domingo, 12 de febrero de 2017

La Locanda (Steakhouse a la orden)

Canastilla de panes
¿Cuánto tiempo ha pasado desde mi última visita a La Locanda? Estuve en mi cumpleaños, luego para un intercambio de regalos y ya me enteré que hay una nueva presencia liderando el equipo de cocina. Lo más lógico sería estar de vuelta para conocer las novedades de la carta. Sin embargo, me informaron que aún debo esperar unas semanas para ver los cambios.

Pero como es mi restaurante favorito y siempre hacen lo imposible para sorprenderme me informaron que estaban en pleno festival de carnes Certified Angus Beef. Por fin llegó la ocasión de poner a prueba la habilidad del equipo de cocina en el manejo de las carnes, sin descontar el mejor servicio que puede brindar un hotel cinco estrellas. 

Colas de langosta
Tal como llevan haciendo desde mi primera visita, la aventura gastronómica empieza con la canastilla de panes. Hay nuevas variedades aunque siempre está la clásica focaccia. Confieso que es fácil dejarse llevar por la gula y pedir repetición (siempre acceden sin problema), sobre todo cuando se acompañan de mantequilla trufada y aceite de oliva Zuccardi. Les recomiendo mesura, hay que guardar espacio para el plato fuerte.

Empieza mi jornada con una cola de langosta a la parrilla. Acá no hay ciencia, la cocción del crustáceo no admite puntos medios, tiene que ser perfecta. Un toque de mantequilla y limón redondea la experiencia. Es un manjar que debe reservarse para ocasiones especiales y la acompañan de una ensalada fresca con aceite de oliva madurado y vinagreta de la casa. Un lujo. 

Asado de tira. Papas trufadas
Bife ancho. Variedad de sales.
Siguen los cortes de carne y aunque me interrogan respecto al punto de cocción yo le doy carta libre al chef para que el los saque de acuerdo a su criterio. Vamos con los años he abandonado el punto tres cuarto en favor de un corte más jugoso. Entraña, asado de tira y bife ancho son los cortes llegan jugosos a la mesa para disfrutar la carne en toda su extensión. La clave está en que ofrecen diversas sales para que uno juegue combinándolas con cada corte. Sal de Maras, provenzal con hierbas y la sal Montreal, con un toque de peperoncino, son las opciones que de acuerdo al gusto personal, pueden ordenar a la mesa.

Los acompañamientos merecen un párrafo aparte. Las papas fritas son un clásico de las parrillas pero las Swissôtel no sólo resultan increíblemente crocantes, además llevan un toque de parmesano y aceite de trufa. Mi niño interior me exige ver kétchup en la mesa pero lo callo de un grito. Como se nota que ya pasaron esos tiempo porque mis preferencias se inclinan ahora hacia los vegetales encurtidos cuyo sabor agrio le va muy bien a la carne. No se confíen porque tienen un sútil pero endiablado toque picante. Termina la jornada un correcto risotto de trufa negra. El arroz al punto y el sabor neutro, lo justo para integrarse con los jugos de la carne.

¿Hay espacio para el postre? Estaba más que satisfecho, pero en La Locanda no me dejarían ir tan fácilmente. El maitre trae una copita de helado de vainilla artesanal y ante mi sorpresa la rocía con vinagre balsámico madurado. Pruebo lleno de dudas una cucharadita y se produce una revolución en mi paladar, El helado de vainilla, catalizador nato, armoniza perfectamente con el aceto. Un café americano y  petit-fours son suficientes para que me retire feliz de la vida. Team Locanda, lo volvieron a hacer.

La Locanda del Swissôtel queda en Av. Santo Toribio 173, San Isidro.
Ticket promedio: Cortes de 450 gramos S/.95.00-S/.145.00 
T-Bone de 800 gramos S/.230.00
Teléfono: 421-4400
Estacionamiento: En el sótano del hotel.
Mi recomendación: De todas manera el asado de tira y la langosta. 

1 comentario:

Gabriela dijo...

¿Helado con vinagre? Jamás se me hubiera ocurrido.