lunes, 16 de mayo de 2011

Huaca Pucllana (Se completa la trilogía)

¿Que tienen en común El Señorío de Sulco, El Rincón que no conoces y La Huaca Pucllana? ¿Podrá ser los precios prohibitivos de sus platos? No. ¿Podrá ser su calidad de representantes de la comida peruana? No. ¿Podrá ser que en los tres tuve los almuerzos más decepcionantes en la historia del blog? ¡Respuesta correcta! He aquí la reseña de mi visita a La Huaca Pucllana, un restaurante con buenos antecedentes pero que sólo me ofrecieron una alternativa común y corriente a precios exorbitantes. Ahora entiendo porque ví más comensales extranjeros que peruanos.

Comencé el almuerzo con un tokapu, cuatro piqueos elegidos a mi gusto y servidos en porciones personales. Me decepcioné con los espirales de yuca en huancaína a la antigua. Pregunta básica: Si la salsa estaba preparada a la antigua ¿por qué estaba licuada y no molida en batan? No discuto el buen sabor que tenía pero me siento incómodo cuando no cumplen lo que ofrecen en la carta. Su pulpito a la brasa con meuniere de ají y rocoto si me pareció soberbio. Muy buen punto de cocción, sabor ahumado y lo más importante, la textura del pulpo era bastante suave. La meuniere de rocoto no picaba mucho así que pueden ordenar esta entrada sin miedo.  El chicharrón de cuy sobre patacones de platano me reconcilió con esta peruanísima carne. Muy suave, la piel crocante y acompañado de una bien preparada zarza de hierbabuena. Sólo un pequeño detalle, servir rodajas fritas de plátano de la isla no es lo mismo que decir patacones. Yo he probado los originales y se caracterizan por una doble cocción que estos no tenían. Del cebiche de corvina no hay mucho que decir. A pesar que se notaba la frescura del pescado le faltó marinar porque no tenía sabor. 

El segundo plato fue un asado de tira angus braseado al vino tinto sobre polenta batida con queso y champignones. Mi punto de referencia es el ossubuco que probé en el Club de La Banca y Comercio y que me pareció uno de los platos mejor cocinados de mi vida. Lo que me sirvieron estaba a muchos kilómetros de distancia. No sentí en la carne ni en la salsa ese sabor que le da una cocción larga y consistente. Me recordó más a un estofado de diario. En cuanto a la polenta tampoco tenía nada de gusto y sí es que le echaron algo de queso pues ni se notó.

Luego probé los filetitos de trucha a la plancha, en mantequilla de huacatay con papitas nativas, rocoto y maní. Me decepcioné con las papitas nativas porque al final resultaron ser esas papas cocktail desabridas que se pueden encontrar en cualquier supermercado. En cuanto a la trucha aún recuerdo un episodio de mi infancia cuando mi papá volvió de un viaje con una canasta de truchas y fue la apoteosis del pescado frito. Pero en estos filetes no encontré nada de ese sabor natural. Si no hubiera sido por la mantequilla de huacatay creo que no tendría nada positivo que decir de este plato. 

Para terminar ordené una creme caramel de chocolate con espuma de chirimoya y crocante de naranja. Con este postre si acertaron porque era una combinación ideal de sabores: la fruta muy fresca y dulce con el chocolate ligeramente amargo. La creme caramel es la crema volteada tal cual, no es nada especial, pero cumplieron con darle esa textura porosa que siempre busco porque así se moja más con el caramelo. Al menos sirvió para cambiar el mal sabor de boca.

Me retiré fastidiado porque este almuerzo había sido planeado con mucha anticipación. No sólo fueron las inconsistencias entre lo que decía la carta y lo que llegó a la mesa, también fue el hecho que se les escapen detalles tan importantes como la bandeja rota o el mantel deshilachado. Me dio la impresión que se han confiado en la clientela que tienen asegurada por la cantidad de turistas que visitan la huaca y que aprovecha tener a la mano un restaurante para probar nuestra comida. Noté también demasiado movimiento (gente en ropa de trabajo, mozos cargando cajas, música bulliciosa) en el jardín que tenía vista a la huaca porque estaban atendiendo un evento privado. Como que no fue un espectáculo muy agradable.

Sinceramente ya me siento cansado de incluir lugares de renombre en una lista negra, con el agravante que siempre son de comida peruana. ¿Alguien mencionó la palabra seguimiento? Pues yo le agregaría el adjetivo urgente. Antes que sea demasiado tarde.

La Huaca Pucllana está en calle General Borgoño cuadra 8, Miraflores.

Teléfono 445-4042

4 comentarios:

Gabriela dijo...

Solamente he ido a La Huaca una vez. Debut y despedida. Es mucho más pompa y nombre que real calidad. Al menos, eso me pareció.
Y esa vez también vi personas trabajando en el local, que me hicieron pensar que se preparaban para alguna recepción nocturna o algo así.
Luego de leer tu post, veo que esa mala impresión no fue solamente idea mía.

Renzo dijo...

Estimada Gabriela

Ahora sí me preocupo. Eso significa que se han dedicado a ese tipo de eventos dejando de lado lo más importante: la atención a la mesa.

Queda claro que no hay mucho que rescatar de la Huaca Pucllana.

Saludos

Cyrano dijo...

Justamente en mi anterior comentario me referí a la Huaca. Me da gusto coincidir contigo, Renzo. Lo que pedi fue una papa a la huancaina y me trajeron media mini papa amarilla adornada con un cuarto de huevo duro, dos hojas de lechuga y una pizca de perejil.
Es un verdadero atropello contra las expectativas del comensal (y de su bolsillo, de paso).

Renzo dijo...

Estimado Cyrano

Creo que La Huaca Pucllana pertenece a ese tipo de restaurantes que saben aprovechan su fama.

Por mi lado me encargo de advertir a los futuros comensales que vayan con expectativas bajas y con la billetera preparada.

Saludos