
Cuando viajo en plan ruta gastronómica el objetivo principal es buscar los mejores lugares para comer. Pero también existe un objetivo secundario: desconectarme de las preocupaciones mundanas que a veces invaden mi vida. Y en Arequipa existe el lugar perfecto para hacerlo. Sin timbres de Nextel, sin noticias escandalosas y sin el caótico tráfico limeño. Eso es lo que ofrece el valle del Collca. Será difícil expresar en palabras todo lo que pude experimentar así que me limitaré a escribir una breve reseña con algunos tips para que su viaje sea placentero.
Primer consejo, compren pastillas de coramina si no tienen resistencia a la altura. Si bien en el camino les darán hojas de coca para mascar nunca está demás un medicamento recetado. Segundo consejo, no se olviden del bloqueador y los lentes oscuros porque el sol no perdona. Lo del calentamiento global es en serio. Tercer consejo, lleven cámara digital con una tarjeta de máxima capacidad y el cargador de la batería. El viaje comenzará muy temprano en Arequipa. El transporte los recogerá temprano en el hotel y tomarán la carretera con destino a Chivay.
El trayecto incluye varias paradas, ideales para tomar fotografías de recuerdos. Si le gustan los animales tienen las vicuñas, aunque deben ser rápidos porque son bastante ariscas y huyen cuando ven extraños. Si gustan de los paisajes tiene el mirador de los Andes (al menos hasta que el calentamiento global no los desaparezca). Lo mejor del recorrido es bajar del carro y escuchar la naturaleza: sólo el viento susurrando a 3,000 metros de altura. Dudo que exista un lugar mejor para estar en paz.