domingo, 16 de julio de 2017

El Bodegón (Domingo de celebración)


¡Que tal domingo! Hoy me levanté a primera hora para ver la final de Wimbledon en vivo y no perderme un solo punto. Confieso que estuve con los nervios de punta hasta que llegó el matchpoint. Un torneo más en el palmarés de Roger Federer, la leyenda viviente, que sigue aumentando su lista de récords. Sí, ya sé, a qué viene el comentario deportivo si este blog es de gastronomía. Muy sencillo, estaba tan feliz con la victoria de mi ídolo deportivo que el almuerzo tenía que ser igual de memorable. Nada mejor entonces que visitar El Bodegón, la nueva propuesta de Gastón Acurio.

Llego manejando pacientemente por las insufribles calles de Miraflores. Transitar en el distrito de marras es toda una prueba de tolerancia para los automovilistas. Sin embargo la Providencia me recibe con los brazos abiertos porque encuentro estacionamiento en la misma puerta del restaurante. A renegar a otro lado, blogger. 

Sánguche de panceta. Croquetas cremosas.
Pulpo a la brasa.
El Bodegón se autodefine en su página web como "una taberna limeña, un punto de encuentro y de tertulia". Yo encuentro un local pequeño con mobiliario sencillo, mesas de mármol y decorado con fotos evocando los años 80. La carta es sencilla y transcurre entre opciones para picar, platos de fondo para compartir y una amplia selección de cócteles y licores.

Empieza mi jornada con un espectacular sánguche de panceta al cilindro (S/.18.00), candidato firme a estar en mi lista de favoritos del año. La panceta es un corte muy noble, si la cocción es adecuada el resultado es impresionante. La carne es jugosa, la textura suave y el pellejo muy crocante. El toque preciso viene en forma de una sarsa criolla que aporta frescura y un crujiente pan francés como recién salido del horno. Sigo con una croquetas en punto de adobo (S/.19.00), cuatro bocadillos de bechamel rellenas de adobo de cabeza de cerdo. Crujiente por fuera, cremosas por dentro son tan sabrosas que podría prescindirse del aioli que las acompaña. El pulpo a la brasa con albahaca y papa amarilla (S/.29.00) es un plato que se defiende solo.  Si manejan la técnica precisa para conseguir que el pulpo este suave el resto es mero trámite. 

Manchapecho. Rigattonis en tuco limeño.
Arroz con chancho. Café americano
Sigo con los platos de fondo y, con mucha suspicacia, ordeno un manchapecho (S/.28.00). En lo que va del año he probado dos versiones mediocres de este plato y tenía que sacarme el clavo. ¿Qué les puedo decir? La carapulcra es intensa y condimentada, una textura consistente resultado de una cocción tradicional. Pero es la sopa seca la que me devuelve la fe, los fideos no sólo tienen una sazón correcta también vienen un punto más que al dente, una cualidad muy difícil de encontrar en los restaurantes de Lima. El arroz con chancho a la antigua (S/.28.00) no es para estómagos débiles. Lleva diferentes cortes y embutidos de cerdo, así como variedad de verduras. Podría ser excesivo pero también divertido porque en cada cucharada encontrarán un bocado diferente. Mi única sugerencia es que indiquen al mozo que les sirvan la ensalada criolla aparte. Para terminar ordeno unos rigattonis en tuco limeño (S/.32.00) ¿Alguien se acuerda de los canutos de la Feria del Hogar? Bueno, aquí los tienen de vuelta sólo que en una versión casera y con un acompañamiento de lujo: medio pollo al cilindro de cocción prolija e interior jugoso. Para los más nostálgicos deberían ofrecer tenedores de plástico y así recordar aquellas épocas felices de infancia. Les garantizo que sería un éxito.

Torta de chocolate de santo
El broche de oro llega en forma de una torta de chocolate de santo (S/.12.00) doble relleno de manjar y fudge a raudales. Es la torta soñada del comensal peruano, quizá un toque más dulce de lo que esperaba más se equilibra con mi invariable café americano sin azúcar. En la creme brulee de Astrid (S/.16.00) aún debe trabajarse el punto. Queda en la mira los demás postres, sobre todo el intrigante "cuando la vida era sublime" Mi consejo, guarden espacio, las porciones son igual de generosas que los platos de fondo.

La propuesta del Bodegón me deja más que satisfecho. Los platos vienen en porciones suficientes para compartir (es recomendable ir en grupo) y la relación precio-calidad es excelente. Sugiero ir con paciencia pues la novedad ha despertado una oleada de clientes ansiosos aunque el equipo ha sabido arreglárselas para que no perjudique la velocidad de atención y la calidad del servicio. Vale la pena agregar que el personal de salón es muy atento, no sólo conocen cada plato al dedillo, también se las arreglan para actuar con familiaridad y hacer comentarios simpáticos sin llegar a la impertinencia. Me voy con ganas de volver pronto pero esta vez junto a los #viciolovers. Palabra de blogger.

El Bodegón queda en  Tarapacá 197, Miraflores.
Horario: Lunes a sábado de 12.00 a 24.00. Domingos de 12.00 a 21.00.
Teléfono: 444-4704
Ticket promedio: Entradas S/.16.00-S/.29.00 Fondos: S/.28.00-S/.32.00 
Postres: S/.12.00-S/.16.00
Estacionamiento: Complicado. En los alrededores.
Volvería: Sí, aún hay varios platos que debo seguir evaluando.

martes, 4 de julio de 2017

Pico y Tapa (En modo tapeo)

Pudiera equivocarme en gran estilo pero me atrevería a decir que Miraflores es el distrito donde aparecen las propuestas gastronómicas más variadas. Cafeterías, pastelerías, restaurantes de pastas, veganos y ahora una nueva propuesta de comida española que busca convertirse en "un punto de encuentro para los españoles y un puente de unión entre Perú y España"

Decir que llegué caminando feliz del vida a este local sería una reverenda mentira. Me agobia este distrito lleno de prohibiciones para el automovilista. El serenazgo está atento a darte un pitazo apenas te detienes, los ciclistas te cierran con descaro y los peatones te miran con odio si osas pasarte un centímetro de la cebra. Sin embargo todo cambia cuando entro al local de Pico y Tapa. El ambiente de fiesta, una combinación de música española y conversaciones animadas, me remite más a una taberna que a un restaurante. Pareciera que nadie tiene problemas aquí y todo están con ganas de marcha. Estamos en la misma onda, total la comida para mí siempre será una fiesta. 

Croquetas, ensalada rusa, flamenquines, tortilla española.
Comienza la jornada con unas tapas de jamón ibérico, una entrada sencilla donde la calidad del insumo lo es todo. Seguimos con una tabla para picar. Ensalada rusa, plato veraniego muy parecido a la versión peruana aunque prescinden de la beterraga, croquetas hechas de bechamel y jamón ibérico, crujientes por fuera, cremosas por dentro y flamenquines, enrollado de lomo de cerdo con jamón ibérico que me supo muy bien aunque el empanizado aún puede mejorarse. La tabla también incluía tortilla española más no iniciaré una discusión bizantina sobre la calidad. Siendo un plato tan diverso cada persona tiene su favorita y yo la evalúo como parte del conjunto. Suficiente con que me traigan pan y harto aceite de oliva. Me invitan también un bonito escabechado pero debo advertirles que no tienen nada que ver con la receta peruana. Aquí el bonito crudo se deja macerando en una mezcla de aceite de oliva y vinagre y se acompaña de verduras. Lo recomiendo si quieren experimentar con nuevos sabores.

Detalle del cachopo
Confieso que esperaba un plato para compartir como la paella o unos callos a la madrileña más lo que llegó a la mesa me dejo sin palabra. Este plato tranquilamente pudiera haber aparecido en una emisión de Man vs. Food. El cachopo es típico de Asturias, son filetes de ternera rellenos de jamón y queso, empanizados y fritos. Seis reverendas porciones sobre una cama de papas fritas. Felizmente había traído una botella de vino de La Riopja, de lo contrario ni siquiera hubiera pasado de la primera porción. Es ideal para compartir entre amigos, dudo que hay alguien sueñe en terminarlo sin ayuda. Y yo que pensaba que nadie podría derrotar a la milanesa de Gambino.

Cualquiera diría que después de tamaña escaramuza ya no habría espacio para postre pero eso es una falacia. Me ofrecen una manzana al horno y acepto con desgano porque es un postre que mi mamá nunca preparó bien. Sin embargo la receta de Pico y Tapa va más allá de la receta casera. Esta manzana viene rellena de arroz con leche sobre una crema de turrón. Cada bocado es poco menos que un placer culposo y da ganas de repetir. Terminamos con una tarta de la abuela: capas de galletas intercaladas con crema de vainilla y chocolate. Lo justo para acompañar mi café americano. 

Manzana al horno. Tarta de la abuela.


Me retiro feliz y relajado de Pico y Tapa. La comida estuvo sabrosa, el vino le cayó de perillas y la compañía mucho mejor. El ambiente y la disposición de las mesas invita a venir de noche en grupo de amigos para disfrutar un buen momento. Me dicen que entre semana a la hora de almuerzo ofrecen un menú muy cumplidor pero será para otra ocasión. Igual siento que esa carta merece otra visita, postre incluido.

Pico y tapa queda en Cantuarias 156, Miraflores.
Horario: Lunes a viernes de 8.30 a 23.30. Sábado de 10.00 a 1.30. 
Domingo de 11.00 a 17.00
Teléfono: 717-6033
Ticket promedio: S/.60.00
Estacionamiento: No. Pero hay muchas playas cerca.
Volvería: Sí, quiero volver a enfrentarme con el cachopo.