jueves, 6 de noviembre de 2014

New York II: El blogger en Chinatown

Algo me dice que estamos en Chinatown
Cuando uno llega a una ciudad tan grande, y el tiempo de permanencia es tan corto, a medida que transcurren las horas el optimismo se convierte en un lastre. El día se va oscureciendo, aumenta la afluencia de gente en las calles y las distancias parecen cada vez más grandes. Las ganas que uno siente de tomarse la foto para el recuerdo se van desvaneciendo y sólo se piensa regresar cuanto antes para tomar un duchazo y descansar a pierna suelta. De no ser por mis amigos hubiera terminado entrando a cualquier McDonalds's rendido de hambre y cansancio pero con su ayuda logré llegar a uno de los principales objetivos del viaje. 

Vista del salón
La primera señal que estaba en Chinatown fue cuando llegué a un parque y vi los letreros con ideogramas chinos. Inicialmente había imaginado encontrar ancianos practicando tai chi o jugando mah jong pero sólo vi mesas ocupadas por ciudadanos chinos fumando y jugando cartas animadamente. Aunque para mi consuelo más allá encontré un grupo de personas tocando música en instrumentos tradicionales. Conforme iba transitando por las calles me sentía emocionado de ver los restaurantes, las tiendas con productos chinos y los locales ofreciendo tratamientos de medicina tradicional. Sin embargo mi meta era llegar a Oriental Garden, un restaurante donde, según me habían informado, van los verdaderos conocedores. 

Lo primero que llama la atención de este local son las peceras ubicadas en la entrada. Una amiga me explicó que eso es común en los restaurantes de comida china donde si el cliente pide un plato con mariscos están obligados a enseñarle el insumo vivo antes de cocinarlo. Claro que el precio va acorde con el capricho pero si uno dispone de los medios ¿Por qué no darse el gusto? La decoración en tonos rojos con imágenes del dragón y el ave fénix (símbolos auspiciosos de buena ventura) me hizo recordar a unos de los chifas más conocidos de Lima y que hasta hace poco ocupaba los puestos de vanguardia en una prestigiosa lista. 

Degustación de Dim-Sum
Cuando pedí la carta me llamó la atención ver que era muy parecida a la que ofrecen en cualquier chifa de Lima. Las especialidades de la casa, platos ordenados por secciones de acuerdo al tipo de carne que contenían y los infaltables menús para varias personas. Sólo faltaba el letrerito de "todo menú sale con sopa o wantan frito". Mi intención era alejarme de los platos más comunes pero el mozo hablaba tan bien el inglés como yo el chino así que no logramos entendernos. Al final traté de hacer lo mejor posible guiándome por los nombre en inglés. Obvio que pedir un chi jau kay jubiera sido poco menos que una herejía pero al final la suerte se puso de mi lado. 

Comencé con la degustación de dim sum. Señores, es momento que sepan que existe algo más allá del wantán y del siu mai. Arriésguense a pedir bocadillos vegetarianos, con mariscos o mixtos, la experiencia siempre valdrá la pena. Mejor aún si no pierden de vista la textura de la pasta porque es la mejor señal que están hechos al momentos. La salsita de sillao con verduras le cayó muy bien, teniendo en cuenta la peruanísima manía de remojar toda en algún aderezo. 

Pulpo frito picante
Seguí con el famoso taco chino, plato que no es exclusivo de China sino que se prepara en toda Asia en diferentes versiones que se distinguen por la variedad de ingredientes utilizados en su preparación. Mi referencia más cercana es el que probé en casa de una amiga china donde le daban un infernal toque picante (Siempre me han gustado los sabores intensos) e incluía choclito de conserva. El que me trajeron era una mezcla de carne de pato y cerdo picada y sazonada con salsa de ostión. Básico, viene servido sobre una hoja de lechuga que aporta un toque de frescura y un agradable crocante. Está claro que el truco es prepararlo y comerlo de inmediato o el calor terminaría marchitando la lechuga.

Costillas de cerdo con piña y lychee
Para los fondos comencé con las costillas de cerdo con piña y lychee. Quizá las expectativas jugaron en contra de este plato porque se me antojó muy parecido a lo que se puede encontrar en cualquier chifa de Lima. Los chinos saben que la carne pegada al hueso es la más sabrosa y este plato es el mejor ejemplo. Trozos de costilla crocantes por fuera, jugosos por dentro. Si bien el lychee es una de mis frutas favoritas, el dulzor puede llegar a resultar empalagoso. Si quieren probar algo parecido (o mejor aún) pueden ordenar las costillitas a la miel del Four Seas International House. 

 No podía faltar un plato de mariscos y me decidí por el pulpo frito picante. Inicialmente pensé que sería una especie de cacerola pero lo que llegó a la mesa fue algo muy parecido al chicharrón de pulpo que sirven en una cebichería. Echenle la culpa a la mala traducción pero no trajo ninguna sorpresa. Peor aún del picante no había rastro y si hubiera tenido una de nuestras famosas cremas de rocoto el plato habría adquirido una nueva dimensión. Pasable. 

Lo Mein de carne
Ya me han enseñado que todo almuerzo de comida china debe terminar con un plato de fideos como signo de larga vida y como buen alumno aplicado ordené unos Lo Mein de carne. Nuevamente faltó la vuelta de tuerca que me justifique haber llegado tan lejos pero al menos la carne no tenía sabor a bicarbonato, recurso manido que se utiliza para ablandarla. Extrañé el sabor ahumado que le hubiera dado una pasada en wok pero al menos se alejan de esos fideos sancochados que suelen abundar en los chifas limeños. Para terminar nos trajeron de cortesía una porción de naranja fresca y jugosa para limpiar el paladar. La atención fue correcta y si bien no encontré puntos destacables (suficientemente complicado fue hacerle entender al mozo lo que deseaba ordenar de la carta) tampoco les criticaría nada. Me retiro del Oriental Garden con la satisfacción de haber comprobado que su estilo cantonés no tiene nada que envidiarle a lo que se puede encontrar en Lima. Las comparaciones son mezquinas pero ustedes ya saben que tengo mis chifas favoritos y tranquilamente podrían hacerle la competencia. Eso sí, me queda la pica de ver como ofrecían los productos vivos pero en nuestro caso hay regulaciones que impiden este tipo de actividades. 

Caserito, lleve su rico longan.
De todo modos Chinatown aún no quería dejar tranquilo al blogger y todavía me deparaban algunas sorpresas. Cuando me retiré ya había anochecido y por unos minutos sentí que estaba de vuelta en el Centro de Lima. Ambulantes, puestos de comida, incluso algunas personas me hablaron en chino aunque no tenía la menor idea de lo que buscaban (José luego me explicó que estaban ofreciéndome productos de dudosa calidad, actividad clandestina que está penada por la ley para ambas partes). No negaré que sentí algo de aprensión pero cuando vi el letrero de la estación del metro el alivio volvió a mi cuerpo. Las luces que anunciaban "Welcome to Chinatown" fueron lo último que vi (y veré) de este barrio. 

Oriental Garden queda en 14 Elizabeth Street New York.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

A mi me encantan los Dim Sum, puedo almorzar puros dim sum y ser la más feliz del mundo. En Lima también encuentras mucha variedad fuera del típico wantan frito (que nisiquiera clasifica como dim sum), el mejor sitio es salón de la felicidad pero hay que ir temprano (a eso de las 10am) y pedir la carta en chino que es completamente distinto a la que le dan a los peruanos jeje

Gonzalo Gil Lavedra dijo...

La fruta que se ve en la foto inferior no es longan es rambutan, saludos desde Tailandia.

Gabriela dijo...

Por un momento, te habrás sentido como en casa, con tanto desorden en las calles.