor de boca, al encontrar el punto correcto de sazón y un interior jugoso. Las mollejas cumplen con mis expectativas. Las papas fritas, si bien pueden verse como innovación, no ayudan a disfrutar el plato. Prescindan de ellas o se llenarán muy rápido. El acompañamiento de ají pollero y crema de rocoto son muy ligeros para lo que se espera de un huarique. Crema de ají que no pica es kétchup, así de simple.

Pollo a la leña. Papas fritas.
El cierre de jornada llega con medio pollo a la leña (S/.33.00), bien sazonado y de piel crujiente. El toque ahumado explica por qué la fruición de los internautas en recomendarlo aunque para mí la experiencia sería redonda si uno tuviera la certeza que está recien hecho. Lo mismo aplica para las papas, llegan tibias a la mesa y se hace extrañar el crocante. La ensalada hace acto de presencia en la mesa, pero exceptuando a las que servían en el Mediterráneo Chicken de mi niñez nunca ha sido algo en lo que destaque alguna pollería. Recomendable pedirlo en horas de mayor rotación.

Fachada del local
Es inevitable cerrar la reseña haciendo algunos comentarios sobre el ambiente. Entiendo que es un huarique de precios bajos y, si bien no espero mobiliario importado, tampoco que las señales de deterioro sean tan visibles. Sencillez no puede ser sinónimo de descuido y basta una mirada al piso para deducir que no es algo que les importe mucho. La disposición no favorece la comodidad del cliente, el ambiente principal  está cerca a la parrilla y es poco menos que un horno, el posterior luce en condiciones muy descuidadas. Almorzar al costado de un saco de carbón no es muy motivador que digamos. Lo mismo va para la atención a la mesa, es simplemente un llevar y traer de platos cuando podrían darle un toque zalamero típico de todo huarique que se precie de serlo.

En resumen, como aventura fue divertido visitar Marabunta, pero hablando en cuestiones gastronómicas no encontré algo que justifique regresar en el corto plazo. Imagínense si hubiera ido hasta Chorrillos. Ni modo, sacarse el clavo a veces implica sacrificio que por ustedes, mis estimados lectores, estoy dispuesto a aceptar.

Marabunta anticuchería queda en Jr. Huáscar 1709, Jesús María.
Teléfono: 360-9718
Estacionamiento: En plena calle.
Volvería: No.

sábado, 14 de abril de 2018

Gochiso Perú (¡Go blogger, go blogger, go!)

¿Se acuerdan la última vez que escribí un post sobre un festival gastronómico? Yo tampoco, pero de vez en cuando hace bien salir de la zona de comodidad.

Vista del patio de comidas.
El año pasado recibí muy buenos comentarios sobre Gochiso Perú. La idea de un festival gastronómico nikkei es más que atractiva, basta recordar el éxito de aquellos celebrados durante la semana cultural de Japón, cuya acogida era tal, que algunos platos volaban antes del mediodía. Sí, hasta ahora no me recupero de no haber podido comprar yucamochi.

Con varios motivos para hacer a un lado mi habitual reticencia y recopilando toda la información posible (precio, horario, estacionamiento) decidí darme una vuelta por el festival de marras. No conocía el complejo Domos Art y tampoco suelo manejar por la zona, así que la aventura estaba asegurada. 

Zona de comidas.
Llego rápidamente al complejo, encuentro estacionamiento sin problemas (¡aleluya!) y camino hacia la entrada. Me entregan un mapa del evento en el que incluyen todos los restaurantes participantes así como los platos que ofrecen. Hay varios nombres que llaman mi atención y me alegro de haber participado de esta edición. Son cerca de 10 estaciones con diferentes estilos de comida que van desde el nikkei contemporáneo, pasando por huariques hasta llegar a los food trucks. ¿Ya ven? Hay para todos los gustos. 

Decido ir a la segura y empezar por las marcas ya conocidas. El sándwich de punta de costilla de Sushipop es un placer culposo. El corte es sabroso y está acompañado de verduras para darle un toque de frescura. Los springs rolls de arroz con pato me hacen arquear las cejas, es un bocadillo inesperado pero funciona y, mejor aún, con las salsitas que ponen de acompañamiento. Pruebo un taco ebi (langostinos) de Yume, pero no me va tan bien como el original de bonito. Resulta demasiado neutro para mi gusto.

Punta de costilla. Spring rolls de arroz con pato.
Pollito Bao. Karaage de pejerrey.
Sigue mi aventura por la estación de sándwiches y, ¡por fin! logro sacarme el clavo con los bocadillos de Bao. Pido uno de pollo crocante y descubro que guarda varios puntos de contacto con el sándwich de SushiPop: la proteína bien trabajada, verduras que aportan frescura y el pan como adecuado catalizador. El Kaarage de pejerrey de Ku Mar me deja buen sabor de boca por el correcto empanizado del pejerrey, más los wantanes de camote que acompañan el plato quedan blandos y sin gracia. No puedo cerrar el párrafo sin saludar la presencia de la señora Angélica Chinen, quien el año pasado recibió un premio de Summum como el mejor huarique del año 2017 con su propuesta de comida casera. Todo un lujo haber tenido la oportunidad de conversar con ella y me siento en deuda por no haber probado alguno de sus platos.

Para terminar no podía faltar algo dulce y obviamente que todos mis sentidos estaban concentrados en los mochis de Aimochi en nueve sabores distintos. Cada quien con su favorito pero no dejen de probar el de chocolate belga. Su yucamochi también estuvo espectacular, con una textura muy suave y el punto preciso de dulce. Ojo que también está Yogashi pero con tantos posts que les he dedicado sería redudante resaltar sus bondades.

En resumen, mi visita al Gochiso Perú me dejó con excelente sabor de boca y con muchas ganas de participar en la siguiente edición. Eso sí, es recomendable ir en grupo y así probar un poco de todo. No sean como yo, no se dejen llevar por la emoción y al final se darán cuenta que ya no les entra ni un Pocky. 

Gochiso Perú 2018 dura hasta el 15 de abril
Dónde: Complejo Domos Art de la Costa Verde, San Miguel.
Cuánto: S/.15.00 a través de Joinnus. Precios por plato S/.4.00 a S/.16.00
Estacionamiento: Amplio y vigilado.