domingo, 25 de junio de 2017

Qalani (Brava barra)

Hace un par de meses leí un artículo donde se afirmaba que el futuro gastronómico del país estaba en las barras. Tiene lógica: requieren poca inversión, trabajan con productos de temporada y pueden adaptar rápidamente su carta al gusto del cliente. Más yo agregaría que el futuro está en las barras que buscan hacer algo diferente. Ya saben, la cultura del copy-paste es una pandemia muy difícil de controlar.

Chilcano de cortesía
Confieso que mi habitual reticencia a todo local ensalzado en páginas de recomendaciones hizo que pusiera a Qalani en lista de espera.  Sin embargo cuando me enteré que el responsable del proyecto era Renzo Miñán, chef cuya habilidad en la cocina ya había evaluado en Social del Hilton Lima Miraflores y en Alzo, reservé un sábado para visitarlo y sacarme el clavo de una vez por todas.

Qalani (en quechua: perseverancia) representa la esencia de la barra en su máxima expresión: un local decorado con motivos marinos, mobiliario sencillo y una carta breve donde pueden encontrarse entradas marinas, los clásicos cebiches y arroces y algunos platos de comida criolla para quien extrañe la carne. Mientras decido que pedir se aparece el mozo y trae de cortesía un chilcano de la casa. Estos detalles son simples pero acorde a la imagen casera que desea proyectar el local, además que para este frío de marras cae de perillas.

Tortitas de choclo. Pejerrey boquerón.
Causa doble impacto. Cebiche del mercado
La aventura empieza con unas tortitas de choclo (S/.8.00) entrada que no es fácil de encontrar en Lima. La chalaquita funciona "cortando" el sabor de la fritura aunque si quieren algo más fiel a la receta original pídanla aparte para que no afecte el crocante.  El pejerrey boquerón (S/.10.00) es lo que siempre busco en un plato, se respeta la frescura del insumo original complementando su sabor con un aliño muy sútil. Unas tostaditas le dan el toque lúdico para que uno arme una tapa al gusto. La causa doble impacto (S/.24.00) rompe el molde de la receta tradicional integrando un relleno de cangrejo acebichado con diversos sabores y texturas. Usar de "topping" pulpo y langostino anticuchero es un tiro de largo alcance pero aquí manejan prolijamente el ají panca y el resultado es óptimo. Terminamos con un cebiche de mercado (S/.23.00) donde usan pesca del día y, en letras muy claras, chicharrón de pota. Un cebiche muy correcto donde la clave está en una leche de tigre esmerada y con el toque de ají preciso. 

Tiradito de la casa. Jalea del Puerto.
Vale la pena hacer una digresión. De un tiempo acá la palabra sostenibilidad está sonando fuerte. La alta demanda por ciertas especies (lenguado, chita) fomenta la extracción indiscriminada y el nulo respeto por el tamaño de los peces. De ahí la importancia de encontrar restaurantes donde no tengan miedo de  usar otras especies. En el tiradito de la casa usan pez vela que acompañado de una ligerísima leche de tigre de ají amarillo no hace extraña para nada a, digamos, un lenguado. La palta funge de catalizador y el chicharrón de pota le da el toque preciso de crocante. La jalea del Puerto (S/.26.00) es el plato ideal para compartir: pesca del día, huevera, salsa arrocotada, chalaquita al olivo y yuca crocante. Una opción clásica de cebichería de ejecución precisa y en una porción contundente.

Arroz del chino
Termina la aventura con el arroz del chino (S/.27.00). Voy a rayar la cancha de una vez, hay una confusión en todas las barras o cevicherías. Hablar de chaufa es sinómimo de agregar sillao o kión a raudales, error que resulta en un plato que hastía desde el primer bocado. En Qalani han dado una vuelta de tuerca con este arroz frito donde la presencia del sillao está bien manejada y con unas verduras orientales al dente aportando textura al plato. Pero como no sólo de arroz viven los lectores, aunque yo sí lo haría, el plato se complementa con una cremosa tortilla de langostinos y un filete de pescado en su punto. 

Me retiro de Qalani con muy buen sabor de boca. El concepto de barra cebichera ya dejó de ser novedad hace mucho tiempo y por eso valoro el trabajo que se ha tomado el chef en darle su toque a cada plato de la carta.  Mención aparte por no dejar de lado el concepto de sostenibilidad, algo que no sólo debiera ser responsabilidad de los restauradores sino también de los clientes. Vale la pena mencionar que de martes a viernes tiene la opción de "plato del día" y además diversas opciones para que uno arme su combinación al gusto. Me verán volver más pronto de lo que esperan.

Qalani queda en Av. Rivera Navarrete 2785, Lince.
Horario: Martes a domingo de 11.30 a 16.00
Teléfono: 724-4261
Ticket promedio: Entradas: S/8.00-S/.16.00. Ceviches: S/.22.00- S/.25.00 
Fondos: S/.25.00-S/.28.00
Estacionamiento: Delante del local.
Volvería: Sí, en la repetición está el gusto.

domingo, 18 de junio de 2017

Gambino (La pasta nostra)

No le tengo mucha estima a la avenida San Borja Norte. Hace algunos años era mi ruta habitual para ir a trabajar y me cansaría de contar las veces que me aburrí atrapado en medio del tráfico. ¿Quién lo diría? Estoy de vuelta en la avenida de marras para visitar un restaurante que recomendaron efusivamente en el blog. 

Estoy parado delante del local de Gambino llenecito de curiosidad. En la puerta hay una gigantografía indicando que la cocina es tradicional sin lugar a concesiones ni (con)fusiones. Cuando pienso en la barbaridad de restaurantes italianos en Lima ofreciendo risottos de lomo saltado, hamburguesas y pasta industrial con huancaína aún más industrial intuyo que he llegado a una especie de oasis gastronómico.  El local es pequeño, el mobiliario es sencillo pero la decoración muy simpática, aunque de eso me ocuparé al final del post. Apenas me siento el dueño se acerca y me presenta orgulloso la carta afirmando: "Aquí todo es casero, desde la salsa hasta las pastas y terminando con los postres" 

Fritatta di ravioli. Empanadas argentinas
Empieza mi aventura con una fritatta di ravioli (S/19.00), una entrada que no recuerdo haber visto en alguna carta. Si están acostumbrado a comer los ravioles sancochados les cuento que se están perdiendo de algo. Son ravioles fritos y servidos con salsa de tomate casero y pesto de la casa. Funciona porque llegar crujientes a la mesa y con el interior hirviendo, mejor cortarlos por la mitad para no quemarse. Continuo con una empanadas argentinas generosamente rellenas de carne cuyo sabor me hace evocar mi último viaje a Buenos Aires. Compártanlas porque luego verán que las porciones son generosas y se van a llenar rápido. 

Tagliatelle a la bolognesa. Rvioli Gambino
Tagliatelle ala arrabiata. Ossobuco de la casa.
En la carta hay cerca de veinte variedades de salsa que uno puedo combinar con pastas de la casa. Yo elijo unos tagliatelle alla arrabiata (S/.23.00), lo más básico y que me permite evaluar la correcta preparación de la salsa de tomate, sabrosa y sin ningún rastro de acidez pero, en este caso, con el toque picante justo. En la pasta no hay puntos medios, la textura es óptima y denota una elaboración casera y la cocción al dente. La bolognesa (S/.25.00) sigue la misma tendencia casera aunque con el agregado de la carne molida. Los ravioli Gambino (S/.26.00) están hechos con espinaca en la masa y rellenos de jamón, ricotta y nueces. La salsa arrabiata que los baña viene en una cantidad generosa y no resisto la tentación de coger un trocito de pan para no desperdiciar una sola gota. También pruebo la pasta con salsa pesto (S/.23.00) hecha con la receta tradicional (ni se les ocurra mencionar la espinaca) aunque para mi gusto fue necesario pedir aceite de oliva y parmesano adicional. Antes que me olvide, en caso estén antojados, también hay sorrentinos en la carta. 

El ossobuco de la casa (S/.35.00) impresiona por el tamaño de la porción y por esa textura que le da una larga cocción, la carne se desprende sin necesidad de usar tenedor. La pasta de acompañamiento es ligera, más no es necesario para no quitarle protagonismo al corte. He probado unos poco afortunados canelones de espinaca (S/.21.00) pues la verdura les jugo una mala pasada y terminó aguando la crema. Me va mejor con la lasagna napolettana (S/.36.00) aunque sufro, nuevamente, para acabar la porción. ¿No se los dije? Aquí sirven como si estuvieran en casa.

Suprema di pollo alla napolitana
La suprema de pollo (S/.35.00) se merece un párrafo aparte. Desde que estuve en Buenos Aires he vivido meláncolico tratando de hallar en Lima una verdadera "mila", sabrosa y contundente, cuyo tamaño ocupe la mitad del plato sin remilgos. La versión de Gambino es lo más genuino que se puede encontrar por estos lares. El empanizado es perfecto, crujiente y no se desprende al momento de cortarla. La salsa de tomate es la misma que se utiliza para las pastas y el topping de mozarella es generoso pero sin llegar al punto que empalague. De acompañamiento unas papas a la crema, lo justo y necesario para que uno se concentre en la milanesa. Sin exagerar, ya es candidato fijo a estsr en mi lista de platos favoritos del año.

Budín de panetón
También ofrecen postres en Gambino aunque sólo lo justo y necesario para cambiar el sabor de boca. El budín de panetón (S/12.00) con frutos secos es un postre que no recuerdo haber visto antes en épocas distintas a las de navidad. Más vistoso que el tradicional y con el toque preciso de caramelo. El tiramisú es una receta familiar: mousse de chocolate, crema chantilly y biscotelas borrachas al café. No hay ciencia pero si muchos recuerdos de infancia de parte del restaurador y lo divertido que es hundir la cucharita hasta el fondo para probar los tres sabores.

Me retiro de Gambino más que satisfecho. Es difícil encontrar restaurantes con una propuesta tan sencilla que cumplan lo que vengo repitiendo hace años: "Lo más simple es lo más difícil de lograr". Recetas tradicionales, preparaciones caseras y un dueño preocupado por guiar a sus clientes a través de una carta no muy extensa. Antes que me olvide, el local está decorado con motivos de la mafia italiana. Hay incluso una lista de mandamientos que deben cumplir sus miembros aunque yo agregaría uno más: comer pasta casera todos los días de tu vida. 

Gambino queda en San Borja Norte 491, San Borja.
Horario: Martes a sábado de 12.00 a 15.00. Cena 20.00 a 22.00
Teléfono: 224-2362

Ticket promedio: S/.50.00 por persona
Estacionamiento: Tres sitios disponibles. Mejor llegar temprano.
Volvería: Sí, es una buena alternativa en la zona.

domingo, 11 de junio de 2017

Astrid & Gastón (Las segundas partes son buenas)

Una nueva visita a Astrid & Gastón amerita actualizar el post original.

Detalle de la fachada.
Desde que Astrid & Gastón estableció su cuartel general en la Casa Moreyra me han hecho llegar diferentes comentarios al respecto. Algunos publicados en medios señalando sus virtudes, otros de amigos cercanos relatando situaciones inverosímiles, otros que leí en Tripadvisor pasando de la adoración al odio. Yo preferí esperar a que el restaurante encuentre su propio camino con el transcurrir de los meses antes de visitarlo. Para ser sincero lo que me motivó a visitarlos fue el descuento que ofrecía mi cuenta bancaria.

Como nunca es un jueves muy tranquilo y evadiendo el tráfico llego más temprano de lo que deseaba. No importa, me quedo tranquilo esperando en el carro y me divierto atisbando a los clientes. La mayoría son turistas, gente madura y uno que otro ejecutivo joven que no pierde la oportunidad de tomarse un selfie como recuerdo. Listo, es hora de entrar.

La anfitriona me recibe cordialmente y me invita a pasar al bar. Seguro desean que ordene un aperitivo mientras espero, más tomar alcohol no está en mis planes. Luego de unos minutos me conducen al salón, un ambiente con la cocina abierta al público. Observar al equipo en pleno trabajo no es una experiencia usual y veo que otros comensales piensan igual que yo porque cámara en mano registran la incesante actividad. Pequeño detalle, luego de algunos minutos el grito unánime que lanza el equipo de cocina (¡Oído!) cada vez que entra una orden, se convierte en una interminable letanía que podría sacar de sus casillas al más paciente. Digo no más.

Canastilla de panes. Mantequillas saborizadas
La carta es breve y sencilla de entender. Una veintena de entradas, entre las cuales hay opciones de bocadillos por unidad ideal para "tapear", otro tanto de fondos, con pastas, pescados, cortes de carne e incluso sartenes para compartir, y diez postres. De yapa, dos tipos de menú degustación. No hay ciencia en las opciones y veo que el denominador común es lo que afirmó Gastón Acurio hace varios meses: "una propuesta que, transitando por caminos sencillos, resalta el uso de productos de temporada"

Empieza mi jornada con la canastilla de panes (S/.15.00 por persona) de elaboración artesanal. Yo que vivo prendado de los panes de La Locanda confieso que acá tienen un competidor de lujo. Panes integrales, con frutos secos y de queso con papa, por unidad y por hogaza. Llegan tibios a la mesa y no demoro un segundo para probarlos con cualquiera de las tres mantequillas: ahumada de tomate, batida con sal de Maras y crema de palta con chimichurri. Les recomiendo disfrutar pacientemente cada variedad, usando los cinco sentidos e identificando el ingrediente principal. Yo feliz los repetiría, prescindiendo de las entradas, más algo me dice que luego no tendría espacio para enfrentar los fondos.

Anticuchos de pulpo.  Humita de maíz blanco.
Cuy pekinés. Butiwong
En la sección de entradas las butiwong (S/.42.00 por dos unidades) son lo mejor que he comido en lo que va del año. Una burger wagyu al punto medio, jugosa con un encurtido ligero aunque una rodajita de ají limo se me antoja un riesgo innecesario. Yo vivo por el picante pero este gusto no necesariamente es la regla. Sigo con el cuy pekinés (S/.28.00 por dos unidades), plato emblema del restaurante, son unos panqueques de maíz morado envolviendo un trozo de cuy con un topping de verduras encurtidas. La piel es crujiente, la carne muy suave y el sabor se complementa con los encurtidos. Los anticuchos de pulpo con especias tandoori (S/.56.00) guardan puntos de contacto con los que sirven en La Mar. Sin embargo, aquí los acompañamientos (lentejas en dos texturas, ensalada de hierbas y yogur verde) no le quitan protagonismo al pulpo. Termino con la humita de maíz blanco D.O. Urubamba (S/.21.00) Lo presuntuoso del nombre se explica desde el primer bocado. Es la humita más suave que recuerdo haber probado en todos estos años, tranquilamente prescindiría del adobo nikkei.


Pasta con erizos. Cochinillo confitado.
Sartenes: Lomito al jugo. Pato con arroz. 
Llega el turno de los fondos. Primero, un cochinillo confitado Lima (S/.98.00), ejecutado magistralmente con la piel crocante y la carne jugosa. De acompañamiento frejol negro que está en la memoria de cada comensal peruano y frutas encurtidas que aportan frescura. Tengan en cuenta que la porción tranquilamente alcanza para dos personas. Siguen los fideos con erizos (S/.78.00): pasta udon, yema cocida a baja temperatura y shishimi. Es un plato que me recuerda al huevo tibio de Matria, uno revienta la yema y va mezclándolo con los demás ingredientes aportando una deliciosa textura cremosa a la salsa. 

Esta vez me saqué el clavo ordenando las sartenes para compartir. Antes que nada, sé que alguien me dirá por qué vine a Astrid & Gastón a comer arroz con pato. La respuesta es que en la visita anterior ya evalué diversos platos y ahora como estaba en grupo el tenor fue ordenar platos para compartir. En la de pato con arroz (S/.156.00) se luce la pechuga de pato jugosa y con la piel caramelizada, la pierna no me convence tanto pero es la presencia del "concolón por arriba" la que me devuelve la fe.  Para redondear la experiencia platanitos fritos y vegetales encurtidos. En la sartén de lomito al jugo (S/.156.00) no hay mayor ciencia, es una versión XL de lo que se puede encontrar en Tanta con trozos más grande de lomo y papas nativas enteras.

Llega la parte más dulce de la cena con la bomba milagrosa (S/.44.00). Es una esfera de chocolate rellena de manjar, frutas, mazamorra morada, canutos y helado de turrón, todo bañado en miel de especias. El mozo espera pacientemente mientras grabo el momento con mi smartphone. Al final me divierto como niño de cinco años probando trozos de chocolate combinándolos con los distintos ingredientes. El maridaje perfecto es un café americano para equilibrar el (exceso) dulce. Es un postre recomendable para compartir y si son dulceros, de los contrario se pueden empalagar rápido. No fue mi caso porque incluso pedí miel adicional que el mozo accedió a traer de inmediato.

Bomba milagrosa. Antes y déspues.

El servicio fue muy correcto, los mozos estuvieron pendientes de lo que sucedía en mesa, listos para absolver consultas y manejando adecuadamente los tiempos de espera. Incluso se tomaron el tiempo de presentar los platos, detalle que siempre evalúo cuando asisto a un restaurante de marca. 

Astrid y Gastón sigue dejándome con buen sabor de boca pero sin llegar a impresionarme. No lo digo tanto por las expectativas ni la fama acumulada durante años, obvio que el nuevo equipo de cocina tiene que desarrollar un pensamiento propio. Lo innegable es con los precios de carta uno espera algo más que una experiencia promedio y más aún si recordamos que es parte de la lista 50 Best. Probablemente, como en Maido y Central, lo más recomendable sea ordenar el menú degustación aunque para ello debo separar un presupuesto aparte. Salvo que continúe la promoción con mi tarjeta bancaria.

Astrid y Gastón queda en Paz Soldán 290, San Isidro.
Horario: Lunes a sábado de 12.30 a 15.00, 19.00 a 23.00. Domingo de 12.30 a 15.30
Teléfono: 442-2775
Ticket promedio: Entradas: S/.28.00 - S/.68.00 Fondos: S/.38.00 - S/.98.00 
Postres: S/.34.00 - S/.44.00
Estacionamiento: Valet parking. Aunque si llegan temprano pueden cuadrar ustedes mismos su auto.
Volvería: Sí. Aunque el costo es alto la experiencia no deja de tener interés.

martes, 6 de junio de 2017

Xin Yan (¡En modo dim-sum!)

Hace tiempo una seguidora del blog me invitó a probar desayuno al estilo chino en un mentado chifa de Lima. No me hacía gracia desayunar a media mañana pero más pudo curiosidad por saber de que se trataba. La experiencia tuvo cierto interés pero la calidad de los bocaditos dejó mucho que desear. Si revelara el nombre del chifa de marras probablemente lo identifiquen como invitado frecuente de cierto programa gastronómico que (infelizmente) ya no se emite.

Con tales antecedentes no tenía muchas ganas de seguir repetir la experiencia pero uno de los seguidores más acérrimos del blog me pasó el dato de un nuevo restaurante en San Borja donde ofrecían dim-sum a toda hora del día. La gran ventaja, está a siete minutos de mi casa y me olvido de los riesgos de ir al Centro y, sobre todo, la pérdida de tiempo que genera el infernal tráfico limeño.

Siu Mai. Bolitas tailandesas.
Min Pao de Chasiu. Jacao
Cuando entro al local me quedo impresionado por el tamaño de los salones y la decoración sofisticada. ¡Claro! Acá funcionaba el Ganbei Yakiniku Grill. ¿Cómo es posible que no haya funcionado un concepto de "all-you-can eat" en Lima? El ambiente juega entonces a favor del Xin Yan porque no tiene nada que ver con esos salones austeros y desaseados a los que nos han malacostumbrado algunos chifas. La moza se acerca muy solícita con la típica carta de 300 platos y donde no pueden faltar los infalibles "menú para grupos" pero yo lo descarto de inmediato en favor de la carta china más una papeleta para ordenar los bocaditos.

Empezamos  los clásicos siu-mai de cerdo (S/.12.00), que resultan mejores a los bocadillos recalentados que sirven en cualquier chifa promedio. Los jacao (S/15.00) siguen la misma tendencia pero las bolitas tailandesas (S/.11.00) me dejan con un "silencio llenecito de pregunta". No veo la relación que tienen estos palitos crocantes con el nombre de la carta pero como entrada funcionan perfecto. Imaginen unos rollitos primavera con el mismo relleno del siu-mai pero en una presentación más delgada. Los min pao de cha siu (S/.10.00) funcionan pues el pan al vapor sirve como catalizador del aderezo del cerdo. Si desean probar algo nuevo tienen un cumplidor nomecai (S/.14.00), el famoso tamal chino de arroz, o unas costillas de cerdo guisadas al ajo (S/.12.00). Ambas opciones no son sencillas de encontrar y vale la pena darles una oportunidad.


Nomaicai. Albóndiga de res.
Costillas de cerdo al ajo. Lasagna de chasiu.
Obviamente no todo fue acierto, paso de las albóndigas de res (S/.15.00) porque no logro conectar con esa textura gelatinosa. Igual me va con la lasaña de chasiú (S/.14.00) aunque eso va más por un gusto personal. La masa fresca del sahofan y yo nunca seremos buenos amigos. 

Pero como el blogger no sólo vive de bocaditos tenía que dar un vistazo a los platos de fondo. Empiezo con una gallina salada (S/.48.00, media porción), que resulta la sorpresa de la noche. Aquí la carne es jugosa, la sazón es prolija y el sabor motiva a coger el trozo con los dedos y no desperdiciar ni una sola brizna de carne. El estofado de carne (S/.50.00) no ganará un premio a la mejor presentación pero cumple como novedad. Es un guiso de carne bien logrado con el nabo que le da un toque especial. Paso de los calamares aderezados a la plancha (S/.60.00), un plato árido y sin ambiciones. El cerdo picante con verduras (S/.40.00) se queda en el nombre. Si bien el recurso de armar un sanguchito con la panceta y el pan al vapor tiene algo de gracia (algo parecido se ofrecía en Madam Tusan) me niego a aceptar que el nivel de picante sea nulo. Vamos, si en la carta dice "platos picantes" yo esperaba encontrarme con ese infernal ají seco, típico de la comida de Sichuán. Termina la cena con fruta para refrescar el paladar aunque me voy con la espina clavada de no haber ordenado bocaditos dulces.

Gallina salada. Calamares aderezados a la plancha.
Estofado de carne con nabo. Cerdo picante con verduras.
Xin Yan me dejó buen sabor de boca en las dos visitas que le hice. La carta china está llena de sorpresas, la propuesta de bocaditos es variada y tiene una adecuada relación precio-calidad. Quizá el servicio a la mesa es algo relajado pero no es un aspecto en el que ningún chifa se destaque. Aún no he evaluado la carta cantonesa y tampoco pienso hacerlo en el corto plazo, la idea es bucar algo diferente a lo que ofrezcan otros chifas. Yo les recomiendo que acudan en grupo y se diviertan ordenando los dim-sum  para encontrar el favorito de acuerdo al gusto de cada uno. De paso que prueban algo nuevo también pasarán un buen rato.

¿Ya ven? Si antes pensaban que sólo en el centro están los chifas más tradicionales (léase vacas sagradas) pues resulta que existía una alternativa para ahorrarse el trabajo de ir hasta Lima por los bocaditos de marras. Punto para el blogger.

Xin Yan queda en San Luis 1950, San Borja.
Teléfono: 496-9065
Ticket promedio S/.50.00 por persona. Bocaditos S/.9.00-S/.15.00
Estacionamiento: En el sótano.
Volvería: Sí, exclusivamente por la carta china.

lunes, 29 de mayo de 2017

1087 Bistro (Sorpresas culinarias)

Piqueo Pachamama
Aún recuerdo cuando gracias a un seguidor del blog participé en una cena clandestina de 1087 Bistro. Eran los primeros ensayos que hacía el chef Palmiro Ocampo antes de inaugurar formalmente el restaurante. Aquella vez quedé gratamente impresionado por  un menú de cinco pasos donde la presentación de los platos y la variedad de ingredientes usados denotaban una propuesta diferenciada. Además tener la oportunidad de conversar con el chef y escucharlo hablar de su amplia trayectoria fue muy gratificante. Tuvo que pasar mucho tiempo para el restaurante abriera sus puertas y varios meses más hasta que yo decidiera visitarlo.

Comienza la cena probando uno de los mejores abrebocas que se puede encontrar en el mercado (y sin costo alguno). En lugar de ofrecer los pancitos de marras aquí ofrecen el piqueo pachamama: hojuelas de tubérculos con aioli de chicha de jora y maracunorias (no me pregunten que son, hasta ahora no lo he descubierto). Diferentes sabores, texturas y colores para disfrutar en cada bocado. Me hubiera pasado toda la noche comiendo esto sin pedir nada más pero no he llegado tan lejos para quedarme en el abreboca.  

Pizzeta. Lengua y concha.
Alitas BBQ palo santo. Taco de verano.
Empiezo por algo sencillo, una pizzetta (S/.35.00) que me conquista por el aroma de las hierbas frescas, y la adecuada combinación de higos y jamón. Pero como todo no es felicidad en esta vida fallan en la masa, obligatorio pedir cuchillo de sierra para cortar una porción. El tiradito de lengua y concha llega cortesía del chef, en porción para degustar. Inesperada fusión mar y tierra, donde la frescura de la concha se integra con la lengua de res en una leche de tigre muy ligera. Las alitas BBQ palo santo (S/.24.00) son la opción ideal para compartir, las alitas han sido deshuesadas y se acompañan de un cremoso puré de frijol negro. El punto de ahumado tiene que manejarse con precisión quirúrgica o el plato se convertirá en un homenaje al mes de octubre. El taco de verano (S/.17.00) llega en dos variantes. La primera, panceta con salsa chipotle y espuma de yuca funciona sin problemas, aunque la dureza del cerdo demuestra que se pasado un punto de cocción. La segunda con huevera y puré de arveja si fue un riesgo que no debí correr. Mi niño interior se desespera, hasta ahora no logro vencer ese terror infantil que le tengo a las arvejas y por más esfuerzo que hago es imposible terminarlo. Vade retro.

Brócoli Pachikay.  Ñoquis de maduro
Palmiro Ocampo aparece y me reta a probar el brócoli Pachikay. Intento ser lo más diplómatico que puedo para no confesarle mi odio hacia esa verdura pero él insiste en que si no me gusta no la pago. Lanzo un suspiro de resignación y ataco el plato sin muchas ilusiones. El plato es un "what you see is what you get": medio brócoli cocido regado con aceite hirviente de ajonjolí y chips de ajo frito. Le doy crédito a la crema hecha con los tallos pero cuando pruebo la verdura entiendo que seguirá por un largo tiempo en mi lista de ingredientes proscritos. Los ñoquis de maduro (s/.46.00) me devuelven el sentido del gusto y disfruto esas bolitas de plátano y cecina cubiertas con polvo de chorizo amazónico. Sin embargo la reducción de hoja de bijao y crema de leche me empalaga rápidamente. Mejor pídanlo como un piqueo para compartir y prescindan del queso parmesano, es en serio. 

Hamburguesa Fat Duck
En los últimos días he visto varias fotos de la hamburguesa Fat Duck (S/.33.00) desatando toda clase de expresiones de admiración. No quiero ser pinchaglobo pero es sólo una versión clásica de hamburguesa hecha con asado de tira, lechuga, tomate, queso cheddar y tocino. La novedad es el pan brioche pero apenas ha pasado un minuto y ya se estaba deshaciendo, está claro que no ha resistido los jugos de la carne. El jefe de salón intuye que algo sucede y se acerca con una sonrisa tipo "¿quieres-ser-mi-amigo?", la misma que desaparece cuando le doy mi opinión sincera. Por las credenciales del restaurante esperaba una solución pero se limita a repetir la típica frase: "tomaremos en cuenta sus sugerencias". Me consuelo devorando las "papas chicharrón". Encontrar papas fritas "de verdad" (y no esa versión precocida y ultracongelada que es casi una pandemia) es como sacarse la lotería. Son las papas Huamantanga más crujientes de todo Lima, hasta la cáscara, pero con un interior cremoso. Si a eso le agregamos las salsas artesanales: el kétchup de maracunoria (¿Otra vez?) y la salsa secreta de Palmiro tengo ya un candidato seguro a figurar entre mis platos favoritos del 2017.

Esferificación de yogur. Torta de chocolate.
El postre viene en forma de una torta de chocolate (S/.32.00). Me dicen que puedo escoger que chocolate usarán en la salsa me emociono pero cuando llega a la mesa intuyo que no es un postre sencillo de entender. Sí bien ya estoy cansado de ver tortas recubiertas de ganache tampoco esperaba esta versión deconstruida  aunque le concedo el crédito al helado de vainilla artesanal y a la ceniza de mandarina que aporta un toque diferente. De cortesía me ofrecieron una esferificación de yogur, pétalo encurtido y granita de maracuyá. Lo divertido son los chisguetes con infusión cítrica que uno debe pulverizar en boca antes de comer el postre. Me recuerda a los caramelos Soda Mix pero aparentemente el mozo no debe haber tenido infancia porque los retira antes que pueda decir nada. También he probado sus limones confitados, aunque luego de haberme deleitado con la receta original de las monjas, estos sólo quedan en buenas intenciones.

Interesante propuesta de Palmiro Ocampo con una carta novedosa que sigue la tendencia mostrada en sus cenas clandestinas. Por ahí se escapan algunos errores en la ejecución que afectan la experiencia y, al menos por los precios de carta, pueden dejar un sinsabor de boca. Yo les recomiendo que pregunten concienzudamente a los mozos respecto a los ingredientes y al modo de preparación y así disminuir el factor sorpresa al mínimo. Como todo restaurante de autor la carta varía rápidamente y eso da la oportunidad de vivir una experiencia diferente en cada visita. Yo me retiro medianamente y convencido que lo más simple es lo más difícil de lograr.

1087 Bistro queda en Av. Conquistadores 1087, San Isidro.
Horario: Lunes a sábado de 12.30 a 15.30 y 19.30 a 23.00
Teléfono: 977 741 746
Ticket promedio: Entradas S/16.00-S/.60.00 Fondos S/.38.00-S/.67.00 Sándwiches S/.24.00-S/.33.00
Estacionamiento: En plena avenida Conquistadores sería un milagro pero si llegan temprano hay esperanza.
Volvería: Puede que sí, puede que no.

viernes, 19 de mayo de 2017

Papi Carne (The B-word)


Un riesgo inherente a los nuevos foros gastronómicos es el que sus recomendaciones terminen convirtiéndose en un bluff. En el afán de conseguir popularidad es fácil escribir reseñas exageradas o fabricarlas con la mejor "buena onda" posible. Pero si uno se esfuerza por cribar cuidadosamente la información puede encontrarse uno que otro dato útil para anticipar si justifica o no visitar un restaurante. En lo que va del año ya había leído varias reseñas sobre Papi Carne pero fueron dos artículos escritos por periodistas especializados los que me motivaron a visitarlo.

La calle donde se ubica este local no invita a desafiar a la mala suerte estacionando el carro sin ningún tipo de vigilancia. Yo preferí dejarlo en una playa y llegar caminando con el optimismo al tope, aunque siendo hora de almuerzo la zona se ve (y se siente) menos insegura. Una pizarra pintada con tizas de colores identifica al restaurante y cuando entro toda mi emoción se esfuma. La capacidad del local es para 12 personas acomodadas en tres mesas al mejor estilo de piezas de Tetris. Sí ya sé, "Blogger seguro que quieres mantel blanco". Para nada, lo que me incomoda es que ni siquiera puedo pararme a tomar una foto sin interrumpir el libre tránsito del local.

La carta tiene tres secciones bien diferenciadas: alitas, hamburguesas y sándwiches. En cada presentación se puede identificar lugares comunes como el uso del tocino y el queso cheddar, pero también toques inesperados como la mostarda de manzana y el kimchi casero. Acá todo invita a experimentar y a vivir nuevas experiencias. 

Korean Spice. Caesar Aurelius.
Papi-Q Bacon Burger. Pulled Pork.
Comenzamos con sendas porciones de alitas (S/.15.00 por seis unidades). La ejecución cuidadosa resulta en un bocadillo crujiente y jugoso. Felizmente no han caído en el vicio de embadurnarla en salsas, al contrario, sólo le dan un toque y las presentan con un adicional de verduras o frutas. Las Korean Spice se sirven con piña salada, pero me decepciona no encontrar el picante que hubiera sugerido el nombre. Las Caesar Aurelius siguen el mismo tenor, la cantidad exacta de sazón y salsa para que el sabor del pollo no quede en segundo plano. Me imagino estos platos acompañado de una cerveza artesanal como un excelente piqueo de viernes. 

Antes de continuar debo hacer una breve anotación. La hamburguesa está hecha al estilo americano: asado de tira picado gruesamente sin ningún tipo de sazón. Así como en Pun Kay las comidas se comen sin sillao, aquí mejor no se atrevan a pedir sal porque los mirarán extrañados. Generalmente el punto de sal no es un factor de evaluación porque depende del gusto de cada uno pero aquí es necesario mencionarlo para que no haya sorpresas.

Papi Burger
La Papi-Q Bacon Burger (S/.32.00) promete una experiencia abrumadora incluyendo tocino ahumado, doble queso, pickles, salsa papi-q black, cebolla y tomate. Hay que dar un mordisco lo suficientemente grande para probar la carne con todos los ingredientes aunque es una tarea harto complicada por el grosor y la cantidad de toppings que lleva. Y eso puede ser un démerito, es incómoda comer un sándwich que va a terminar desarmándose por más esfuerzo que hagan. Igual un bocado es suficiente para entender que no habrá una epifanía de las hamburguesas y tampoco cometeré la herejía de pedir "mas salsas". La Papi Burger (S/.25.00) no trae mayor novedad, es el equivalente a una cheeseburger común y corriente, pero ese ya es un error mío por no leer bien la carta antes de pedirla. Igual me sirve para confirmar mi percepción inicial, mientras menos ingredientes menos sabor le van a sentir a la hamburguesa. Las papas vienen en doble cocción, crocantes por fuera, arenosas por dentro, listas para sumergir en cualquiera de las salsas artesanales, el complemento ideal que uno espera de una propuesta diferenciada.

En el sándwich de pulled pork (S/.29.00) la proteína sobrevive a tamaña lista de ingredientes: salsa carolina, pickles, cebolla roja, ensalada de col y aioli de limon. Sólo por el sabor y el ahumado del cerdo deshilachado lo calificaría como un descubrimiento del año pero fallan en lo más simple, el pan no soporta el exceso de humedad y termina desarmándose. Imposible terminar de consumirlo sin cubiertos. La llegada de más clientes despierta mi lado compasivo, es momento de pedir la cuenta y emprender la retirada. 

Papi Carne es de esos sitios que yo sólo visito para sacarme el clavo y dejar que evolucione en el mediano plazo antes de regresar. Me alegra encontrar una hamburguesa correctamente ejecutada que si bien no calificaría como "la mejor" sí es una opción diferente para compararla contra su lista de favoritas. El servicio podrá ser muy amistoso pero no quiero imaginar cómo se las arreglarán en hora punta, teniendo en cuenta que también ofrecen las hamburguesas para llevar. Por el tamaño del local mejor es ir sólo o en pareja aunque probablemente los inviten a compartir mesa. Quedan advertidos.

Papi Carne queda en Dante 348, Surquillo.
Horario: Lunes a viernes 19.00 a 23.30. Sábado de 12.00 a 23.00
Precios: Wings S/.28.00 la docena. Burgers: S/.25.00-S/.35.00 Sandos: S/.22.00-S/.29.00
Estacionamiento: Por la zona bien difícil que encuentren. Mejor lleguen usando su app favorita de taxis.
Volvería: Quizá cuando se muden a un local más amplio.

domingo, 14 de mayo de 2017

Italian Food (El rico bluff)

Para escribir esta reseña me prometí olvidar todo lo que había leído sobre Italian Food durante los últimos meses en El Rico Dato. Sí, borré de mi mente todas las expresiones desaforadas calificando su pizza como "la mejor del  mundo mundial" o dándole "1000 puntos" (¿Qué ránking es ese?) e incluso de aquellos posts desesperados solicitando mayor referencia porque no lograban ubicarla. ¿Tanta alharaca por una pizza?

"Hay cola. Tiene que ser bueno"
El viernes pasado mi hermano me escribió emocionado al celular: "Renzo ha salido un artículo de un italiano que hace pizzas artesanales. Vamos para que escribas de él en tu blog" Dentro de mí rogaba a todos los santos que no fuera la pizzería de marras pero cuando me envió el link solté un suspiro de resignación. No quise desilusionarle mencionando la alta probabilidad que nos encontremos con un bluff y sólo accedí con la única condición que él lleve su carro. Encontrar estacionamiento en la avenida Villarán no es una tarea muy grata.

Con dirección y todo sé que muchas personas no han logrado ubicarse. No los culpo, casi todos los locales de la zona tienen el mismo tamaño y formato e incluso hay otra pizzería muy cerca. Pero si alguien desea mayores indicaciones Italian Food queda exactamente en la salida posterior de Inkafarma de Villarán en un pequeño local de rejas azules. Sí aún así no se orientan pues sólo guíense por la cola de gente esperando.

El pizzaiolo en acción
Es necesario mencionar algunos detalles antes de evaluar la pizza en sí. La mecánica del local es sencilla: hay dos colas, una para ordenar y otra para recoger el pedido. Las pizzas se hacen al momento y se cocinan de seis en seis pues el tamaño del horno no permite más. Para acelerar el proceso de atención sólo ofrecen cinco variedades de pizzas y ya no existe el tan alabado formato de "arma tu pizza". Si bien hay algunas bancas para hacer más llevadera la espera no hay manera de consumirla in situ. O la comen en el carro o la llevan a casa pero recuerden que mientras más tiempo pase la pizza se enfriará y perderá su integridad. 

Yo no creo en las colas ni en esperar para que te sirvan comida pero mi hermano insiste en que no hemos llegado tan lejos para rendirnos. Una hora y 20 después aparece la tan mentada pizza. Cuando veo algunas tajadas perdidas de fiambre me pregunto si se le puede llamar carnívora. Pero no seamos negativos, esa masa delgada es elogiable pues se aleja de esa odiosa textura de galleta que algunos suelen considerar una virtud. La salsa de tomate sigue el mismo tenor pero... ¿acaso es suficiente para justificar el rótulo de "la pizza de la que todos hablan"?

Pizza carnívora
Hay que ser justos con Italian Food, sería mezquino de mi parte compararla frentea mis pizzas favoritas, aunque logro entender la fruición en cada recomendación escrita. Para un sector de público acostumbrado a pizzas de franquicia atiborradas de toppings (y con borde relleno de cabanossi) puede resultar toda una revelación. Pero si alguien ya está familiarizado con el concepto de lo artesanal no encontrará mucha novedad. En todo caso yo la recomendaría sí y sólo sí viven cerca de la zona y pueden sacarse el clavo sin mayor esfuerzo.

Nunca probé las pizzas que se ofrecieron en el carrito original pero si el éxito generado por el boca a boca motivó a esta pareja a lanzar un local propio y subir sus precios entonces me pregunto qué tan bueno fue el cambio. ¿Se acuerdan cuando todos rajaban del "efecto Gastón" y cómo "malograba" ciertas propuestas? ¿Y ahora qué hacemos? ¿Nos molestamos con nosotros mismos?

Italian Food queda en Plazuela El Sauzal 142, Surquillo. Altura de la cuadra 9 de Villarán.
Horario: Martes a domingo de 18.30 a 23.00
Ticket promedio: S/.14.50 personal, S./26.50 familiar
Estacionamiento: No.
Volvería: No.

domingo, 7 de mayo de 2017

Jin Ying (¡Sale caliente!)

"A mí con todas las salsas"
Hace años, cuando ni siquiera pensaba en tener un blog de gastronomía, mi ruta de vuelta a casa incluía una caminata por la avenida San Luis. Entre el bullicio de los autos y la gente siempre me distraía cuando pasaba junto al chifa Dong Hai. Nunca faltaba un grupo de comensales chinos sentados en una mesa redonda que tenía una olla en medio en medio conteniendo quién sabe qué mejunjes. De no haber sido por una pésima experiencia en ese chifa de marras ya me hubiera sacado el clavo preguntando qué diantres era esa olla..

Cuando abrí y el blog y aprendí un poco más sobre comida china la voz autorizada del tema me desaconsejó probar el fo-wo. ¡No puede ser! Algo bueno debía tener este plato que tanta efusión despertaba incluso entre chefs conocidos que no paraban de recomendármelo. El puntillazo final vino de parte de una seguidora del blog qué con foto y todo me hizo saber de lo que me estaba perdiendo.

Nunca se me hizo tan difícil empezar una cena.
Llego al chifa Jin Ying sin problemas. El tráfico en San Borja a las 6 de la tarde no es pan comido más si uno conoce los atajos correctos es fácil evitar la congestión. La moza me conduce al segundo piso donde están los ambientes privados para consumir el fo-wo. Genial, los #viciolovers ya están esperándome. La puntualidad alemana (diez minutos antes de la hora) es característica esencial del grupo.

El mozo nos explica pacientemente como funciona el sistema. Cada uno dispone de una cocinilla individual donde verterán un caldo que, apenas empiece a hervir, servirá para cocinar todo los ingredientes que irán trayendo. En la mesa hay diez tipos de aderezos que van desde la pachikay y la salsa de maní, hasta el ají limo y culantro. Material suficiente para que cada uno dé rienda suelta a su creatividad en las combinaciones de salsas para acompañar los cortes de carne, mariscos y bocaditos.

"Man vs. Food"
Cocinar el fo-wo no es difícil. Cada comensal dispone de un cubierto en forma de canastilla, un plato para poner los ingredientes cocidos y un pocillo para las salsas. Lo idea es empezar con mariscos, continuar con verduras y carnes (res y cordero). Estas se dejan para el final porque después de cocinarlas el caldo adquiere un color turbio. El caldo no se toma porque contiene los residuos de todo lo que se ha ido sancochando, aunque ya depende del gusto de cada uno. Además el caldo se va evaporando por el constante hervor y hay que avisar al mozo para que lo reponga. De lo que se trata es cocinar lentamente cada corte o verdura al gusto y no emocionarse comiendo, por ejemplo, siu kao. La idea es disfrutar los distintos sabores y textura acompañando de la salsa que tienen a diposición.

Cabe agregar una ventaja de tener cocinillas individuales a diferencia de lo que he visto en otros chifas. Cada persona tiene gustos diferentes respecto a los ingredientes y también un ritmo propio para comer. No me imagino como hubiera funcionado esto de tener una sola olla. Una recomendación final, en este chifa van sacando las bandejas de ingredientes de golpe sin preguntar. En algunos casos hay vísceras o verduras y si no los van a consumir devuélvanlos de inmediato a la cocina para no desperdiciar. Si desean repetir alguna opción pueden solicitarla sin problemas, al menos eso fue lo que ofreció el mozo y lo cumplió al pie de la letra.

¿Alguien dijo postre?
Cuando llamé para hacer la reserva me dijeron que el costo del fo-wo también incluía postre pero ya estoy acostumbrado a que en los chifas este suela ser el aspecto más débil. Gran equivocación la mía porque aquí sí que se lucieron. 

Primero con unas rodajas de sandía para refrescar el paladar y unos trocitos de gelatina tricolor, al mejor estilo de fiesta infantil. Vamos, el que menos se emociona evocando esos momentos y yo no fui la excepción. Pero aún faltaba otra bandeja, esta vez con un correcto min pao relleno de coco y man tou (min pao sin relleno), un trozo de suave masa acompañado de leche condensada para que uno lo unte al gusto. Créanme que hubo una pequeña escaramuza entre los asistentes por el pocillo que contenía la leche condensada.

La experiencia en el chifa Jin Ying fue muy satisfactoria. No sólo por la oportunidad de probar algo nuevo, sino que, en términos generales, la relación calidad-precio estuvo completamente justificada, y además el servicio fue impecable en todo sentido. Con tantos ingredientes y salsas a disposición está claro que no he probado ni la mitad de combinaciones posibles y es muy probable que vuelva en el corto plazo. Aunque será cuestión de esperar que llegue el invierno ¿O no?

Chifa Jin Ying queda en Av. las Artes 388, San Borja.
Horario: Lunes a domingo de 11.00 a 24.00
Ticket promedio: El fo-wo cuesta S/.60.00 por persona.
Teléfono: 2243263. Es recomendable hacer reserva.
Estacionamiento: En plena calle. Mejor dejen el auto en La Rambla.
Volvería: Sí, vale la pena repetir.

martes, 2 de mayo de 2017

Nagoya (Ruta nikkei)

Barra kaiten
Hace un par de semanas recibí un correo invitándome a la inauguración de Nagoya, un nuevo restaurante nikkei ubicado en el edificio Capital. Lamentablemente la hora de la cita se cruzaba con mi jornada laboral y no pude confirmar mi asistencia. Felizmente algunos restauradores son comprensivos y tuvieron la amabilidad de dejarme escoger otra fecha para conocer su propuesta.

Contra toda esperanza logro evadir el infernal tráfico del óvalo Monitor y llego a la hora indicada. Cuando entro al local es difícil no impresionarme con la decoración en forma de espiral que recibe a los comensales de su barra libre. El maitre se presenta y me invita a recorrer los diferentes ambientes del restaurante. Está la barra kaiten con  capacidad para 18 personas y una cinta rodante donde pasan los platos para que uno se sirva al gusto. El salón principal tiene una decoración sofisticada y elegante, ideal para un almuerzo ejecutivo. Al fondo una barra donde se preparan tragos de autor y un lounge ideal para quienes deseen disfrutar un after-office. En el segundo disponen también de un amplio ambiente que puede reservarse para un evento corporativo. Definitivamente han pensado en todo tipo de clientes para desarrollar su propuesta.

Tiradito de atún. Degustación de nigiris.
Wakame salad. Ceviche moriawase.
La aventura empieza con un tiradito de atún (S/.38.00). Las láminas de pescado están marinadas en una salsa de ostión y maracuyá, lo suficientemente ligera para no interferir con el sabor del pescado. El topping de nabo y kiuri aporta textura y el toque lúdico se lo da unos hilos de camote. En cuanto a los nigiris el andino (S/.18.00) es una sorpresa por el uso de hierbas andinas, aunque deben manejarse con cuidado para que los sabores intenso del chincho y el huacatay no dejen en segundo plano al pescado. Los nigiris de atún flambeado (S/.20.00) y de salmón (S/.20.00) cumplen con mis expectativas: frescura del pescado y textura correcta del arroz.

Me sorprenden con una wakame salad (S/.20.00),  ensalada hecha con wakame, agar-agar y yuyo con aliño nikkei Yo no soy vegetariano, ni creo llegar a serlo, más esta ensalada es lo que yo comería feliz diariamente. No para de dar un bocado trás otro hasta dejar vacío el plato. Con el paladar limpio me enfrento a un cebiche moriawase, en teoría un cebiche mixto de pescados y mariscos, con una leche de tigre donde el kión marca una sútil diferencia. Como no traje un riesling para maridar este plato.

Pancito con chicharrón. Pulpo solterito.
Gyozas. Yakimeshi de mariscos y salmpón
Llegan las entradas calientes y me toca probar el pulpo solterito (S/.38.00). Bien trabajado el pulpo tiene una textura suave y sobrevive a la sazón anticuchera. La idea de acompañarlo con un solterito es novedosa y funciona para mi gusto. El pancito con chicharrón (S/.36.00 por tres unidades) es un recurso conocido en los restaurantes nikkei. En este caso el cerdo ha sido cocido durante 48 horas logrando un sabor intenso que se contrapone a la chalaquita fresca. Punto aparte para el pancito al vapor, textura de min pao y sabor neutro que integra todos los sabores. Las gyozas Nagoya (S/.30.00 por seis unidades) rellenas de langostino y cerdo son el bocado justo para cerrar esta parte de la cena.

Aún falta evaluar los fondos y me traen un yakimeshi de mariscos y salmón (S/.48.00). Los mariscos están al punto pero extraño la textura melosa del arroz, aunque los restaurantes nikkei suelen prescindir de este detalle para adaptarse más al gusto peruano. La panceta de cerdo (S/.52.00) es un plato que no amerita mayor comentario pues el corte ha sido bien trabajado pero sí me alegra encontrar un puré de camote bajo en dulzor, muy lejos del postre navideño que suelen presentar algunos restaurantes. Algo así como la manía de servir "camote glaseado" con el ceviche.

Coco montado
Termina la aventura, y no podía ser de otra manera, con un vistazo a la carta de postres. Entre la decena de opciones puedo identificar una tendencia hacia los postres peruanos tradicional con uno que otro ingrediente oriental. Yo me voy a lo simple y elijo un coco montado (S/.24.00), la tradicional crema volteada. La receta está bien ejecutada pero el coco rallado en la base me devuelve a la infancia cuando mi madre preparaba este postre y yo dejaba la "costrita" para el final. Parece que han investigado previamente mis gustos porque luego me traen una choconache (S/.26.00), clásica torta de chocolate rellena de fudge, ganache y mousse de chocolate. La clave está en el uso de chocolate bitter de alto porcentaje y por eso la considero presencia obligada en cualquier lista de tortas de chocolate de Lima. 

No puedo cerrar el post sin hacer mención a la barra libre kaiten (S/.58.00) Por un solo precio se puede escoger entre diez variedades de makis, algunos muy conocidos como el acevichado, el furai y el California, aunque también hay opciones creativas como el vegetariano. Además esta propuesta incluye ilimitadamente ensaladas y platos calientes como el misoshiru, el yakimeshi y los wraps de pato pekinés. 

Me sorprende encontrar una propuesta tan ambiciosa como la de Nagoya. A pesar de haber probado varios platos me faltó conocer la sección llamada "La picantería", que cuenta con un chef y equipo de cocina independientes encargados de preparar platos criollos o pescados enteros al gusto del cliente. Está claro que amerita una segunda visita en el corto plazo. Eso sí, mientras no sea en hora punta.

Nagoya queda en Edificio Capital Golf. Circunvalación 154, Surco.
Horario: Lunes a sábado de 12.00 a 24.00 Domingos de 12.00 a 17.00
Ticket promedio: S/.80.00 por persona.
Teléfono: 514-9800
Estacionamiento: Amplio. Cuenta con valet parking.
Volvería: Sí, me gustaría probar su oferta de barra libre.